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La cultura pasa por aquí
Trama & Texturas 2 Trama & Texturas

Los bibliotecarios sin Gutenberg

por Marcos Ros
Trama & Texturas nº 2, I 2007

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Desde su génesis en la década de los años 60 con fines militares, la red que devendría en Internet fue concebida como un medio para la transmisión de información descentralizada. Su posterior evolución, dentro ya de ámbitos académicos  y universitarios durante los años 70 y 80, reforzaría aún más esta misión a la par que se desarrollaban otros servicios como el email.  Finalmente, los nuevos planteamientos e implementaciones fomentarían la sencillez de su uso, pero fue la creación del concepto de la Web por Tim Berners-Lee lo que provocaría su popularización y apertura al gran público a principios de los 90. Hoy en día, la Red se ha conformado como un elemento vital en la comunicación entre las personas, instituciones y organizaciones; es probable que nos encontremos ante el medio de comunicación más barato, sencillo de utilizar y rápido, tanto en la recuperación de información como la creación de ésta, que el ser humano haya sido capaz de diseñar. Por ello, Internet es, por derecho propio, toda una revolución en muchos de los aspectos en las vidas de las personas que tienen acceso a ella, en la concepción de las relaciones sociales, la creación y desarrollo de nuevos modelos de negocio, el marketing de productos, transmisión de ideas y, fundamentalmente convirtiéndose en el tema que nos ocupe, en la conversión de los átomos en bits.
A mediados de los años 90, el investigador Nicholas Negroponte publica su libro El mundo digital que de forma magnífica introduce este concepto. Siguiendo su razonamiento y, para poner un ejemplo sencillo de la conversión de átomos en bits, podemos indicar que en la sociedad digital ya no mandamos cartas tradicionales, escritas con nuestro puño y letra, sino correos electrónicos; no enviamos postales, tendemos a enviar fotografías digitales de los lugares donde hemos pasado un tiempo de merecido descanso por este mismo medio o, debido al abaratamiento de los costes, a través de nuestro propio teléfono móvil. De este modo, comprobamos que estos dos simples cambios en nuestra forma de disfrutar nuestro ocio, y compartirlo con los demás, son tan sólo la punta de un iceberg inmenso, que cambia constantemente en sus formas y profundidad fagocitando muchos aspectos tradicionales de nuestras vidas.
Los cambios en la industria de la cultura y de la difusión de la ciencia
Hoy en día, la industria de la cultura se está enfrentando a un cambio revolucionario en cuanto a concepción y distribución de ideas. Por poner un ejemplo, anteriormente las compañías discográficas basaban su negocio en la distribución de CDs que un consumidor debía adquirir en una tienda. En realidad, lo que la industria vendía eran átomos, el soporte físico, pero lo que el consumidor realmente disfrutaba, desechando el libreto del CD, eran los bits que debía interpretar un aparato reproductor. Sin embargo, gracias a diversos factores, los consumidores se han acostumbrado a consumir bits obviando los átomos, disponer de ellos en cualquier momento y lugar, transportarlos de una forma sencilla y cómoda  - En algunos de los dispositivos de reproducción de MP3 actuales se pueden alcanzar almacenamientos de 10.000 canciones respecto a la media de 12 que disponía un solo CD - y, sobre todo, compartirlos con las demás personas sin ataduras.
De este modo, el anterior negocio de compra de soportes (CDs, DVDs, cintas de vídeo, papel...) se está transformando lentamente, pese a quien pese, en un negocio de compra de bits (Canciones y películas en formatos electrónicos) de forma decisiva e inevitable. Por supuesto que esta transición no se está produciendo de una forma sencilla y tranquila, mostrando los retos a los que las empresas de entretenimiento se enfrentan. Uno de los ejemplos de estas dificultades en el cambio y en la nueva gestión de un negocio multimedia en Internet es la falta de un sistema de gestión de derechos de autor (En inglés DRM, Digital Rights Management) universal y compatible entre los productores de software y hardware. Esto está derivando en que algunas compañías discográficas decidan vender sus canciones sin los denostados DRM para abrir el mercado y tratar de mejorar así las ventas.
En el caso de la industria editorial, los mayores cambios en el consumo y difusión se están produciendo en el ámbito de la literatura científica. De hecho, fueron los propios investigadores los que adoptaron de forma rápida el intercambio de información a través de Internet. Su objetivo consistía en adelantar los descubrimientos y los trabajos que estaban listos para ser publicados difundiéndolos previamente de una forma abierta y gratuita a través de los repositorios de los denominados pre-prints - Artículos científicos que aun no habiendo sido aprobados por el comité evaluador de una revista científica para su publicación, se ponen a disposición de la comunidad en la Red -. El éxito en la consulta de estos repositorios propició la creación de otros, variando algunos de sus objetivos y finalidades, que contenían trabajos que se publicaban en revistas científicas impresas o directamente la creación de revistas científicas de carácter abierto respetando los derechos de autoría intelectual a través de licencias tipo Creative Commons .
Las bibliotecas digitales y los libros electrónicos
En el ámbito librario, la adopción de la distribución de contenidos a través de Internet ha sido mucho más lenta. Al igual que en el caso de las publicaciones científicas, la creación de repositorios de obras literarias que no se encontrasen sujetas a derechos de propiedad intelectual se produjo relativamente rápido en cuanto Internet alcanzó las instituciones académicas. El proyecto pionero es el famoso Proyecto Gutenberg que inició su andadura en 1971 gracias a la idea de Michael Hart de crear un sitio web desde el que se pudiese acceder a las obras más importantes de la literatura cuyos derechos hubiesen prescrito. Actualmente, esta iniciativa cuenta con un fondo de unos 17.000 libros, la mayoría en inglés, que son transcritos por voluntarios y que pueden ser descargados gratuitamente en su página web  en formato texto.
A partir de esta iniciativa, y con la popularización al acceso de Internet por múltiples capas de la sociedad, se han puesto en marcha muchos proyectos de volcado de obras literarias y científicas que se encontrasen dentro de dominio público y libres de derechos. Algunos han sido promovidos por particulares, pero otros se han creado a través de fundaciones cuyo objetivo es la difusión de la cultura de una región o país. En el caso de España, el proyecto más relevante es la Biblioteca Virtual Cervantes iniciada en 1999 y auspiciada por el Banco Santander, la Universidad de Alicante y la Fundación Marcelino Botín que cuenta con un fondo de 23.500 obras de literatura clásica española e iberoamericana.
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