Elaine Greene, su madrastra (también agente literaria), me contó que Greene era famoso (en sentido peyorativo) por su reserva. Un ejemplo. Una vez a la semana Graham y yo comíamos con tres colegas importantes en Bertorelli's, un restaurante italiano a cinco minutos andando de nuestras respectivas oficinas. Un día en el que Graham estaba ausente, al llegar a nuestra mesa habitual nos encontramos una botella de champán metida en hielo, con una tarjeta en la que se nos invitaba a brindar por Graham y su flamante segunda esposa. Por la tarjeta nos enteramos de que en el preciso instante en que llegáramos a Bertorelli's se estarían casando. Lo que más me irritó no fue que Graham se casara sin decirme una palabra, sino que fuera con una persona que yo no había visto en mi vida. A pesar de todo, trabajamos un cuarto de siglo en absoluta armonía, confiando ciegamente el uno en el otro, apoyándonos siempre y sin interferir en el trabajo del otro. Claro está, nos consultábamos algunas decisiones importantes, pero nada más. Graham tenía el cargo de director gerente y yo el de presidente, pero lo mismo podría haber sido al revés. Él se ocupaba de los intereses cotidianos del personal; yo del interés de nuestros autores.
La gente se mataba por colarse en la fiesta que celebrábamos todos los años, considerada con gran diferencia la fiesta literaria más divertida del año. No invitábamos a la prensa porque no era nuestra intención darle bombo. Cuando nos llamaba The Times, y ocurría con frecuencia, para enviar un fotógrafo, nuestra respuesta era «lo sentimos, pero no». Invitábamos a la gente que nos gustaba (autores y algunos agentes literarios) y sólo a ellos. Era una fiesta con una cualidad especial, difícil de definir, que se debía sobre todo a los invitados, aunque yo creo que algo hacía la comida, que era «de verdad», no de catering. Siempre se celebraba a principios de diciembre, y más de un autor me preguntaba ya en octubre por la fecha exacta para estar seguro de no perdérsela.
Extracto del libro Editor, de reciente aparición en Trama editorial
Traducción de Pepa Linares de la Puerta