Un estudio de la Brookings Institution asegura que el número de lectores
online de The New York Times sobrepasa con creces a los de la versión impresa
y, según Nielsen/NetRatings, uno de cada tres internautas estadounidenses
(29%, unos 44 millones de personas) leyó un periódico virtual en
marzo de 2005. El Estudio General de Medios (EGM) en España aseguró
que en 2004 la lectura de diarios electrónicos se incrementó en
un 183% desde 2001, frente a una subida total en la Red del 67%. También
la Web proporciona el acceso a miles de fuentes directas en todo el mundo, desde
la ONU hasta el Pentágono, a las que llegar antes de la época digital
era como atravesar un laberinto. "El futuro de los medios de comunicación
dependerá de si los propietarios de las empresas informativas que se dedican
a cubrir las necesidades de los ciudadanos en las sociedades democráticas
pueden encontrar un modelo económico que soporte al número de personas
necesarias para recoger, verificar y organizar la información en el futuro",
asegura desde Washington Bill Kovach, coautor junto a Tom Rosentiel del libro
de cabecera de miles de informadores, Elementos de periodismo (Ed. Aguilar, Madrid,
2003), y creador del proyecto journalism.org, que agrupa a periodistas de todo
el mundo preocupados por el futuro de la información veraz e independiente.
"Como Internet nació libre, todo esto va a ser una transición
difícil. La Red ha extendido la información de forma brutal y ha
dado voz a esos millones de personas que antes no la tenían, pero con la
democratización se ha producido un proceso muy extraño: ‘publica
primero y espera después la confirmación'. En otras palabras,
el mundo libre de la producción de información está lleno
de cotilleos, rumores, propaganda y opinión que se mezclan con hechos comprobados
de una forma que resulta imposible de discernir para el consumidor. Una base informativa
de este tipo no puede sustentar una opinión pública informada",
agrega Kovach.
Otro gurú de la comunicación, el columnista Dan Gillmor, uno de
los pioneros del movimiento blogger y autor de We the media (Nosotros los medios),
se muestra más optimista que Kovach. "Una parte del futuro del periodismo
será conversación. Hasta ahora, ha sido lectura, pero Internet nos
permite aprender y discutir las cosas juntos", asegura. " Los periodistas
pedirán más a sus lectores, espectadores y oyentes en el futuro.
Sabremos lo que saben y ellos nos ayudarán a hacer mejor periodismo y los
antiguos lectores comenzarán a hacer el suyo propio. El resultado es que
los medios se convertirán en un ámbito más complejo y confuso,
pero seguro que más rico". El periodismo está sufriendo la
transformación más radical que, sin embargo, muchos profesionales
clásicos no quieren ver. La mayoría de los grandes rotativos cuenta
ya con sus propios blogs (en muchos, como el británico The Guardian, escribe
incluso su director, que explica a los lectores las decisiones editoriales). Los
programas de las emisoras de radio se ofrecen cada vez más en formato mp3,
para que los oyentes puedan descargárselos cuando quieran en sus reproductores,
lo que permite crear una radio a medida, independientemente de lo que programen
sus productores: el podcasting. Los sistemas RSS (Really Simple Syndication) informan
de los cambios que se producen en las distintas páginas web sin necesidad de entrar repetidas
veces. Este fenómeno ya se conoce en EE UU como Daily Me (Mi diario).
Pero la verdadera revolución está en que todos estos avances tecnológicos
hacen realidad el periodismo participativo (como muestra, el digital surcoreano
OhmyNews, con 36.000 periodistas- ciudadanos que escriben unas doscientas
historias diarias). Otro ejemplo lo ofrece el último conflicto en que está
inmerso Estados Unidos. La guerra de Irak no está siendo la mejor cubierta
de la historia por los llamados "empotrados", sino por la proliferación
de blogs y de nuevos medios, tanto de los propios informadores, que no encuentran
espacio en sus empresas para contar sus historias, como de los soldados. Sin la
fotografía digital y la inmediatez del correo electrónico vía
satélite, no hubiesen existido las imágenes de Abu Ghraib (también
es verdad que tampoco se hubieran difundido las torturas sin el periodismo clásico
de 60 Minutes y sin las crónicasde Seymour Hersh para New Yorker).
Irak es el primer conflicto en el que miles de soldados estadounidenses tienen
la posibilidad de comunicarse con su familia y amigos, pero también con
el resto del mundo, a través de la Red y del teléfono móvil
sin posibilidad de censura previa. "El debate bloggers versus periodistas
ya no es relevante", asegura Rob Runnett, director de contenidos electrónicos
de la poderosa Asociación de Periódicos de EE UU (NAA, en sus siglas
en inglés). "Ambos están muy cerca cuando tratan información
política y en otros ámbitos. Pero en muchos casos las bitácoras
hablan de la vida cotidiana. Tratan temas jugosos y divertidos que no compiten
con el trabajo diario de los periodistas. Algunos observadores temen que la gente
recurra sólo a los bloggers para informarse. No creo que sea cierto. Nadie
ve sólo una cadena de televisión o lee una sola revista. La gente
quiere un bufé de opiniones y sabores, y la Web no es diferente".
YA NO TIENES UN ‘E-MAIL'
El crecimiento de los medios digitales ha traído y traerá consigo
un aumento de la publicidad, aunque su peor vertiente (el spam o co basura) puede
poner en peligro uno de los avances más utilizados hasta ahora y uno de
los más democráticos, ya que ha rebajado y simplificado hasta extremos
inauditos el coste de las comunicaciones: el correo electrónico.
Según el informe del Pew, en 2014 el correo electrónico, que por
entonces será inoperativo a causa de los gigabytes de spam, no existirá
como lo conocemos ahora y habrá sido reemplazado por comunicaciones en
directo a través de la Red entre dos personas. "En Corea del Sur
y en Japón, por ejemplo, los adolescentes ya no utilizan el e-mail, que,
para ellos, ha pasado a ser una forma de comunicación obsoleta, que sólo
se emplea con los abuelos", dice Julio Alonso, quien explica que en su empresa,
sin sede física y en la que trabajan unas cuarenta personas, todos se comunican
por telefonía instantánea, messenger, wikis, blogs y otras tecnologías
aún no muy conocidas.
Lo que está claro es que el despacho y las jornadas de 9.00 a 18.00 se
van a acabar. Aunque no hay todavía ningún estudio sobre la rentabilidad
de estas nuevas formas de trabajo, parece indudable que los empleados dedicarán
más horas a su tarea por el mismo salario y las empresas ahorrarán
costes. De momento, se calcula que sólo 10 millones de personas trabajan así
en el mundo, pero las nuevas generaciones de aparatos y la generalización
del Wi-Fi harán que cualquiera esté disponible las 24 horas, ya
sea en un café de Madrid, en un restaurante de Nueva York o en una playa
de Copacabana.
La división entre vida pública y vida privada pasará a la
historia o, al menos, eso auguran los más pesimistas. "Lo interesante
de estas cuestiones", explica Francis Pisani, "es que invitan a considerar
que una tecnología hoy esencial como el correo electrónico no es
algo con lo que podremos contar para siempre. Individuos y empresas tienen que
acostumbrarse a cambios mucho más frecuentes de lo que hemos conocido en
el pasado. Internet puede sufrir accidentes y retrocesos como Europa o la globalización,
por ejemplo. Esto es salir de la modernidad", agrega.