Un país como España sigue teniendo una media elevada de tipo meridional, con 2,9 personas por hogar. Pero atención: datos cualitativos señalan que eso está cambiando de forma acelerada. El número de hogares unipersonales ha aumentado en un 82% entre 1991 y 2001, con un inc reme nto particularmente acusado (209%) entre los jóvenes solteros, de 25 a 34 años, según los datos recabados por Teresa Jurado Guerrero en un artículo publicado por los Cuadernos de Información Económica en junio de 2006, y basados en cifras del INE. El número de hogares unipersonales españoles constituidos por personas entre 16 y 34 años ascendía a medio millón. Este inc reme nto, añade la investigadora, se debe al "retraso e incluso rechazo del emparejamiento entre los jóvenes y al aumento de las rupturas conyugales". Todo augura a España un futuro a la francesa: como de costumbre, nuestro país se suma tarde a una tendencia mundial, pero lo hace a toda pastilla y quemando etapas.
TRAYECTORIAS DE AUTONOMÍA
Ahí es donde se empieza a ver con claridad la amplitud del fenómeno iniciado por la generalización de lo que Kauffmann llama las "trayectorias de autonomía" de las mujeres. La revolución soltera empezó bajo formas diversas en el siglo XIX , y uno de esos puntos de partida fueron las miles de empleadas de los grandes almacenes parisinos que tenían prohibido casarse y aprendieron a vivir libres, dando la espalda a la mirada crítica y moralista de la sociedad puritana. Se perfiló con la feminización del trabajo en Francia durante la Primera Guerra Mundial y el agujero que dejaron las trincheras en el lado masculino de la pirámide de población francesa. El big bang se confirmó en los países escandinavos y nórdicos, cuando el Estado providencia asumió sin complejos, desde los años 1920 y 1930, la tarea de consolidar las bases de la soltería de las mujeres, al brindar ayudas sociales y subsidios a la madre como individuo, y no a la familia como unidad de base de la sociedad. Las revoluciones sexuales de los 50 y 60 hicieron el resto y dejaron el siglo XX a punto para la estocada final. Hoy, en París, hay más hogares de una sola persona adulta, con o sin niños, que los formados por parejas. En el Estado de Nueva York, más del 50% de los hogares son unipersonales, y la Gran Manzana vive el mismo fenómeno que París. Un estudio de la Caisse Nationale d'Allocations Familiales francesa (CNAF) detecta las premisas de esa misma evolución en países como Marruecos, Egipto, Senegal y Arabia Saudí, constatando, por el contrario, que las "trayectorias de autonomía" no han llegado ni a Pakistán ni a Afganistán. Vuelco demográfico: Kauffman prevé tensiones Norte-Sur en el terreno amoroso. En el Norte, cada vez más mujeres solteras, adineradas y eficaces avanzarán en la edad y parecerán inabordables a los hombres de su tierra, que seguirán la pista iniciada por los agricultores solterones franceses hace ahora 30 años y buscarán novia en los países del Sur. Al mismo tiempo, cada vez más hombres del Sur tendrán problemas para encontrar novia.
Series televisivas como Sexo en Nueva York o Ally McBeal han intentado retratar el vuelco, pero, como siempre, se han limitado a coronar la emergencia de una nueva figura estelar de la sociedad: la joven profesional, soltera, adinerada, que combina una agitada vida social, repleta de amigos, relaciones y amores, con una mentalidad introspectiva y ombligocéntrica, todo ello adornado por bonitos y selectos barrios residenciales, y la ausencia casi total de esos locos bajitos: los niños. Hasta el Foro de Davos se subió al carro al dedicar un seminario en enero pasado a The Single Economy para hablar de cacharros inútiles que se venden a solteros ricos.
Y ahí es donde llega a punto de caramelo el mundo de los negocios y se pregunta: ¿cuál es la diferencia entre un brillante single y un asqueroso solterón maloliente? Y la respuesta la formula la última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV): en España, algo más de 2.300 euros al año de renta disponible.
‘SOLTERONES PULGOSOS'
El asunto merece explicación. La ECV publicada por el INE y con datos de 2005 señala que, de media, la renta neta de un hogar español asciende a 22.418 euros por año, pero los ingresos medios por persona son sólo de 7.591 euros anuales, porque en una casa tradicional hay uno o dos adultos que ganan dinero y niños que inmovilizan esa renta en gastos fijos. Frente a esa demanda cautiva, emerge en la Encuesta de Condiciones de Vida el dato asesino: en un hogar unipersonal, el formado por nuestro single, la renta media es de 9.930 euros anuales. Es decir, que el soltero medio dispone de 2.339 euros más al año que el individuo residente en un hogar normal. ¡Bingo!
Si se escudriñan los datos sobre la renta disponible en el hogar unipersonal, se obtiene que ese promedio de 9.930 euros anuales que tanto interés despierta en el mundo del marketing y en cierto periodismo contaminado por el mismo, esconde una disparidad brutal, mucho más brutal que la de los hogares tradicionales, y especialmente en un país como España.De un lado, los singles de más de 65 años, es decir ancianos que viven solos, y cuya tasa de pobreza relativa se eleva al 47,3%, son contabilizados entre los hogares unipersonales. Casi uno de cada dos ancianos solitarios es un pobre, lo que los deja muy lejos de los 9.930 euros anuales ansiados por los directores de ventas. En ese mismo campo pobrético se cuentan también los adultos a la cabeza de un hogar monoparental con un hijo a cargo. La tasa de pobreza relativa en ese tipo de viviendas es del 36,9%; más de uno de cada tres vive pues por debajo del umbral de la pobreza, y por lo tanto tampoco tiene nada que ver con las simpáticas -y caras- veladas de solteras y solteros de Ally McBeal, o salidas a la tienda de sex toys de Sexo en Nueva York.
Así las cosas, si se descarta ese tipo de hogares de solterones pulgosos, pobretones y sin interés para el mundo del marketing, que lastran la media de 9.930 euros por persona en los hogares unipersonales, el nicho de mercado de los singles y los solos, los auténticos, empieza a cobrar su verdadero perfil: solteros, sí, pero activos, de nivel socioprofesional alto, de ingresos más altos aún y, sobre todo, eso sí, sin niños. Es mucho más que un bingo: se trata de una auténtica gallina de los huevos de oro. Vayamos a la Rue de La Roquette de París, en pleno barrio de La Bastilla. Cerca del cruce con la superunderground rue Keller, punto de encuentro entre el mundo de la bobocracia parisina y los bad boys de la banlieue, se encuentra uno de los lugares más neosolteros de nuestro querido planeta: el Monop'.