Con el fin de evitar que lo haga, los gobiernos pueden seguir usando sus servicios de espionaje para neutralizar las conspiraciones, y buscar la manera de mermar las fuentes de financiación de los grupos terroristas (a fin de cuentas, gastar entre cinco y diez millones de dólares en matar a 100.000 personas es un chollo sólo si tienes entre cinco y diez millones de dólares para soltar de entrada). Igualmente, pueden continuar con su guerra contra el terror , pero estas soluciones resultan anodinas. En realidad nadie sabe cuánto uranio altamente enriquecido hay en el mundo, o cuánto falta para que los grupos que no deberían tenerlo consigan reunir suficiente cantidad. La aterradora verdad es que los materiales fisibles, incluidos los que pueden emplearse como explosivos nucleares, son una mercancía con la que se comercia y que se transporta de un lugar a otro. Una de las consecuencias de la economía globalizada es que abundan las oportunidades para robar o sobornar a los guardianes nucleares.
En un momento en el que Estados canallas como Irán o Corea del Norte continúan enriqueciendo uranio, resulta aún más difícil controlar el destino de este material. Construir una bomba atómica sigue siendo una empresa cara y compleja que no está al alcance de casi ninguna organización, pero podría convertirse en una oportunidad irresistible para un grupo con recursos financieros que trate de asesinar en masa. Una organización con dinero que pretenda matar a varios cientos de miles de personas difícilmente podría encontrar un método más barato de conseguir sus objetivos que hacer explotar una pequeña bomba atómica. Esto es motivo suficiente para que nos tomemos en serio la amenaza. El hecho de que todavía no se haya producido un atentado nuclear no es razón para que nos consolemos pensando que no se producirá.
¿ALGO MAS?
Más de treinta años después de su publicación, The Curve of Binding Energy, de John McPhee (Farrar, Straus & Giroux, Nueva York, 1974), sigue constituyendo un testimonio imprescindible sobre información nuclear que acabó en malas manos. Nuclear Terrorism: The Ultimate Presentable Catastrophe, de Graham Allison (Times Books, Nueva York, 2004), ofrece consejos políticos útiles para evitar un desastre nuclear.
Para quienes tengan conocimientos técnicos,
Los Alamos Primer: The First Lectures on How to Build an Atomic Bomb constituye una excelente introducción a las tecnologías en las que se basa una bomba atómica (University of California Press, Berkeley, California, 1992). Por su parte,
Nuclear Theft: Risks and Safeguards , de Mason Willrich y Theodore Taylor (Ballinger Publishing Co., Cambridge, Massachussets, EE UU, 1974) sigue resultando importante para entender cómo puede protegerse la tecnología nuclear. Los debates en Internet sobre armamento, incluido uno en
www.impactguns.com , sugieren cómo un aficionado decidido puede reunir los elementos necesarios para hacer explotar un artefacto nuclear.
El blog
armscontrolwonk.com , creado y mantenido por Jeffrey Lewis, proporciona comentarios y análisis actualizados sobre los esfuerzos para evitar la difusión de tecnología nuclear. La novela
Gadget, escrita por Nicolas Freeling con asesoramiento de Peter Zimmerman (Coward, McCann & Geoghegan, Nueva York, 1977) permite aproximarse desde la ficción al fenómeno de las bombas caseras.