Unas instituciones económicas y políticas sólidas no sirven de nada si la gente no tiene la salud y la educación suficientes para disfrutarlas. Por eso luchamos contra el hambre y la malnutrición a través del programa Alimentos para la Paz, que pone donaciones en especie y ayuda alimentaria de emergencia al alcance de los países que sufren crisis de alimentos. Ayudamos a los países más pobres que invierten en sus propios habitantes, especialmente en educación. También intentamos contribuir al desarrollo empresarial mediante programas como la Iniciativa para la Libertad Digital, que ayuda a poner nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones a disposición de hombres de negocios y pequeñas empresas en los países más pobres. Estamos llevando a cabo proyectos piloto de desarrollo de tecnología de la información en Senegal, Indonesia, Perú y Jordania. Si el resultado de estos proyectos es el que esperamos, pretendemos incorporar, al menos, a 16 países más durante los próximos cuatro años.
Ante todo, creemos que el requisito previo fundamental para el desarrollo es la existencia de unos servicios básicos de salud e higiene y, para ello, lo principal es el agua potable. El aumento de la población y de la actividad económica en muchas zonas del mundo ha hecho que cada vez sea más difícil para millones de personas tener acceso a agua potable. Unicef calcula que cada día mueren 6.000 niños por enfermedades relacionadas con el agua -como la diarrea-, que son consecuencia de las malas condiciones higiénicas.
Nuestra Iniciativa de Agua para los Pobres, que ayuda a los países asociados a administrar mejor su suministro de agua y prevenir la contaminación de las preciadas existencias de agua potable, contribuirá a garantizar que cada persona, y en especial cada niño, pueda tener la perspectiva de un mundo en el que el mero hecho de beber un vaso de agua no sea un riesgo mortal. Nuestro capital inicial es de 970 millones de dólares y estamos intentando obtener una financiación mínima de
1.600 millones de dólares en todo el mundo para lograr este objetivo.
Estamos luchando contra la enfermedad en muchos otros frentes. Junto con el G-8 (los ocho países más industrializados más Rusia), estamos empeñados en erradicar la polio de manera definitiva.
El G-8, en colaboración con socios públicos y privados, se ha comprometido a aportar 3.480 millones de dólares para ello. Asimismo, estamos combatiendo la malaria y la tuberculosis resistente a los medicamentos. Y estamos decididos a mejorar el sistema público mundial de salud porque, como reveló la epidemia de SARS, las enfermedades infecciosas no respetan fronteras. Por encima de todo, luchamos contra la plaga del VIH/sida. El presidente Bush considera que la lucha contra esta pandemia es un deber moral, pero además ve los estragos que causa el VIH en el desarrollo. Sus víctimas no son sólo los que enferman, sino sociedades enteras cautivas de esta tragedia. El fondo de emergencia para el sida aprobado por el presidente va a dedicar 15.000 millones de dólares, a lo largo de cinco años, a prevenir nuevas infecciones, tratar a millones de personas ya infectadas y cuidar de los huérfanos causados por la enfermedad. Bajo el Gobierno del presidente Bush, Estados Unidos está invirtiendo casi el doble que todo el resto de los gobiernos donantes del mundo en la lucha contra el sida.
Tampoco en este aspecto se puede separar la lucha contra la enfermedad, como parte de nuestra estrategia de desarrollo, de sus dimensiones políticas y de seguridad. La lucha contra el sida no es sólo un problema médico, y el dinero no puede curar por sí solo. Es un problema con raíces sociales, y en algunos países sigue habiendo graves obstáculos políticos. Si fracasamos en esta prueba, nuestro mundo será menos seguro.
‘CONSERVADURISMO COMPASIVO'
Para que el desarrollo sea sostenible, debe ser un proceso que invierta y dé dividendos, que plante y coseche. Creemos firmemente en la administración sensata de los recursos naturales, tal como sugiere la relación entre "conservación" y "conservador".
Al fin y al cabo, fue un presidente republicano, Theodore Roosevelt, quien inventó, hace casi un siglo, el concepto moderno de conservación. Nadie debe extrañarse, pues, de que el primer Gobierno de George W. Bush haya puesto en marcha 17 grandes programas para promover el desarrollo sostenible. Por ejemplo, en 2002, durante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johanesburgo, presenté la Alianza para la Selva de la Cuenca del Congo. Este programa o iniciativa es una coalición de 13 gobiernos, tres organizaciones internacionales y 10 grupos de la sociedad civil que se han unido para proteger el segundo bosque tropical más grande del mundo.
Queremos protegerlo porque es hermoso e insustituible, pero también porque da de comer a millones de personas, puesto que es una fuente esencial de recursos naturales y turismo. En 2003, el presidente Bush presentó su iniciativa contra la tala ilegal de bosques en todo el mundo. Los furtivos que cortan árboles y venden la madera dañan el medio ambiente, el negocio maderero legal y a los consumidores, porque dificultan el uso razonable de unos recursos escasos. Estamos organizándonos y organizando a nuestros socios para acabar con esta forma de profanación y robo ambiental.
También en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de 2002, EE UU se adhirió a la Alianza Energética para la Aldea Global. Esta asociación con miembros públicos y privados comenzó con poco más de 70 entidades y, en la actualidad, abarca más de 300 gobiernos, organizaciones internacionales, grupos empresariales y representantes de la sociedad civil. Su objetivo es elaborar estrategias nacionales y regionales de energía que mantengan el equilibrio entre las necesidades de desarrollo y los recursos, y ya está empezando a producir resultados. En los seis primeros meses de 2004, USAID dedicó más de 11.600 millones de dólares a impulsar formas limpias, rentables y saludables de energía al alcance de más de medio millón de personas, en áreas a las que los actuales sistemas de suministro energético no llegaban o llegaban mal.
También tenemos que dosificar mejor los recursos marinos para mantener el desarrollo sostenible; para ello, la Casa Blanca ha ayudado a poner enmarcha la alianza White Water to Blue Water (De aguas blancas a aguas azules). Este proyecto ha empleado ya más de tres millones de dólares en crear o financiar más de un centenar de asociaciones para la gestión del ecosistema marino y costero en la zona del Caribe.
Vivimos en un mundo en el que actuar en beneficio de los demás redunda en el nuestro propio. Los principales objetivos ambientales, como asegurar la biodiversidad, afectan a toda la gente en todos los países. Por eso hemos compartido nuestra experiencia y nuestra tecnología, por eso hemos usado nuestra riqueza para ayudar a otros a crecer y desarrollarse. Porque, al ayudar a los demás, nos ayudamos a nosotros mismos.
UN MANDATO DE ESPERANZA
Nuestro objetivo es erradicar la pobreza. Bush posee una visión de cómo lograrlo: haciendo posible la expansión de sistemas políticos en los que haya igualdad de oportunidades y el respeto a la democracia y el Estado de Derecho dé a las personas libertad para utilizar sus aptitudes innatas con el fin de prosperar. Disponemos de una estrategia que ve la economía, la política y la seguridad como tres elementos de un mismo ente, una estrategia que combina métodos de crecimiento que funcionen con el desarrollo social y una gestión sensata del medio ambiente.