www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España

 >> arce.es


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí

FP. Foreign Policy edición española 32 FP. Foreign Policy edición española

¿Adiós a todo eso?

por Juan Varela
FP. Foreign Policy edición española nº 32, Abril / Mayo 2009

Número de páginas: 4
imprimir

Dicen que la era de los periódicos llega a su fin y que Internet ha matado al papel. Pero la crisis de la prensa escrita no es sólo una crisis de modelo industrial, sino de identidad, de su propia relación con los lectores. Deberá reinventarse si quiere sobrevivir en el siglo XXI.
El Rocky Mountain News no seguirá actualizando su web después de mañana. Twitter y Flickr incluidos. No habrá nadie aquí para hacerlo". Es la advertencia en el propio Twitter, un servicio de mensajes cortos, del fin del periodismo profesional con la muerte de un diario. El periódico cerró sus puertas en febrero agobiado por los males de la prensa. Se despidió con una edición especial -que aumentó la difusión- y una gran cobertura de su propio fallecimiento en su página y en los sitios más concurridos de la web 2.0. Su muerte fue seguida por internautas en todo el mundo.
En la misma situación están muchos diarios, y algunos esperan una suerte igual de nefasta. Los editores están tan preocupados por sus cuentas y el futuro de los diarios que sus grandes reuniones internacionales han sido canceladas o pospuestas. Sus valores en Bolsa caen hasta el 80%y los resultados se desploman, cuando no entran en pérdidas por el "hundimiento" de la publicidad, en palabras del director de El Mundo, Pedro J. Ramírez.
En países como España, los editores piden ayuda al Estado para salir de la crisis. Siguen el ejemplo de los Estados Generales de la prensa, convocados por el presidente francés Nicolas Sarkozy, empeñado en una renovación como la del general De Gaulle tras la II Guerra Mundial. Resultado: 600 millones de euros para salvar a la prensa francesa de la crisis. Un plan pagado por las operadoras de telecomunicaciones, grandes beneficiadas por la explosión digital y por los nuevos medios, que además aumenta la factura del contribuyente, que ya paga demasiado por la información, en precio, tiempo e impuestos, por mucho que el inicio del siglo XXI haya sido llamado "la era de la gratuidad de la información".
El estallido de la crisis económica ha reventado las costuras de la prensa, dañadas desde hace años por una revolución en la forma de producir, distribuir y comercializar la información provocada por Internet y la gratuidad. Los diarios pierden difusión y audiencia en todo el mundo menos en los países en desarrollo. Hace 20 años, más de dos terceras partes de los estadounidenses leían periódicos diariamente. Hoy sólo lo hacen menos de la mitad. En Gran Bretaña, los diarios de calidad pierden difusión a un ritmo de entre el 5% y el 18% anual. Pero el cambio es más profundo y afecta a la naturaleza de la propia información, a la capacidad de usarla y de producirla por el público, y supone una mudanza estructural del propio mercado de los contenidos: de la música a los diarios pasando por el cine y la televisión.
El papel se muere en tanto que medio de masas, y sus defensores, como Juan Luis Cebrián, ya reconocen que el fin de los diarios está cerca. "En cinco años, con toda seguridad existirán periódicos escritos. Dentro de 10, si se hacen las cosas precisas, a lo mejor, probablemente sí. En 15, no estoy seguro de que sigan existiendo tal y como los conocemos", reconoció el consejero delegado de Prisa ante la redacción de El País al anunciar una reestructuración para convertirse en "una empresa de producción de contenidos de calidad para papel, Internet y teléfonos móviles".
Es la venganza de la abundancia de información, provocada por la revolución digital y por los propios medios a la búsqueda de más mercado en nuevas plataformas. Es el fin de la era de los diarios. Probablemente seguirán existiendo, pero deben reinventarse si quieren mantener el negocio del periodismo profesional y cumplir con sumisión democrática de vigilantes del poder. El problema no es el papel, cuyos ingresos para los periódicos aún superan en más de 10 a 1 a sus ediciones digitales, sino el debilitamiento del periodismo, su pérdida de valor en la sociedad, y un cambio de paradigma o de ecología de la información a la que no se han adaptado ni el periodismo ni los medios. Todavía muchas cabeceras tienen más lectores en papel que en Internet, pero la brecha disminuye.
Entre los 18 y los 34 años los diarios dejan de ser un hábito para los lectores, volcados en sus ordenadores y en sus teléfonos móviles. Esos lectores aumentan su consumo de información en canales alternativos, como blogs, redes sociales y agregadores de información, que reúnen noticias de varias fuentes. Gran parte de los males de los diarios es que ya no son "una nación hablándose a sí misma", como los definió Arthur Miller. Ahora los ciudadanos hablan directamente entre ellos y tienen poderosas herramientas para el diálogo cívico y democrático que durante mucho tiempo retuvo en sus manos la prensa.
Gran parte de los males de los diarios es que ya no son "una nación hablándose a sí misma", como los definió Arthur Miller
En ese cambio social y de la información es en el que han fallado los medios informativos, no sólo los periódicos. El cuarto poder reúne para muchos ciudadanos los males y los vicios de los otros poderes. La prensa ha pasado a menudo de vigilante de la democracia a dueña y secuestradora del diálogo político. Sus columnas estrechan el espacio público en lugar de ampliarlo. O al menos así lo sienten muchos ciudadanos, que acuden a la liberación de la democracia extrema de Internet.
A la pérdida de la función democrática de la prensa se une el aumento de la capacidad de los ciudadanos para producir, distribuir e intercambiar información y contenidos, gracias a las herramientas de Internet y especialmente a la red social, la llamada web 2.0, y a sus instrumentos.
Como señaló Walter Lippmann, uno de los creadores intelectuales del periodismo moderno, "la calidad de las noticias en la sociedad es un índice de su organización social". Una gran parte del público acusa a los medios de perder calidad, de no participar en un auténtico diálogo cívico y democrático, de poner la opinión por encima de la información y de defender más sus intereses y los de los poderes con los que están ligados en lugar de ponerse del lado de los ciudadanos. El viejo adagio "más prensa, menos corrupción" ha mutado para hacer a los diarios reos de los vicios que históricamente denunciaban.
Las herramientas digitales permiten organizaciones sociales en red donde la autoridad de las instituciones, entre ellas los periódicos, se cuestiona y ya no es sólida. La conexión entre muchos rompe el modelo de la distribución de uno a muchos. Caen los medios de masas, y los ciudadanos se rebelan a veces con ira y acudiendo a otras fuentes.
Número de páginas: 4
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Lunes, 6 de Septiembre de 2010 06:23:29