Sin llegar a proporcionar un plan para la construcción y detonación de un dispositivo atómico, veamos cuáles serían los costes que podría conllevar tal proyecto. Suponemos, para este artículo, que los terroristas construyen el artefacto nuclear en el interior de Estados Unidos, aunque las ventajas de trabajar dentro de un país científicamente desarrollado también se obtienen, en gran medida, en Europa, Asia y América Latina. Disponer de energía eléctrica fiable y limpia, así como de gas natural y de proveedores no es posible en Afganistán o en las áreas tribales de Pakistán. Además, obtener los componentes especiales necesarios para su fabricación podría resultar más difícil en el extranjero.
Por otro lado, atravesar fronteras nacionales con equipos de alta tecnología despierta todas las alarmas. E incluso en el caso de que lo lograsen, seguiría siendo necesario que algunos terroristas entrasen clandestinamente en EE UU para el ensamblaje, revisión final y colocación del aparato. Una red terrorista quizá preferiría construir la bomba en otro país para no arriesgarse a ser detenido en Estados Unidos (o Europa), pero a efectos de plantear nuestro caso hipotético elegimos un escenario que, al eliminar los riesgos de pasar el artefacto por la frontera, presenta menos incertidumbres para los terroristas.
¿Qué tipo de artefacto nuclear podría plantearse construir una organización terrorista? Hay bombas que pueden generar estallidos enormes, pero resultan complicadas de fabricar. Otras, en cambio, aunque producen explosiones de menores dimensiones, resultan más sencillas de construir. Con el fin de no publicar nada que pueda facilitar el trabajo a los terroristas, se ha elegido para este artículo un modelo de artefacto rudimentario, pero bastante conocido y fácil de conseguir en Internet, que es similar a la bomba atómica que EE UU lanzó sobre Hiroshima.
Consiste en un bloque cilíndrico de uranio altamente enriquecido contra el que se dispara una bala hecha del mismo material. Para ello los terroristas podrían utilizar el cañón de alguna pieza de artillería ligera sobrante, algo que se puede conseguir sin dificultad en el mercado internacional de armas o en Internet por mucho menos de 10.000 dólares. El bloque de uranio dispone de una cavidad para recibir el impacto de la bala y está fijado en la boca del cañón. La explosión de Hiroshima tuvo una potencia de 12,5 kilotones y mató instantáneamente a unas 100.000 personas.
¿Cuánta gente haría falta para construir una bomba atómica rudimentaria? En un informe sobre medidas preventivas contra la proliferación nuclear que realizó la Oficina de Evaluación Tecnológica del Gobierno de Estados Unidos en 1977, se estimaba que un equipo reducido que incluyese a una "persona capaz de buscar y comprender textos técnicos de diversos campos y un técnico multiusos" podría fabricar una con un coste que "podría ser bastante inferior a un millón de dólares". Teniendo en cuenta la inflación, eso sería hoy menos de tres millones de dólares.
Hemos decidido, para este artículo, que nuestro grupo de futuros constructores de bombas tenga el mismo número de integrantes que el que organizó los atentados del 11-S, es decir, 19 personas, que trabajarían en Estados Unidos durante un año. Calculamos que un equipo de tres personas, contratado por 200.000 dólares al año, e integrado por un físico de cierto nivel y dos estudiantes doctorados, sería capaz de tener listo el diseño en un plazo de entre tres y seis meses. Además de este grupo de físicos, el proyecto podría incluir otros pequeños equipos de ingeniería encargados de fundir el uranio, componer un disparador adecuado para la bala detonadora, reunir la masa supercrítica de uranio, supervisar el sistema electrónico y, por último, provocar la propia detonación.
La tarea más difícil, en muchos sentidos, sería fundir el uranio para darle la forma adecuada, ya que se trata de un metal con una temperatura de fusión elevada. El equipo de metalurgia debería incluir al menos una persona con experiencia en técnicas avanzadas de fundición. Probablemente se necesitaría un horno de vacío para reducir la contaminación por oxígeno y evitar que el uranio ardiese, y sería necesario practicar con uranio natural o algún sucedáneo antes de fundir el núcleo definitivo. El grupo podría localizar en Internet un horno de vacío que se ajustase a sus especificaciones, y probablemente adquirirlo por menos de 50.000 dólares.
El corazón de la bomba, el núcleo central que contiene el uranio altamente enriquecido, podría ser fabricado rápidamente. Cuando China construyó su primera bomba atómica en 1964, un sólo técnico, Yuan Gongfu, modeló en una noche el uranio altamente enriquecido usando un torno. Pueden encontrarse tornos nuevos o de segunda mano suficientemente grandes como para acabar de dar forma al núcleo de la bomba en Internet, incluso en eBay, por 10.000 dólares. Probablemente esta maquinaria es tan apta como la que usó Yuan hace más de cuarenta años. No haría falta contar con herramientas automáticas controladas por ordenador. El grupo de terroristas seguramente podría encontrar todos los equipos y aparatos comunes que les harían falta para montar su taller en el departamento de física de cualquier universidad. No se necesitan permisos especiales para comprar ninguna de las herramientas.
Los mecánicos también serían los encargados de diseñar y construir la estructura del artefacto y ensamblar todo el conjunto. Para ello harían falta al menos dos o tres personas capaces de efectuar tareas comunes de laboratorio, como soldaduras. Un miembro del equipo debería tener conocimientos de delineante y, a ser posible, de diseño por ordenador de formas complejas.
Los terroristas no necesitarían crear un mecanismo disparador específico para hacer explotar una bomba atómica. El equipo encargado del dispositivo de disparo probablemente estaría integrado por tres o cuatro personas, al menos una de ellas familiarizada con la balística interna de armas del calibre apropiado. Su misión principal sería encontrar una pieza de artillería sobrante del tamaño idóneo y construir un proyectil. Este tipo de cañones sin retroceso es fácil de conseguir en el mercado de excedentes militares de Estados Unidos y Canadá, si bien se requiere autorización para adquirirlos. Un aficionado no tendría dificultades en restaurar un cañón sin retroceso por sólo unos miles de dólares. Lo más probable es que los terroristas quisieran probar el arma usando un proyectil nuclear simulado, de modo que pudiesen comprobar su velocidad real. Debería ser suficiente con uno o dos disparos. La vida útil del cañón no sería un problema, ya que generalmente aguantan cientos de disparos sin necesidad de mantenimiento. Sería raro que tardaran más de seis meses en adaptar y probar un mecanismo de disparo fiable.
Por su parte, el equipo encargado del sistema electrónico incluiría probablemente a uno o dos técnicos dirigidos por un licenciado en ingeniería eléctrica o física experimental. Su misión principal sería diseñar el sistema de circuitos que carga y dispara el arma en el momento deseado, y evita que el artefacto explote accidentalmente. Además, este grupo tendría que adquirir, instalar y calibrar detectores de neutrones para comprobar el funcionamiento del dispositivo.