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FP, Foreign Policy edición española 22 FP, Foreign Policy edición española

La revolución de los singles

por Andrés Pérez
FP, Foreign Policy edición española nº 22, Agosto / Septiembre 2007

Número de páginas: 4
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Un nuevo segmento comercial ha emergido en la primera década del siglo XXI. Son ricos, felices y viven solos en pisos céntricos. Sin embargo, lo que la sociedad olvida -o silencia- es la otra cara de estos neosolteros: pobres sin interés para el marketing, divorciados, parados e ignorados por el mercado.
Hace unos años, una broma pesada corría en el mundo de los negocios a propósito del segmento de mercado entonces de moda, al descubrirse el envejecimiento de la pirámide de población: los llamados seniors. La broma rezaba así: "¿Cuál es la diferencia entre un viejo y un senior?". Y la respuesta, que se suponía debía dejar estupefacto al interlocutor de turno, antes de hacerle reír a carcajadas, decía así: "30.000 euros en la cuenta corriente. Si el viejo los tiene, es un senior; si no, no es más que un viejo". Este chiste tiene garantizado un próspero futuro con el nuevo segmento del mercado puesto de moda por la gente de los negocios en esta primera década del siglo XXI . Se trata de los llamados singles o, si prefiere, los neosolteros .
Porque, ¿cuál es la diferencia entre un solterón fracasado, que no encuentra pareja, desempleado, ignorado por todos, aislado y sin recursos en un barrio deprimido, y uno de esos estelares singles ,célibattants, solos y neosolteros tan en boga en las revistas de último grito, en las series de televisión de mayor éxito, categoría ascendente de nuestras sociedades, objeto de toda la luz de los proyectores del planeta? Obligado reconocer que la única diferencia es el poder adquisitivo. Poderoso caballero: ha hecho perder la brújula a los medios de comunicación, que desbordan ríos de tinta sobre un supuesto mundo de solos libres, felices y ricos, cuando todos los indicadores señalan que las tasas de pobreza son brutalmente elevadas en el mundo de los solteros.
El planeta vive una auténtica transición demográfica o, como osan decir algunos sociólogos y demógrafos, una revolución soltera . Los datos sobre este hipercomplejo fenómeno son taxativos y no permiten lugar a dudas: desde hace tres décadas, crece sin cesar el número de personas que optan por no vivir en pareja, a la fuerza o por gusto, sobre todo en los países del Norte, y en particular en los centros selectos de las ciudades más sofisticadas. Crecimiento espectacular y generalizado de la soltería que provoca un descenso de los emparejamientos y de la natalidad. Las estadísticas europeas más conocidas y globales, las del anuario Eurostat 2007, ofrecen una primera idea aproximada del asunto: en promedio y salvo escasos países de excepción, los europeos se casan cada vez menos y más tarde. La tasa de nupcialidad en la zona UE-15 había bajado de 5,2 bodas por mil habitantes en 1994 a 4,7 en 2004. Al mismo tiempo, los europeos se divorcian cada vez más y más frecuentemente (0,5 divorcios por mil habitantes en la UE-15 en 1960, frente a 2,1 en 2004).
La tasa de bodas baja, la de divorcios sube y, de la mano, el fenómeno de los ‘singles' llega a Europa
Y, colmo de los colmos, sea cual sea su estado civil, los europeos y las europeas viven cada vez menos con una única pareja estable a lo largo de su vida, y eso independientemente de que tengan hijos o no. Para rematar: en caso de que nuestro europeo medio soltero tenga efectivamente una pareja estable -la otrora célebre pareja de hecho- , tampoco es seguro que forme un hogar: cada vez son más elevadas las probabilidades de que opte por entrar en una nueva categoría de las estadísticas: los living apart together (LAT), enamorados que no comparten piso ni piensan compartirlo.
Big bang de soltería, pues. Ahí van cifras del censo de un país como Francia, cuyo modelo, a diferencia de los excesivamente precursores nórdicos o escandinavos, anticipa evoluciones que se dan también en España, donde hay seis millones de solteros entre 25 y 65 años. Entre los adultos residentes en Francia de más de 15 años de edad, un 39,9% de los hombres y un 32,8% de las mujeres estaban solteros en 2006, es decir un 10% más que en 1980.Al mismo tiempo, sólo uno de cada dos hombres y un 46% de las mujeres estaban casados el año pasado, frente a un 65% y un 60% respectivamente en 1980.
El boletín de octubre 2006 del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia (Insee) apostilla: "En 1982, un 83% de los hombres de 35 años de edad vivían en pareja; en 2005, representan sólo un 71%. En el caso de las mujeres, el descenso ha ido de 85% a 74%". En 1999, el mismo Insee contabilizaba en total casi ocho millones de hogares franceses compuestos por una sola persona adulta, independientemente de su estado civil. En 2005, según cifras manejadas por la empresa de estudios de mercado TNS Secodip, por primera vez desde que las estadísticas tienen memoria, el número de hogares unipersonales pasó por encima de los hogares compuestos por una pareja: 8,3 millones de hogares solos (con o sin niños) frente a 8,2 millones regentados por una pareja.
Si a los solos que viven en un hogar unipersonal se añaden aquellos que eligen vivir en pisos ompartidos, quienes optan por el nomadismo (por gusto o por obligación frente al precio de los alquileres), y los singles que se quedan en casa de sus padres (categoría bautizada feamente como el single parásito por la sociología japonesa), se alcanza la cifra de 14 millones de personas adultas solteronas en Francia, según estimaciones del sociólogo de la soltería por excelencia, Jean-Claude Kauffman, director de investigaciones de un laboratorio del CNRS francés, y autor de un best seller sociológico de principios del siglo XXI : La femme seule et le prince charmant (La mujer sola y el príncipe azul). El big bang de la soltería es un auténtico quebradero de cabeza para el mundillo de los expertos en estadística, porque hace saltar por los aires la validez de los indicadores tradicionales. ¿Cómo contabilizar a los living apart together , como pareja o como solteros? Para despejar esa espesa niebla, el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED, en sus siglas en francés) da primacía a un indicador: el "tamaño medio de los hogares", que indica el promedio de personas que viven en una misma casa. Si la cifra baja, eso indica que hay cada vez más hogares con una sola persona adulta, prueba irrefutable de un aumento de la soltería realmente existente. Y así es: había pasado en Francia de 2,89 en 1975 a 2,31 en 2005. Según Eurostat, en la UE-25 se situaba en 2,4 personas en 2005.
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