La connivencia europea con la corrupción africana ha conferido poder a quienes la practican. Al año de lanzarse la Iniciativa de Transparencia, los reformistas nigerianos la habían adoptado como modelo para la gestión de los ingresos del petróleo y, en la actualidad, tiene defensores en Angola. También podrían crear una política que exigiera a los bancos europeos que informaran de depósitos sospechosos y que ayudaran en la repatriación de dinero de origen dudoso. Hasta hoy, estas entidades han sido un refugio para estos ingresos ilegales. Las intervenciones de seguridad mejoran en ocasiones la gobernabilidad. Cuando el dictador togolés Gnassingbé Eyadema murió, su hijo se autoproclamó presidente. La Unión Africana insistió en que debían celebrarse elecciones, que el heredero orquestó debidamente y, como era de prever, ganó . Lo que se necesitaba era una rápida y breve intervención militar europea para supervisar unos comicios libres y justos. De hecho, Europa tiene la llamada Fuerza Rápida de Reacción para África. Pero no reaccionó en esa ocasión.
Ustedes tienen buenas razones para estar preocupados por el desarrollo africano. Aparte de la necesidad de asistencia humanitaria, si las desigualdades económicas continúan, la inmigración se acelerará hasta proporciones ingobernables. La política europea hacia África no ha sido muy eficaz. Se ha caracterizado por la beneficencia, motivada por la culpa y espoleada por el temor al neocolonialismo. Ambos continentes tendrán que volverse más realistas. No pueden permitir que los fantasmas del pasado pongan obstáculos a nuestros intereses comunes de cara al futuro.