El timo del comisario
por Rosa Olivares
Exit Express, Revista de Información y debate sobre arte actual nº 24, Diciembre / Enero 2006

Sarah Morris. Capital, 2000 |
Se habla mucho de la importancia que la figura del comisario tiene en el arte actual, y habría que especificar que hay comisarios de muchos tipos. Los hay que no conocen las obras más que por catálogo, los llamados "comisarios de oficina", los hay que no están en los montajes, también existen comisarios que hacen una o dos exposiciones al mes, o siete al año, no sabemos bien cómo; esos otros que igual comisarían arte actual, que pintura, que fotografía, que esto o aquello. De repente todo el mundo es comisario, profesores de universidad, asesores políticos, primos y cuñados, artistas, vetustos aficionados a la fotografía, un sinfín de voluntarios para ganar lo más posible con el menor esfuerzo exigido.
Hace un mes estuvimos, la prensa internacional, en la inauguración de la Bienal de Sevilla que contaba con un comisario (perdón, director artístico) de lujo: Okwui Enwezor, el director de la pasada Documenta. Nunca habíamos asistido a un desastre semejante, el día previo a la inauguración oficial no había ni un 30% de la obra colgada; pero el puro día de la inauguración no estaba ni el 50% de la exposición en pie, ni las cartelas de los autores en las paredes, algunas de las obras nunca se podrán exponer por no reunir condiciones el lugar... por supuesto el comisario dio una perfecta rueda de prensa hablando de las dificultades para que los artistas consigan sus visados y salgan de sus países... sin especificar qué artistas ni qué países. Me temo que es una excusa para desviar la atención. El señor Enwezor se ha aprendido muy bien su papel de negro triunfador en el país de las maravillas y cobra 90.000 euros por dirigir una bienal que se inaugura a finales de octubre dando la lista de artistas participantes en el mes de agosto. No se trata de que por motivos políticos los artistas no puedan salir, es que no les ha dado tiempo ni para pedir el visado, ni para hacer la obra. Como en la película Astérix en Egipto, en la que Cleopatra le da al arquitecto tres meses para construir en el desierto el palacio más impresionante de la historia. Pero aquí no hay Panorámix ni poción mágica que valga. Sólo quiero saber si se le van a pagar los 90.000 euros a pesar de no haber cumplido su trabajo, de haber hundido a una Bienal bienintencionada, tal vez imposible, pero bien dotada económicamente. Lo mismo que ya hizo con la Bienal de Johannesburgo hace tiempo. Pero los currículos internacionales no se hacen todos iguales, y así tenemos un nuevo timo, el del comisario, del que ya había variantes pero que en este caso alcanza categoría de arte.