www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Minerva 4 Minerva

El triunfo de la justicia poética. Entrevista con Antonio Gamoneda

por Amalia Iglesias
Minerva nº 4, 04 2007

Número de páginas: 6
imprimir

Apuntas bien. Efectivamente, lo que yo entiendo por símbolo -que no sé si es lo que, según una terminología más precisa, debe entenderse-, es un signo que se corresponde con un código de significación convenido, pactado previamente, que, de alguna manera, pertenece al lenguaje de la comunicación normal. La poesía, que es un lenguaje anormal, lleva también consigo símbolos. En este caso se trata de alcanzar el poder simbólico que, desde mi punto de vista, es de naturaleza poética. Pero con el símbolo ocurre algo muy curioso y es que, a veces, es símbolo de algo que se desconoce. Otra posibilidad -y esto coincide con la alusión a los elementos corporales y materiales, con la fisicidad que se mueve en mi poesía- es que el símbolo se simbolice únicamente a sí mismo. Puede parecer que esto no tiene sentido, pero yo pienso que sí. Si el poeta ha sabido realmente «controlar» el contexto poemático, ha dotado de poder simbólico al término lingüístico puro que designa una cosa, y es entonces cuando adquiere esa función, con independencia de que conozcamos o no lo que simboliza.
Aunque parezca también una paradoja, ¿podríamos hablar de una «mística de la materia»? Y si digo que parece paradójico es porque la mística tradicional tiene como objetivo desprenderse de la materia para llegar a lo espiritual. Usted está planteando la revelación de la palabra, pero cargando la materia de contenido espiritual, de revelación.
Me cuesta trabajo admitir la noción de mística referida a mi actitud que, en principio, parece ser de orden materialista. Pero, para entendernos, voy a admitirla en el siguiente sentido: entiendo que la presencia de los hechos físicos en la poesía es generada por, y a veces ella misma genera, una noción que diríamos «visionaria». La mística a la que tú te refieres está más en esa actitud, en ese comportamiento visionario del poeta en relación con los elementos que están de manera objetiva y física en la vida. Creo que es eso lo que lo acerca más a la esencialidad, aunque lo haga de una manera poco justificada. Para advertirlo hay que aproximarse a ese acercamiento en términos de adivinación. Espero que queramos decir lo mismo cuando hablo de «actitud visionaria» y de «mística», porque para un hombre agnóstico es peligroso introducir este tipo de nociones «trascendentes». Por eso me esfuerzo en buscar, aunque yo no sea capaz de explicar demasiado bien mi poesía ni la de los demás, una terminología que tenga menos aspiraciones trascendentes.
Digamos que la poesía tiene razones que la razón no entiende.
Naturalmente.
Es la suya una poesía apasionada y fervorosa. Creo que es en ese fervor y en esa pasión donde reside la fuerza de su palabra. Esa actitud apasionada, ¿es anterior a la palabra o viene impresa en el lenguaje, en el propio poema?, ¿de dónde nace?
Me gustaría hacer antes una aclaración. En principio, yo no tengo por qué ser existencialmente más apasionado que otro ser humano que, por ejemplo, no escriba poesía. Quiero decir que no se trata de una pasión especialmente singular, poéticamente tipificada, la que a mí puede poseerme. Lo que ocurre es que mi vocación de poeta me conduce a llevar esa pasión a otro lugar, que comporta también una pasión, que es la hoja en blanco. Y es en la hoja en blanco donde los hechos existenciales, donde las formas y los componentes, visibles o invisibles, de la realidad, tratan de incorporarse en un lenguaje, insisto, de naturaleza poética. Y en ese tránsito hay una pasión añadida. Pero yo no tengo por qué ser, en primer término y de manera vital, más apasionado que los seres humanos que están pasando en este momento por la calle.
Al leer sus poemas, a veces tengo la sensación de que más que una contemplación estática o extática hay un cierto movimiento interior que yo asocio con el ritmo del caminante, como si pensara los versos mientras camina. Sé que es usted un caminante y ello me recuerda a otros andarines como Walter Benjamin, Paul Celan o Robert Walser. ¿Qué relación tiene el ritmo de su escritura con ese caminar?
Algo debe de haber en este sentido. No solamente en los autores que has citado, sino también en uno al que todos hemos querido y seguimos queriendo mucho: Claudio Rodríguez. El ritmo de sus pasos se incorporaba de modo directo, según él manifestaba, a la rítmica de la palabra poética. Yo no tengo una noción tan clara y directa de esa asociación o «dependencia» de la rítmica poética en relación con la rítmica de los pasos. Pero sí sé una cosa: que en el hecho de caminar, sobre todo en soledad, se produce una circunstancia propicia para que, de alguna manera, se active el pensamiento poético. Tengo una anécdota que quizá pueda aclarar esto, o quizá pueda dejarlo más oscuro, no lo sé. Llevaba diez o doce años sin escribir; de manera ocasional, había escrito media docena de poemas. El caso es que estaba paseando por el Soto de Boñar, un lugar donde solía pasar algunas temporadas, y en esa circunstancia de andar, de repente (voy a utilizar una expresión un poco cabalística, pero que creo que puede servirnos) se me «aparecieron» unas palabras (realmente se me aparecieron) que decían: «el óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición». Ésa fue la primera línea de un libro que interrumpió un silencio de doce años, y esa «aparición», esa activación del pensamiento poético, se produjo caminando.
 
Hay otro ritmo que se me hace presente en la lectura de sus poemas, el ritmo del corazón, el fluir de un rumor en las venas. ¿Influye también ese ritmo interior en la entonación del verso?
Dentro de los componentes físicos que apuntan en mi escritura es frecuente la presencia de realidades orgánicas: el corazón, las venas, etc., pero no pienso que funcionen en el sentido de activación del pensamiento poético, tal y como decíamos antes al referirnos a los pasos. Pienso que pertenecen al componente físico, del que se nutre buena parte de mi pequeño universo poético: los datos orgánicos, la conciencia de la enfermedad, etc. Es cierto que presto una especial atención a estos elementos que, con frecuencia, se introducen en mi poesía, pero no creo que sean elementos activadores.
No es usted el prototipo de poeta ensimismado, aunque a veces se haya hecho referencia a un cierto hermetismo: en su obra hay un compromiso moral con la realidad, con los otros y con la existencia que se manifiesta a través de conceptos como conciencia, culpa, dignidad, denuncia, vergüenza... Hay una preocupación por el ser en el mundo pero que parece manifestarse en lo universal, no en lo particular.
Número de páginas: 6
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 1 de Agosto de 2008 19:05:08