www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Lars, cultura y ciudad 10 Lars, cultura y ciudad

Refugios de las pasiones: los puertos en el cine

por Vicente J. Benet
Lars, cultura y ciudad nº 10, Invierno 2007

Número de páginas: 2
imprimir

Coherentemente con la ambición del mensaje, la puesta en escena del filme es enfática. No sólo recurrirá a una visión colosalista y monumental del puerto a través de las angulaciones de la cámara o la composición de los planos, sino que planteará una interpretación simbólica, figurándolo como una prisión, entrevisto en ocasiones entre cercas, barrotes o vallas. Particularmente interesante es el planteamiento de un espacio intermedio entre la arquitectura industrial y las máquinas. Se trata de la cabaña donde tienen su guarida los líderes mafiosos. Esta idea del extraño espacio marginal impostado en el puerto será recurrente en otros filmes, como veremos un poco más adelante con Le Quai des Brumes. Su valor simbólico no sólo radica en el contraste que produce su presencia en ese marco industrial y de grandes edificaciones, sino en que en ella se producirá el enfrentamiento entre el protagonista y el líder mafioso, el Gólgota de su camino a la redención. Limpiar esa madriguera de las amenazantes alimañas que lo habitan será esencial para construir el final de la película. Precisamente éste se basará en la elaboración de otro espacio, el lugar de trabajo donde se dirigen los estibadores liberados finalmente de la extorsión. Y este es un final ambiguo para una película tan solemne. Al fin y al cabo, los trabajadores liberados acaban por ser engullidos dócilmente por la oscuridad de la nave industrial en la que entran decididos. Un espacio que asume un rasgo inquietante, casi presentado como una gran boca molochiana que acaba por cerrarse a sus espaldas.
Ciudad portuaria de Ingmar Bergman (Hamnstad, 1948) no recurre a las angulaciones dramáticas, ni a una elaboración sofisticada del espacio del puerto. Más bien al contrario, es en los interiores y en las escenas intimistas donde Bergman saca el mejor partido a sus recursos dramatúrgicos y a la expresividad de los actores, mientras que en los exteriores predomina la contención y la distancia, aunque hay una innegable fascinación por la iconografía de las máquinas. Sin embargo, el puerto es el elemento que puntúa los pasos esenciales del drama para enmarcarlo en un contexto social: un intento de suicidio de una joven desesperada, el inicio de una historia amorosa con un marino desarraigado, un conflicto con un medio hostil expresado en los momentos de trabajo y, de nuevo, una redención final a partir del amor, dentro de una historia que adopta recursos convencionales del melodrama. En el trayecto de la pareja, el puerto es un punto de retorno permanente, un recurso en el que se desarrolla cada acto del drama. Y su función es la de rebajar los tonos más intimistas para dar un barniz documental a la historia, para llevarla más allá del subjetivismo atormentado del teatro de cámara. El puerto es mostrado, de este modo, como un recurso de contraste: un espacio puramente industrial, un lugar de trabajo alienante en el que Bergman opta por asumir un tono pseudo-documental que nos recuerda a soluciones estilísticas del neorrealismo tardío.
Otra película con una elaboración dramática importante del espacio portuario es Los muelles de Nueva York (The Docks of New York de Josef von Sternberg, 1928). De nuevo encontramos en la trama algunos motivos vistos anteriormente: el intento de suicidio, la imagen estilizada del puerto, los personajes desarraigados, la estructura melodramática a la hora de abordar los conflictos sociales y un cierto proceso de redención, en este caso partiendo de nuevo, como en la película de Bergman, a través del estereotipo de la mujer caída. La película también tiene un componente de pasiones desatadas en los espacios de prostíbulos que desarrollaremos más adelante. Pero en su elaboración formal presenta un rasgo particularmente interesante en el uso dramático del marco del puerto. Junto a los muelles, como palafitos erguidos sobre el agua, se encuentran las casas de los trabajadores, las prostitutas y los marineros. La novedad iconográfica planteada por Hans Dreier, autor de los decorados de este filme, es que nos ofrece un puerto habitado, en el que el hogar es parte del muelle y se prolonga hasta el agua y, en cierto modo, la vida en esos hogares se asimila a la vida en un barco. Así, junto a las puertas y ventanas, en los corredores y pequeños porches se acumulan jarcias, maromas y aros salvavidas. Por otro lado, el naturalismo y desnudez de los espacios se aleja de las iconografías sofisticadas art déco o de "streamline moderne" que comienzan a ponerse de moda en los filmes de Hollywood. [ 2 ] (Continúa)
Número de páginas: 2
imprimir

NOTAS
  • [ 2 ]

    Juan Antonio Ramírez: La arquitectura en el cine. Hollywood, la edad de oro. Barcelona, Hermann Blume, 1986, p. 264.


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 1 de Agosto de 2008 13:33:13