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El triunfo de la justicia poética. Entrevista con Antonio Gamoneda

por Amalia Iglesias
Minerva nº 4, 04 2007

Número de páginas: 6
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Ni el silencio, ni la indiferencia, ni la escritura a contracorriente durante muchos años consiguieron acallar la voz de uno de los poetas más hondos y auténticos que ha dado nuestro idioma. Antonio Gamoneda ha sabido mantenerse fiel a la palabra poética sin escuchar las sirenas de las tendencias de moda ni plegarse a ningún discurso ni grupo dominante. Su independencia y su obra son un ejemplo de integridad, de honestidad con la palabra. Ahora, el tiempo hace justicia, llegan los premios: el Cervantes, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, la Medalla de Oro del CBA... Algo está cambiando, no todo está perdido, quien lea a Antonio Gamoneda puede comprobar que aún queda espacio para la poesía y quien lo lee lo sabe.
Es un placer para mí tener la oportunidad de conversar con usted sobre su poesía. Consciente de que hablar de poesía no es algo que le entusiasme, porque sé que lo que le gusta es escribir y no hablar sobre lo que escribe, le agradezco doblemente que me haya concedido este tiempo. Sé que está trabajando en la escritura de sus memorias y me gustaría que me contara por qué ha sentido la necesidad de emprender una escritura de este género cuando ya su poesía es un constante ejercicio de memoria que nos lleva a algunos nudos esenciales de su biografía.
Tu primera pregunta me coge muy en caliente, porque he grapado la que puede ser primera versión de mis memorias hace unos días. Efectivamente, la poesía es un arte de la memoria, pero la poesía se produce en la subjetividad y va hacia un lenguaje que no es propiamente informativo. En las memorias, se trata de trasladar a la escritura una situación, no me atrevo a decir objetiva, porque es quizá imposible, pero sí se intenta rehuir la conversión en pensamiento poético, porque las memorias siempre pretenden ser informativas, pretenden poner en sucesión y en un orden de significación los hechos de la vida.
¿Cómo se aproxima a esos hechos? ¿Hay una actitud diferente -me refiero a una disposición física en la manera de escribir- cuando trabaja con esos datos objetivos y cuando está buscando o esperando el poema?
Ciertamente en la escritura a la que estamos llamando «memorias» no recurro al poder simbólico al que, sin embargo, sí aspiro en la escritura poética. En las memorias no tiene que haber necesariamente imágenes. Las imágenes pertenecen a otro tipo de lenguaje, concretamente al lenguaje poético, sea cual sea el género en el que ese lenguaje poético se desenvuelva. En lo que a mí respecta, en las memorias se trata, como decía antes, de desnudar los hechos.
¿Trabaja usted con documentos de apoyo a esos hechos -agenda, notas...- o está todo registrado en su archivo interior, donde la memoria y el olvido se seleccionan no se sabe muy bien cómo?
Efectivamente, ese archivo interior en el que se trenzan la memoria y el olvido ha sido para mí el elemento suministrador de recuerdos más importante. He manejado algunos documentos, no muchos: correspondencia, fotografías, etc. También he tenido contacto con dos o tres personas relacionadas con mi infancia, período que abarcan estas memorias, que terminan el día en que cumplo catorce años. En ese momento tenía ya la edad suficiente para ser testigo del espacio vivencial y del contexto social y político en el que vivía y que entre mis cinco y mis catorce años coincide precisamente, no debemos olvidarlo, con el período de la Guerra y la Posguerra. Como decía antes, el archivo ha sido básicamente eso: un trenzado de recuerdos y olvidos en el que yo no era consciente de todos mis recuerdos. Había algunos que estaban en mí y en todo momento podía referirme a ellos, pero después se produjo un fenómeno -creo que el psicoanálisis lo llama «asociación libre»- que consiste en que, al referirme a un recuerdo y expandirlo en la escritura, fueron surgiendo otros. Igual que de una cesta de cerezas salen unas enredadas con otras, esos recuerdos trajeron consigo otros recuerdos que no sabía que tenía.
Precisamente Miguel Casado, uno de los estudiosos imprescindibles de su poesía, si no el más importante, destaca esa relevancia de lo autobiográfico que atraviesa toda su obra como una corriente subterránea. Él recalca el hecho de que no sea una autobiografía narrativa, ni consecutiva, ni referencial. Me gustaría ir ahora al territorio de sus poemas para saber cómo relaciona su obra con su biografía. ¿Quizás en los poemas ha habido más una labor de resta que de suma?
Sí. Es cierto que en la poesía hay referencias a mi propia vida y a las vidas de mi entorno, y a otras que no están en mi entorno pero sí en el mismo lenguaje, en el mismo planeta, en la misma edad... Pero en la escritura poética, como decía antes, no se trata tanto de dar información, sino de que algo que quizá estaba oculto, incluso para el propio poeta, se incorpore al pensamiento y, posteriormente, al lenguaje poético, o viceversa; no lo sé, porque no estoy muy seguro de cuál es el orden entre pensamiento y lenguaje en la creación poética. En cambio en la biografía que, al contrario que la poesía, no es revelación, creación o emanación de la vida, por decirlo de algún modo, la voluntad sí es informativa. Se trata de escapar a la subjetivación necesaria que la poesía lleva consigo para entrar en otro terreno.
Un tema del que ya ha hablado varias veces, pero al que es inevitable volver, porque es centro neurálgico de su poesía, es el peculiar funcionamiento de lo simbólico. Me gustaría ahora abordarlo desde una perspectiva determinada y hablar de cómo ciertas imágenes suyas -las manos, la luz, la enfermedad, lo amarillo, el silencio, las sábanas, los muros...- se cargan de contenido simbólico, y cómo ese efecto simbólico parece ir desplazándose en función del contexto, como si fueran símbolos en germinación constante. En estrecha relación con esto me interesa también el concepto de materialidad; estamos acostumbrados a que un símbolo nos remita a un concepto. En su poesía, en cambio, siempre está por el medio la corporeidad, lo material... como si el símbolo trajera la propia materia al poema.
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