También Juan Cruz cree que el nuevo mundo será muy similar al que se acaba de abandonar: «El periodismo va a ser siempre periodismo; cambian los modos y los tiempos, pero la escritura es siempre escritura, y el periodismo escrito, que es del que estoy hablando, obedecerá siempre a los parámetros que son sustanciales al periodismo de siempre: rigor, veracidad, profundidad, seriedad, capacidad de rectificación, respeto a las personas, preocupación por los valores que constituyen la esencia de la sociedad...».
Y similar impresión tiene el poeta y periodista radiofónico Javier Lostalé, quien asegura que, a pesar de todo, «la figura del periodista cultural va a seguir siendo necesaria. Seguirá haciendo falta alguien que lea e intérprete, que tenga un trato personal con autores y editores, que tenga ascendencia sobre los libreros, que esté unido a la vida del libro y que ofrezca una confianza que la información que circula por la Red no siempre brinda».
Rodríguez Lafuente se suma a esa opinión mayoritaria señalando que «la Red multiplicará la función de los periodistas culturales». Y es que Internet generará en el ámbito cultural «una transformación similar a lo que significaron las vanguardias de hace 100 años, en aquella época también polémicas, sorprendentes y provocativas. Si se leen los testimonios de escritores e intelectuales de aquel tiempo sobre el nacimiento del cine, uno se queda pasmado. Se decía de él que era un arte populachero y vulgar, y que no tendría ninguna influencia en las costumbres y valores de una sociedad».
La otra postura mayoritaria en el sector advierte, por el contrario, de la inminencia de una transformación radical, a la que deberemos nos inevitablemente Así, Nacho Fernández afirma que «el periodista cultural dejará de existir en cuanto los medios impresos de tinta desaparezcan. Los medios digitales se segmentarán y fraccionarán (porque el medio Internet lo permite) aún más. Estamos en el nacimiento del bis a bis informativo. Es lo que estamos haciendo con la sindicación de contenidos (RSS), tener nuestros informadores preferidos a la carta. El ejemplo lo tenemos en los blogs, gente muy preparada y capacitada informando verazmente, con calidad y de un modo diferente. Los medios digitales convencionales mutados cumplirán el papel del filtros de información, pero filtro no entendido como lo que pasa y lo que no pasa, sino como herramienta que ordena y jerarquiza la información para el lector».
Los nuevos modelos de periodismo cultural
Pero más allá de que nos encontremos ante una continuación mejorada de lo existente o ante una mutación radical de modelo, algo que llevará tiempo conocer, en lo que sí coinciden los expertos es en que habrá tres tipos de cambios seguros en el periodismo cultural:
a) Vamos hacia un mundo híbrido, en el que el término periodista cultural ya no tendrá un perfil bien definido. En primer lugar, porque lo que buscarán los medios será colaboradores con capital simbólico, independientemente de su profesión. Necesitarán prescriptores y éstos, como afirma Martín Gómez, «no tienen por qué ser periodistas. Ahora mismo tenemos a un Vila-Matas o un Goytisolo que pueden ayudar con su recomendación a que un libro se convierta en un fenómeno de ventas».
En segunda instancia están quienes aseguran que ese poder de prescripción, que nos pertenece a todos, se encuentra con mucha más frecuencia entre los miembros de las redes que en esos viejos expertos que dicen poseer un gusto superior. Así, Nacho Fernández asegura que «hay una legión de hombres y mujeres que dicen lo que quieren, sienten y les apetece, y otra muchedumbre de hombres y mujeres que leen, se identifican y valoran la opinión o la información que les proporciona un tipo en chándal en su casa. Además de ese 'crítico', conocen su gusto, el conocimiento que tiene de los temas que trata, cómo actualiza la información, con quién se relaciona, qué fuentes consulta, y además nadie le paga por hacerlo. Si el tipo que me da todo esto, además me identifico con él bien generacionalmente o por la forma de decir/escribir lo que piensa... sinceramente, para qué quiero una crítica o un periodista que me lo cuente. Quiero el yo digital, el yo de quien me fío, el que valoro como referencia (si luego es un crítico o un periodista especializado, mejor)».
b) La información primará por completo sobre la opinión y ni siquiera los suplementos culturales permanecerán al margen de esa tendencia. Guillermo Altares, director de 'Babelia', suplemento literario de El País, cree que lo que salvará a los periódicos de pago «será la capacidad del periodista de descubrir historias interesantes. Tenemos que ofrecer cosas que los demás no tengan». De lo que se trata es de competir con aquello que los demás no pueden dar y eso no puede ser la opinión, que vive momentos de inflación (todo el mundo tiene su blog), sino que las bazas a jugar serán las exclusivas, las entrevistas a los grandes creadores y los adelantos. Y las historias, sobre todo las historias: por eso, el periodista cultural tiene que dejar de serlo para convertirse en periodista sin más. Esto es, en alguien que sabe narrarnos lo que ocurre ahí fuera con una mirada fresca y atractiva».
c) Los nichos de mercado serán de gran importancia también para la información cultural. Como destaca Martín Gómez, los medios digitales que se concentran en pequeños nichos están ante una gran oportunidad, en la medida que «con un coste muy bajo se pueden producir contenidos que llegarán a un número limitado pero asiduo de lectores». Una tendencia que será muy útil al periodista cultural, como subrayan Jiménez y Gil, si sabe abrirse camino en esos pequeños entornos: «La hiperfragmentación de las audiencias puede ser una oportunidad para que el periodista cultural se recicle y trascienda el modelo de mercado de masas, propio de los suplementos en prensa escrita liderados por grupos mediáticos. Si logra adaptarse a estos nuevos nichos de mercado, preservando su independencia y utilizando las herramientas de la Web 2.0, el periodista cultural, mediante su bitácora, blog o portal, logrará visibilidad virtual y preservará su credibilidad ante los lectores. Estos periodistas deberán también entender que los nuevos modelos de comunicación han cambiado: de la linealidad a la circularidad. De pontificar en un suplemento de libros a interactuar con lectores y usuarios en redes circulares multiexponenciales en sus posibilidades de interacción».
Sin embargo, todas estas certidumbres que están modelando el presente del periodismo genéricamente considerado no dejan de tener sus inconvenientes, a menudo mucho mayores de lo que su formulación, atractiva y amable, deja entrever. En todo caso, son las pautas dominantes, aquellas a partir de las cuales se está intentando trazar el futuro del periodismo cultural.
Si es que lo hay...