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La cultura pasa por aquí
Exit Book, libros de arte y cultura visual 8 Exit Book, libros de arte y cultura visual

¡¡¡Rápido, rápido!!!

por Rosa Olivares
Exit Book, libros de arte y cultura visual nº 8, 1º Semestre 2008

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Acabamos el año con la noticia de que ya está en el mercado la solución a todos los males del mundo de la lectura: ha nacido Kindle, y nada más ponerlo a la venta Amazon, se han agotado las existencias. Y es que es un aparatito que te permite llevar a tus vacaciones tu biblioteca de cabecera. Estas son las noticias a toda página de los suplementos culturales de los periódicos que todavía dejan espacio para la cultura, ahora bien.... ¿Quién necesita llevarse 900 libros para leer en vacaciones, como aventuraban los titulares? ¿No sería mejor leer un libro de vez en cuando?
No nos importa que el formato sea el papel del libro tradicional, sean fotocopias o pantallas de ordenador. Estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Porque todo esto se anuncia como el fin de las librerías y el preludio final de los editores. Sólo parece ser un buen augurio para los escritores y sus agentes, que serán sobre todo agentes publicitarios a partir de ese momento. Bueno, no importa, mientras alguien lea, mientras alguien que no quiera batir el récord Guinness quiera llevarse 900 libros a alguna parte, nos parece bien. Lo que ya no nos parece bien es el colofón que se da a la gran nueva: como los jóvenes ya no leen libros, hay que darles la lectura de una forma rápida, sencilla, nueva, que el proceso sea fácil, que puedan leer sin complicarse demasiado. ¿Estamos hablando de lectura, de cultura, de conocimiento?
Se habla mucho de lo perniciosa que es la pérdida de ese borroso límite que existe entre el espectáculo y el arte, cuando las exposiciones se están convirtiendo en meros eventos sociales, acontecimientos mediáticos. De cómo artistas, comisarios e instituciones, están más pendientes de las cifras de visitantes o de los presupuestos económicos que del público real, que de la cultura real, que del conocimiento real, que de la real experiencia estética. Porque claro, si hay que dar la cultura en píldoras, y los únicos libros que se leen son los que tratan de hechos históricos manipulados y tergiversados para lucro de editores y autores con pocos escrúpulos y mucho beneficio, pues entonces no estamos hablando de lo mismo, no estamos hablando de cultura sino de negocio.
En un futuro inmediato podremos leer sin libros, no importa, lo que importa es el contenido de lo que ahora conocemos como libros, los textos, las palabras, las ideas. La duda es si habrá alguien que lea, alguien que no sólo cite a tal o cual autor, sino que, además, les lea. Sin duda, nuestros teóricos, nuestros lectores podrán dar los títulos de los libros esenciales, de los autores imprescindibles.... Pero, cuántas personas siguen leyendo todos estos libros que a continuación se reseñan (además, obviamente de nuestros colaboradores y de nuestros lectores... y alguno más, supongo, espero). Hace tiempo que son muchos los que prescinden de todos esos libros prescindibles. Hace mucho que nombres esenciales han pasado a ser referencias obvias, no por ellos más leídas. Envejecen en las estanterías, entre la admiración y el reconocimiento, pero cada vez más alejados del conocimiento, de la lectura.
El lema del hecho cultural parece ser "¡¡¡rápido, rápido!!!". Sin importar la calidad, los contenidos. Todo debe ser consumido inmediatamente y almacenado en esa dudosa "biblioteca de cabecera" que ya cada vez menos leen. Y no sólo pasa en el terreno de la alta cultura, de la investigación, de la erudición, sino que es un fenómeno que llega hasta la pura literatura, de narración, de poesía y, por supuesto, de ensayo. Todo debe de ser cada vez más digerible, más fácil, más cómodo, para que todo sea cada vez más fácil de olvidar, más ligero, más prescindible, más inocuo. Curiosamente, esta ampliación de la debilidad cultural casi a una condición para sobrevivir, coincide con el reforzamiento exagerado y mitómano de los derechos de los autores. Tal vez la idea sea que como cada vez son menos los que leen, a esos pocos menguantes se les va a exprimir hasta que finalmente desaparezcan. Y los primeros, por favor, los editores, y por supuesto, el librero, ese antiguo amigo de la familia que ha sido sustituido por un trabajador temporal que confunde Salinger con Winchester, y que piensa que Philip Roth es familia de Ariel Roth, porque, total, no a leído a ninguno de ellos.
No estamos en contra de la evolución. Muy al contrario, creemos que la cultura es esencial para una mejor evolución, para un cambio a mejor. Lo que tal vez no nos guste demasiado es la evolución con la que se nos amenaza, que avanza una situación tan ligera que casi se transparenta y deja ver una total carencia de sentido crítico, de falta de conocimiento, de pérdida del lenguaje. Un nivel cada vez más bajo en el que se iguala a la baja a cada vez más personas, dejando a los que leen como a una especie de tribu de marginados apestados que usan un vocabulario extraño y se ríen después de proferir frases extrañas entre ellos. Y ninguno, ninguno, se conoce a los personajes de la octava edición del Gran Hermano.
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