Será factible listar los "n" libros que más rotan y disponer realmente de aquellos que se venden más. Por fin una herramienta que nos seleccionará, entre los casi cuatrocientos mil títulos en catálogo, los quince mil que deben estar en nuestras estanterías; los quinientos para las mesas, los cien del escaparate y los veinticinco de compra por impulso para la zona de cajas.
¡Por fin en las librerías estarán los libros que se venden!
Tras una larga travesía, los libreros independientes dispondrán de herramientas a la altura de las grandes cadenas.
Naturalmente ese perfeccionamiento de la selección dejará fuera de la librería a una serie de libros: los de baja rotación. Parece que llegan tiempos complicados para el pequeño editor de fondo difícil.
No obstante, en ocasiones todas estas maravillosas posibilidades tienen su cruz, el anverso de la moneda. Imaginemos que en una localidad de 300.000 habitantes existe una librería general grande, independiente, y justo enfrente se le sitúa una librería igual de grande, pero propiedad de una cadena. Hasta hoy, las posibilidades de defensa de la librería independiente pasaban por:
a) Tener libros que la "cadena" no tiene.
b) Atender los pedidos de forma más rápida y eficaz que la cadena.
c) Factores de venta (atención al cliente, precio, marca, escaparatismo, circulación, actividades/animación, superficie, café/restaurante, catálogos, especialización, segmentación, web, redes sociales...)
Al buscar la eficiencia en el inventario, en buena medida nos hemos acercado al mismo criterio de compra y selección de una "cadena o gran superficie". Si dejamos a un lado factores de venta como precio, marca y atención al cliente... la diferencia estará por una parte en la superficie de venta, a más superficie más inventario, oferta y diversidad, y, por otra, la respuesta rápida y eficaz a los pedidos de tienda.
¿Qué ocurriría en un marco en el que únicamente existieran tres o cuatro distribuidores, situación que muchos libreros demandan como panacea, y en el que nuestro programa de gestión aconsejara trabajar únicamente los libros que se venden? ¿Qué ocurriría si el tan criticado y fragmentado canal de distribución se homogeneizara y quedara reducido a unos cuantos grandes grupos?
Pues la situación sería clara, las librerías dispondríamos de las mismas herramientas de compra que las "cadenas": misma diversidad de libros, misma rapidez en atender los pedidos, mismo precio... Y la diferencia se debería marcar en las herramientas de venta: marca, atención al cliente, promociones, capacidad financiera y volumen global o local de compra...
¿Qué tienen en común modelos de distribución minorista tan dispares como Amazon, Zara o Wall-Mart, entre otras? En sus inicios y primeras fases de desarrollo no tuvieron competencia o ésta era muy débil en sus áreas de actuación. Pudieron capitalizarse mientras desarrollaban su modelo de negocio muy próximo a la gente de su entorno. Amazon en el novedoso Internet y con los difíciles libros de fondo, Wall-Mart en las pequeñas localidades de las montañas de Arkansas y Zara en una mal comunicada Galicia.
Existe, pues, la posibilidad no de centrarse, pero sí de no descuidar la presencia de editoriales que representan nuestro signo de distinción, nuestra capacidad de diferencia con respecto a aquellos que eligieron el modelo de "vender sólo lo que se vende".
Si al optimizar nuestros sistemas de gestión nos convertimos en lo mismo que nuestra competencia, los lectores y compradores terminarán abandonándonos por las grandes cadenas.
Esta es posiblemente la realidad de las librerías independientes. Su suerte está unida a la de pequeños y medianos editores y distribuidores. La desaparición de cualquiera de los tres agentes pondría en una situación dramática a cualquiera de los otros dos.
Jesús Manuel Pinto Varela
Librería Jurídica Intercodex
Editorial Reus