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Al son de la diversidad. Entrevista con Simha Arom

por Fabián Panisello y Polo Vallejo
Minerva nº 7, Primavera 2008

Número de páginas: 4
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Este aspecto que Ligeti percibió con gran claridad, podremos apreciarlo en el concierto que veremos esta noche, y concretamente en lo que hacen dos de las mujeres wagogo que van golpeando los tambores: su fórmula métrica está basada en un total de 6 unidades mínimas (subdivisiones de un pulso ternario) repartidas y alternadas de dos en dos entre ambas ejecutantes, mientras que las demás realizan proporciones del tipo 4x3, cuyo máximo común múltiplo global es, pues, siempre 12, una cifra que se obtiene a partir de fracciones que no son las mismas. Hay que tener en cuenta que este es un caso de polirritmia extremadamente simple para tratarse de una música africana, casi diría elemental, aunque no se trata de un repertorio complejo entre los wagogo. Pero existen otras situaciones en las que se dan períodos de 12 pulsaciones por un lado y 24 de otro, y, al mismo tiempo 18 de un lado y otras 18 del otro, de manera que se establece un nexo "x" entre los períodos hasta llegar al punto de enlace entre ellos. Entre los pigmeos Aka de la República Centroafricana, por ejemplo, se dan casos todavía más complejos en los que hay que alcanzar 72 valores mínimos para comenzar un nuevo macroperíodo; en este caso, aparecen toda clase de fraccionamientos de estos 72 valores: una fórmula del tipo tá-ta-ta / tá-ta-ta / tá-ta-ta / tá-ta-ta, es decir, 3-3-3-3 (4x3) y otra que completa 12 valores pero dividiendo asimétricamente la misma cifra en 7+5, es decir: 2-2-3 / 2-3 (tá-ta-tá-ta-tá-ta-ta / tá-ta-tá-ta-ta) y, sobre esta base, el canto se divide en períodos de 18+18 hasta sumar 72 antes de volver al punto de partida, y así sucesivamente.
En la música africana, a diferencia de la música medieval, en la que encontramos motetes isorrítmicos donde siempre queda un resto, un pequeño fragmento que uno no sabe dónde encajar, todo está perfecta y milimétricamente ajustado. Pero volvamos a la cuestión inicial: ¿qué es, pues, lo que fascinó a Ligeti? Lo que le impresionó fue el grado de ambigüedad que resulta cuando se producen estas superposiciones. Veamos dos ejemplos sencillos: tomemos dos períodos de 12 articulados en 7+5 y 7+5, y tomemos también el 24 resultante de multiplicar 12x2, pero subdividiéndolo en 11+13. Esta sutileza rítmica que consiste en dividir los períodos de manera asimétrica sigue un principio que yo mismo he descubierto y al que he llamado "imparidad" rítmica, es decir, al dividir 12 ó 24, el eje no se situará en la mitad, sino ligeramente desplazado: 12=7+5, 24=13+11, es decir, la mitad más uno de un lado y la mitad menos uno de otro.
Este principio rige la música africana a pesar de que muchos de sus compositores no sepan hacer estas cuentas o manejar estas cifras; podríamos decir que los músicos africanos son cartesianos sin saberlo, y éste es un punto fundamental. Ligeti dice al respecto: "lo que presenciamos en esta música es una maravillosa combinación de orden y desorden que, a su vez, se organiza para producir la sensación de un equilibrio de mayor rango". Es una apreciación muy acertada ya que solamente cobramos conciencia de este orden escuchando una pieza de manera global. He aquí, pues, uno de los aspectos de la música africana que cautivó a Ligeti. Recuerdo otra observación suya, que a mí me parece casi visionaria, referida al trabajo que yo desarrollé en África en torno a la creación musical, y que describió así: "la composición abre la puerta a una nueva forma de pensar la polifonía, una forma completamente diferente de concebir las estructuras métricas europeas, igual de rica que la tradición europea, o quizá más si consideramos la posibilidad de utilizar un pulso rápido como ‘denominador común' sobre el cual pueden superponerse, de manera polirrítmica, diversos patrones". Precisamente esto es lo que a mí, también como músico occidental, me ha dejado siempre tan fascinado.
Pues esa era justamente la pregunta que yo quería plantearle a continuación: ¿cómo llegó a sentir esa fascinación por la música africana y cómo comenzó y desarrolló su investigación?
En un primer momento, simplemente, me sentía intrigado. Al escuchar aquella música no entendía qué es lo que pasaba, ya que no se correspondía con lo que se aprendía en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París. Son músicas que resultan completamente ajenas e incomprensibles hasta que uno logra, digamos, entrar en ellas; pero, para entrar hace falta una clave, y en el caso de la música africana ésta no es otra que la pulsación. Lo vengo diciendo desde hace veinticinco años: el pulso es el comodín, la llave maestra que abre todas las puertas de la rítmica africana y sin la cual sería imposible orientarse ni entender cómo está concebida una polirritmia. Recuerdo que, tras esa mezcla de fascinación e incomprensión inicial, continué con mis estudios musicales y estudié historia de la música, que era un tema que me interesaba mucho -en especial la música medieval y la del Renacimiento-, y cuando nos hablaban del Ars Nova o el Ars subtilior y mirábamos las partituras, nos parecía que la complejidad era terrible, a pesar de que, en último término, todo aquello se basaba en un 2 contra 3 y, en poquísimos casos, en 3 contra 4.
Lo fascinante es que en África, donde no hay ningún aprendizaje similar, el 3 contra 4 es extremadamente común. Si toda la música occidental, con su polifonía, pudo desarrollarse de tal manera fue únicamente gracias a la notación depurada, mientras que en África han alcanzado esa forma de composición sin contar con nada semejante a la representación gráfica de la música. ¿Cómo es posible? No lo sé. Es un verdadero misterio, algo que ha ido cristalizando con el curso del tiempo y nadie sabe cuándo ni cómo ni quién inventó esas estructuras musicales que aparecen por doquier, desde Tanzania en el Este hasta Angola en el Oeste, pasando por Congo, y más hacia el norte en la República Centroafricana, Malí, Togo, Guinea, etc., prácticamente hasta el Sahara. Aunque no se sabe cuándo surge esta música todavía viva a día de hoy, la presencia de unos principios idénticos de organización temporal y rítmica por todo el continente hace suponer que el proceso de difusión -teniendo en cuenta los medios de comunicación rudimentarios- habrá llevado centenares de años o, más probablemente, millares de años.
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