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La cultura pasa por aquí

Minerva 11 Minerva

Uno y el universo

por Ernesto Sábato
Minerva nº 11, Primavera 2009

Número de páginas: 3
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En su visita al CBA el año 1997, el escritor argentino Ernesto Sábato nos dejó sus reflexiones acerca de la escritura, la política y el estado actual del mundo, que ahora recuperamos. El autor de Sobre héroes y tumba puso el acento sobre la dicotomía entre el arte y la actividad deshumanizadora de la ciencia, afirmando que lo único que puede salvar "este siglo atroz que va a terminar atrozmente es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social y al arte".
El arte de escribir poco
Siempre fui severo conmigo mismo. He tratado de evitar eso que podríamos llamar, en sentido un poco irónico, la literatura por la literatura, los juegos de palabras. De cualquier manera, hace tiempo que dejé de escribir. Fue en 1979, cuando quedé mal de la vista. Para entonces ya había publicado tres novelas, otras quedaron nonatas o fueron quemadas; desde chico fui medio incendiario, pirómano, me producía cierta satisfacción quemar todo. Cuando llegaron los problemas con la vista, como todas las cosas malas traen siempre su lado bueno, decidí que me iba a dedicar a la pintura, que fue siempre mi otra gran pasión. La pintura me ha ayudado a vivir más; la estoy viviendo con mucha alegría, hasta el punto de que acabo de cumplir ochenta y seis años y me siento muy fuerte y contento pintando. La pintura -aunque sea expresionista y tenga mucho que ver también con el inconsciente, como la mía- es más sana que la literatura, puedo asegurarlo porque he hecho las dos cosas. Recomiendo pintar a la gente que está muy cansada; hombres de negocios, por ejemplo: que dejen los negocios y se ocupen de vivir más años. Hay una alegría en el color, y el inconsciente es tan útil como el sueño. He hecho algunos retratos de grandes escritores, tres o cuatro: Dostoievsky, Kafka... El de Dostoievsky me satisface bastante porque se aprecia un poco la criminalidad que había en él.
De cualquier manera, volviendo a mi escritura, quedaron tres novelas y varios libros de ensayo que giran en torno a un solo problema: la deshumanización de la humanidad. Esta humanidad técnica y tecnócrata, el mundo con sus industrias y poluciones, trastornando los ríos y mares y las especies animales. La gente dice "vaya a tal parte, que se puede comer buen pejerrey", pero lo cierto es que no hay buen pejerrey en ninguna parte del mundo, están contaminando los mares con ácido sulfúrico, ácido nítrico, mercurio, plomo... Más bien habría que comer poco y tomar poco porque está todo arruinado, y desgraciadamente creo que es ya algo irreversible. Puede pensarse que peco de pesimismo, pero yo no lo creo. Lo cierto es que este mundo que ha deificado la técnica es terrible; quizá estemos a tiempo de parar el proceso, pero lo veo muy difícil.
He escrito desde chico y he escrito de grande para no morirme; es decir, creo que el arte es una gran ayuda para soportar muchas cosas crueles de la existencia, de uno mismo y de la humanidad en general. Mis libros son difíciles, duros, pero al mismo tiempo se encuentran sumergidos en una cierta atmósfera de optimismo. No es que deliberadamente me proponga ser optimista, creo que más bien el mundo actual es propenso al pesimismo e incluso al nihilismo, y son dos peculiaridades que no me gustan. Hay que luchar siempre contra viento y marea, y no dejarse arrastrar por el pesimismo.
Escribo lo indispensable, no creo en la cantidad. Creo que si un escritor no puede decir en uno, dos o tres libros todo lo que se refiere al bien y al mal, a la esperanza y a la desesperación, al destino de la humanidad, a los grandes problemas éticos y espirituales, no va a ganar nada escribiendo más y más libros como si fuesen papel moneda, depreciando el valor en oro de ese libro que podría ser único. Tenemos el ejemplo de los grandes escritores: lo que escribe Cervantes es El Quijote; lo demás son pequeñas obras que se hacen lateralmente. Dante escribió La Divina Comedia y punto. En latín escribe un tratado que se refiere a problemas teológicos, pero el libro que va a quedar, el que se va a leer siempre es La Divina Comedia, escrita en el buen romance, la lengua del pueblo. Me fascinan los escritores que han conseguido decir en un solo libro cosas importantes y decisivas. San Juan de la Cruz lo ha dicho todo en muy pocas páginas. En el caso de un poeta, se pueden decir en veinte páginas cosas memorables. La novela es diferente, pero tampoco hay que excederse y escribir mil páginas. En definitiva, no creo en la cantidad: me parece que hay pocas cosas que decir y que hay que decirlas con las palabras más escuetas y menos pretenciosas, al alcance de cualquier ser humano.
Antes del fin
Me levanto generalmente a las cinco de la mañana, a veces a las cuatro, veo amanecer, los árboles -vivo rodeado de árboles en una vieja quinta, y está lindo el amanecer-, todo ese tipo de cosas, los pájaros... Estoy tratando de terminar Antes del fin, que es algo así como una memoria, pero no en el sentido de "día tal: me levanté, hice tal cosa...". Hay escritores a los que les gusta hacerlo así, pero yo no pertenezco a esa raza, me aburren mucho esas cosas. El título se presta a varias interpretaciones. ¿Antes del fin de qué? De esta civilización, de la deshumanización del hombre. ¿Luchar para qué? No sabemos si es posible detener este proceso de avance hacia lo mecanizado, hacia lo deshumanizado. Desde luego, no creo que yo vaya a transformar el mundo, pero los libros se leen e influyen. Me da mucha alegría cuando voy por la calle y un hombre, una mujer o un muchacho me hablan sobre mis libros. Y las cartas que me escriben me han hecho meditar acerca de esta fantasía delirante y malévola que es el progreso, esos edificios cada vez más altos, cada vez más deshumanizados, que consiguen que la gente no se conozca entre sí. En palabras de Schopenhauer -que a su vez se basó en un razonamiento del gran filósofo italiano del siglo XVIII, Giambattista Vico- "hay épocas de la historia en que la reacción es progresista y el progreso es reaccionario". Es una gran frase, una gran verdad. Yo creo que en estos momentos es positivo ser reaccionario en el buen sentido de la palabra, no en el sentido de atrasado, o de enemigo de todo. Me estoy refiriendo a la necesidad de parar el progreso.
Antes del fin es y no es un texto autobiográfico: hay memorias, recuerdos, pero también sueños y momentos de gran soledad. Es un libro bastante raro. Hay, por ejemplo, cosas que escribo al levantarme -antes del amanecer-, muy nocturnas, inescrutables incluso para mí mismo, mientras que cuando sale el sol uno se empieza a poner un poco menos recóndito, la luz siempre sirve para algo. Pero también la oscuridad sirve, y de ahí la importancia de los sueños. Los sueños no mienten nunca; todos somos mentirosos de alguna manera durante el día, no solamente los escritores y los negociantes. En cambio, cuando se sueña se suelen decir grandes verdades.
Tiranías de la razón
Número de páginas: 3
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