Pondré un par de ejemplos: ¿han escuchado las trompas Banda-Linda de la República Centroafricana? Yo las grabé por primera vez en 1971 y André Gide las había oído ya en 1928 -habla de ellas en un libro-. Pero lo verdaderamente increíble es que en el diario de a bordo de Vasco de Gama, cuando dobla el Cabo de Buena Esperanza en 1497, se pueden leer las palabras de un marino que ofrece una descripción de los nativos que acudieron a recibir el barco -y hablamos del Cabo de Buena Esperanza, es decir, del extremo sur de África, a unos 3.500 km de donde yo estuve trabajando en mis grabaciones-, y de la música que tocaban: la descripción es de tal precisión que no hace falta escucharla para tener total certeza de que se trata de la misma música que yo grabé en 1971. Esta hipótesis ha quedado corroborada por testimonios posteriores de misioneros de los siglos XVII, XVIII y XIX, recogidos en Uganda, en Kenia, o en la República Democrática del Congo (el antiguo Zaire). En definitiva, tenemos pruebas de que esta música existe por lo menos desde hace 500 años, pero para que hace 500 años tuviera presencia en tantos lugares y tan distantes, debemos suponer que existe desde mucho tiempo antes. Yo hablaría de miles de años, aunque, por supuesto, es sólo una estimación.
Y todo ello sin contacto con Occidente...
En efecto. En Occidente no hay ningún ejemplo de la utilización del hoquetus como principio constitutivo. Sólo aparece en algunas ocasiones y siempre como un juego: es el caso de Machaut o Dufay, donde su empleo es siempre ocasional, y se limita únicamente a una pequeña secuencia en el interior de la composición.
¿Qué valor añadido cree que tiene un concierto como el de esta noche, que pone de relieve la relación entre las músicas de un compositor occidental, Ligeti, y una música de tradición oral como la de los wagogo de Tanzania?
En primer lugar, un concierto como éste tiene la virtud de dar a conocer estas músicas, ya que incluso para el público culto de Occidente, que conoce bien la música contemporánea incluyendo a Ligeti, las músicas tradicionales de otros países son prácticamente desconocidas. En segundo lugar, este tipo de conciertos puede enseñarnos -a los melómanos y también a los propios compositores-, formas diferentes de hacer música, es decir, de utilizar técnicas y procedimientos a menudo originales e inéditos para nosotros, como sucede con buena parte de las técnicas de los wagogo y de otras muchas poblaciones africanas, cuyas estructuras rítmicas muestran una complejidad y un refinamiento extremos.
¿Cree que el estudio de la etnomusicología puede arrojar luz sobre la existencia de eventuales factores de organización musical universales, válidos para todas las culturas?
En general, prefiero no hablar de universales propiamente dichos, ya que no creo que existan o, si existen, diría que hay muy pocos y, probablemente, son banales o poco significativos. En cambio, sí se puede hablar de, por así decirlo, "universales relativos", especificidades musicales propias de las distintas regiones del mundo, que aparecen cuando se comparan las distintas áreas geoculturales. Se trataría, pues, de universales en el seno de un determinado marco. Esta diversidad presente entre las distintas regiones es enormemente enriquecedora.
Podríamos dividir el mundo musical en dos partes, por ejemplo, separando las músicas mensuradas de las no mensuradas y, dado que la mayoría de las poblaciones poseen los dos tipos de músicas, podríamos considerar esta característica como un universal si no fuera porque no se puede asegurar que esto sea rigurosamente así en todas partes. Otra división binaria del mundo musical podría establecerse entre músicas monódicas o polifónicas. Cuando son monódicas, suelen estar basadas en escalas modales o modos, pudiéndose decir que el modo es un universal; pero el caso es que existen diversos tipos de modos, como los raga indios, las escalas modales y las escalas pentatónicas de África (que es una manera de entender el modo), o los modos georgianos de las músicas del Cáucaso, etc. Ahora bien, si nos centramos en las regiones en las que reina la polifonía, nos encontramos igualmente con una gran diversidad en cuanto a las técnicas plurivocales: el canto sobre un bordón, el canto por intervalos paralelos (necesariamente homorítmico, es decir, donde todas las partes evolucionan conservando la misma articulación rítmica); el hoquetus, del que ya he hablado antes y que es muy frecuente en África, la superposición de ostinati y, finalmente, las técnicas más complejas como son la imitación, ya sea en forma de canon o fugatto, o el verdadero contrapunto, como el que encontramos, por ejemplo, entre los pigmeos de África. Además, deberíamos considerar una categoría que se sitúa entre la monodia y la polifonía: la heterofonía, es decir, la ejecución de una misma idea o línea melódica presentada simultáneamente en diferentes voces aunque de distinta manera, ya sea mediante la participación de varias personas o de una sola persona que se acompaña de un instrumento. En este último caso, el instrumento sobre el que se apoya el canto realiza variaciones y ornamentaciones de la misma melodía; y si digo que esta categoría se sitúa entre la monodia y la polifonía es porque no se trata de variaciones sistemáticas. Resumiendo, me parece más interesante destacar la diversidad que la universalidad.
Además de la música africana, ¿qué otras músicas poseen tesoros por descubrir y que puedan sorprender a Occidente?
Hoy día, y a diferencia de lo que sucedía hace unos cincuenta años, escuchamos una gran cantidad de músicas que antes se ignoraban. Conocemos la música clásica de la India, la música Gamelán de Indonesia, la música china, los diferentes tipos de música de Japón como el teatro Gagaku, las marionetas Bunraku, o el teatro Noh, etc. Poco a poco, este tipo de universos musicales comienza a formar parte de lo cotidiano -o casi cotidiano- de Occidente. En cambio, apenas conocemos a día de hoy las polifonías vocales de Georgia, que son absolutamente únicas, sobre todo por sus aspectos armónicos y cuya sistemática trato actualmente de descifrar junto con Polo Vallejo. También sería muy interesante conocer la riqueza de los ritmos de los Balcanes, esos ritmos asimétricos llamados aksak y que suelen presentar una gran complejidad. Otro mundo musical desconocido está integrado por algunas músicas populares de la India; pienso, por ejemplo, en Rajasthan, donde también se utilizan ragas melódicos aunque la estructura de la música es totalmente diferente a la música culta de la India, con la cual difiere tanto en los instrumentos que utiliza como en los tipos de canto o en su organización formal.