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FP, Foreign Policy edición española 18 FP, Foreign Policy edición española

Cómo fabricar una bomba atómica casera

por Peter Zimmerman y Jeffrey Lewis
FP, Foreign Policy edición española nº 18, Diciembre / Enero 2006

Número de páginas: 4
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Osama Bin Laden aún no ha logrado lanzar un ataque nuclear, pero no es porque no pueda. Con uranio enriquecido, algunos materiales militares disponibles en Internet y un pequeño grupo de terroristas, podría montar una bomba atómica en cuestión de meses. Y así es como ocurriría.
Unas 3.000 personas murieron hace cinco años cuando un grupo de terroristas estrelló cuatro aviones contra el World Trade Center de Nueva York, el Pentágono y un campo en Pennsylvania. Sin duda aquel ataque terrorista fue una tragedia horrible, pero podría haber sido aún mucho peor. Ocho años antes, unos lugartenientes de Osama Bin Laden se entrevistaron con un oficial del Ejército y ex ministro sudanés llamado Salah Abdel al Mobruk. A cambio de un millón y medio de dólares, este militar les ofreció uranio con un grado de enriquecimiento suficiente como para ser usado en armas nucleares. Les mostró un cilindro de casi un metro de longitud, y los emisarios de Al Qaeda aceptaron el trato, ya que a fin de cuentas, como dijo uno de ellos, "con uranio es fácil matar a más gente".
Al final resultó que el cilindro no servía para hacer una bomba. Pero si hubiera contenido uranio altamente enriquecido, y si los hombres de Bin Laden hubiesen conseguido usarlo para construir, transportar y hacer explotar un artefacto nuclear, la historia habría sido diferente: el 11-S se recordaría como el día en que murieron cientos de miles de personas.
El interés que desde hace tiempo viene mostrando Bin Laden en desarrollar armas atómicas es muy preocupante, y el intento de comprar uranio a los sudaneses no fue, ni mucho menos, un hecho aislado. Agentes de la base han intentado adquirir material nuclear en repetidas ocasiones. En agosto de 2001, un mes antes de los ataques del 11-S, el terrorista saudí recibió la visita de dos antiguos funcionarios del programa atómico paquistaní, y les pidió ayuda para reclutar a otros científicos de ese país con conocimientos y experiencia en la construcción de ese tipo de bombas. Tras la campaña militar para derrocar al régimen talibán en Afganistán, el Ejército de EE UU se incautó de abundante documentación en un piso franco de Al Qaeda en Kabul, entre la que encontró diseños rudimentarios de artefactos explosivos. En 2003 Bin Laden intentó que un clérigo radical saudí emitiese una fetua permitiendo el uso de armas de destrucción masiva, y afirmaba que su obtención era un "deber religioso". El pasado septiembre, sin ir más lejos, Al Qaeda lanzó un llamamiento exhortando a los científicos nucleares a unirse a su guerra contra Occidente. Siempre se ha dicho que los terroristas quieren que les observe mucha gente, no que muera mucha gente, pero los intentos de Bin Laden de comprar uranio altamente enriquecido demuestran que esto no siempre es cierto. Algunos de ellos sí quieren que perezcan muchas personas.
¿Podría Bin Laden, o cualquier otro terrorista, llevar a cabo un ataque nuclear? Algunos piensan que sería imposible, ya que creen, sin razón, que los terroristas carecen de motivación o capacidad suficiente para reunir las modernas y sofisticadas herramientas que harían falta para dicha tarea. Sin embargo, la mayoría de los observadores coinciden en que una bomba atómica es un dispositivo sencillo desde el punto de vista conceptual, que podría ser construido por un grupo pequeño. Al fin y al cabo, la tecnología necesaria para crearla tiene más de sesenta años de antigüedad. De hecho, es probable que sea más sencillo montar una bomba nuclear que desarrollar armas químicas o biológicas.
EL VALOR DE UNA BOMBA ATÓMICA
¿Estarían dispuestos los terroristas a construir armas nucleares? Es de suponer que algunas organizaciones violentas pretenden matar a tanta gente como sea posible al mínimo coste. Al igual que a cualquier empresa u organismo, a los grupos terroristas más sofisticados les preocupa el balance "coste-efectividad" de sus actividades, por truculentas que éstas sean. Atentados similares pueden ocasionar muy diferente número de víctimas según cuál sea el blanco. Por ejemplo, los explosivos que estallaron en el Hotel Marriot de Yakarta (Indonesia) en 2003 causaron pocas víctimas en comparación con la bomba del año anterior en Bali, a pesar de que se trataba de artefactos bastante parecidos. En todo caso, si analizamos los ataques en su conjunto, vemos que la relación entre costes y víctimas sigue una curva sencilla. El desembolso por baja sube a medida que aumenta la envergadura de los atentados, desde los relativamente baratos de Madrid -que costaron menos de 10.000 dólares (unos 8.000 euros), lo que significa alrededor de cuarenta euros por víctima- hasta los del 11-S, en los que los terroristas gastaron entre 400.000 y 500.000 dólares, es decir, unos 170 dólares por víctima.
Habrá quien alegue que al considerar los atentados en términos de relación coste-víctimas obviamos el hecho de que los grupos terroristas persiguen fines esencialmente políticos. Los datos sugieren que, en ocasiones, Al Qaeda está dispuesta a pagar un sobreprecio significativo por atacar blancos espectaculares y fuertemente protegidos, como embajadas o barcos de guerra que, aunque causan pocas víctimas, tienen gran trascendencia política. Por ejemplo, la agresión de octubre de 2002 contra el buque USS Cole en Yemen tuvo un gasto de 10.000 dólares, pero al causar 17 muertes, el coste por víctima se disparó hasta 590 dólares. Sin embargo, un atentado nuclear no acarrearía estos sobrecostes para los terroristas. En términos de gasto por víctima las armas atómicas son baratas y, además, pueden emplearse contra objetivos llamativos. A ello hay que añadir el enorme miedo que provoca un ataque nuclear, un fantasma que amenaza al mundo desde que Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima.
Desde un punto de vista estrictamente comercial, es probable que un ataque de este tipo les parezca rentable a los terroristas en términos de coste-efectividad. El terrorismo nuclear presenta un atractivo muy simple que podemos ilustrar con el siguiente caso hipotético: situamos una bomba atómica en una zona financiera llena de gente. Si la detonación falla, la explosión sólo tendrá una potencia equivalente a unas decenas de toneladas de TNT (trinitrotolueno, un explosivo muy potente). Pero, aun así, sus efectos podrían provocar la muerte de 10.000 personas en unas pocas horas, lo cual no sólo es el límite máximo al que puede aspirar un atentado terrorista convencional, sino que excede incluso al número total de víctimas que ha causado Al Qaeda a lo largo de toda su historia.
Y esto sería poniéndonos en el peor caso para los terroristas, porque si la detonación tuviera éxito la cifra de muertos sería 10 veces mayor. Teniendo en cuenta que el coste de la mayoría de los ataques de la red de Bin Laden viene situándose entre cien y trescientos dólares por víctima, construir un artefacto que matase a 100.000 personas por 10 millones de dólares (100 dólares por víctima) resultaría una ganga para un grupo terrorista. Y si la agresión nuclear costase cinco millones de dólares, el desembolso por víctima sería comparable al de las bombas de los trenes de Madrid. Así que, realmente ¿hasta qué punto sería difícil llevar a cabo un atentado de este tipo? ¿Qué tendría que hacer un grupo para construir un artefacto que matase a 100.000 personas por menos de diez millones de dólares?
PROYECTO TERROR
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