Dicho esto, las
estrellas no escasean en la novela de Echenoz. Porque Felix Ferrer es, tanto o más que Lindon, un
fabricante feliz, que «se había creado una pequeña cantera de artistas» (JMV, 24): al lado de los 'jovencitos', entre los cuales sin duda puede contarse el propio autor
[ 20 ] , los artistas de prestigio de los que se ocupa Ferrer son, evidentemente, '
stars' (JMV, 118, 216). Podemos apostar a que bajo esta denominación se esconde otra alusión a la editorial de Jérôme Lindon: me refiero a la estrella de cinco puntas que adorna las portadas blancas de los libros publicados por Éditions de Minuit [Ediciones de Medianoche]. Aunque la alusión a la portada no se detiene ahí. Leemos que, de viaje, Ferrer inicia la lectura de «una obra dedicada a la escultura inuit» (JMV, 18). Echenoz escribe 'inuit', obsérvese bien, y no 'esquimal', que ya sabemos no es demasiado correcto, políticamente. La palabra aparece una sola vez en el texto, y el contexto libresco (una 'obra') en que la usa está lejos de ser arbitrario. Pues, en definitiva, lo más 'inaudito' [
inoui, en francés] no es sólo que la palabra 'inuit' sea la parte esencial e inmediatamente reconocible de la palabra 'Minuit'. Una 'Minuit' de la que ha saltado la letra 'M', la misma precisamente que figura en la cubierta, blanca como la nieve, de Éditions de Minuit, pegada a esa estrella, forzosamente polar, que la adorna. Una 'Minuit' mallarmeana, que se vuelve insignificante además durante este período del año, como el texto se dobla en dos para dárnoslo a entender. En la regiones árticas, en esta época del «verano boreal» (JMV, 55) nunca es noche cerrada: «el sol ya no se pone» (JMV, 64). «Nunca se hacía de noche» (JMV, 55). Si ya no hay medianoche, al editor sólo le queda morir.