Se habla mucho de que el clima mundial está cambiando. Nunca los veranos
fueron tan calurosos en el sur y nunca los inviernos fueron tan desastrosos en
el norte. La desertización parece imparable y la capa de ozono empieza
a ser como un inmenso colador. Los continuos ciclones, huracanes, terremotos y,
finalmente, el tsunami que cerró el año 2004 parecen afirmar que
la vida sobre la tierra sigue siendo inestable, que la seguridad no existe y que,
como siempre hemos sabido, las desgracias son más duras y terribles en
la casa del pobre. Esto nos debería hacer reflexionar sobre este otro clima
inestable que se respira en el mundo del arte. Los vientos suaves y el clima templado
y agradable dura poco y estamos siempre expuestos a imprevistos meteorológicos.

Wolfgang Tillmans. Köln Installation (detalle), 1999-2002 |
Las ferias de arte sirven de baremos y de sondas de detección de un mercado
lleno de cataclismos y altibajos. Aunque hay momentos en los que pudiera parecer
que llegamos a una estabilidad, la realidad es que lo único más
o menos estable es el mercado del anticuariado, el de los muebles, dibujos clásicos
y pintura hasta principios del siglo XX. De ahí hasta hoy se instaura la
duda, la especulación y el oportunismo. Si antes un artista se podía
sentir feliz si algún coleccionista o marchante le compraba varias piezas
de una vez, hoy ese acto siembra de terror a los galeristas. Cualquier comentario
puede disparar la cotización de un artista, y basta que un afamado especulador
de Miami, perdón, quise decir coleccionista, compre algo que enseguida
salta a la prensa y ese artista entra en crisis porque de repente todos le querrán,
sus precios subirán, tendrá rápidamente exposiciones en museos
internacionales, algunas galerías impensables querrán trabajar con
él, sus obras serán vendidas y revendidas entrando a engrosar ese
famoso mercado de segunda mano en el que están inmersas la gran mayoría
de las galerías del mundo, a las claras o en plan silencioso, en unos pocos
años puede que se convierta en un nombre más de los que se desechan.
Pasto de alguna colectiva de recuperación. Las mismas galerías que
le compraban y se peleaban por él seguirán otros rastros que han
dejado tras de sí los caimanes de Miami.
Y esto no es ni siquiera un terremoto, sino un pequeño anticiclón
en el mapa del mercado del arte. Un pequeño corrimiento de tierras se produce
cuando un gran coleccionista (lo de gran es por la cantidad) como Saatchi &
Saatchi decide 'devolver' al mercado toda la obra de uno de los artistas que ha
comprado, por ejemplo el ex-transvanguardista Clemente. Comprado casi al por mayor,
Saatchi & Saatchi pone toda esa obra a subasta a un precio que puede destrozar
cualquier cotización. Y se acabó. Luego tiene que venir alguna ONG
del arte y reconstruir la tierra devastada. La recuperación es lenta y
a veces imposible.
Después de la pasada edición de Miami Beach Art Basel y del espasmódico
éxito de ventas (tanto Miami Beach Art Basel como las otras ferias colaterales
parece ser que vendieron más que nunca en sólo el día de
la inauguración), los más importantes galeristas y algunos de los
coleccionistas más mediáticos se quejaban de la llegada de los especuladores.
Esos compradores que compran todo, piezas que ni siquiera pueden ver pero no importa,
y si hay dos o tres mejor que una. Compradores que compran a bulto, a golpe de
chequera y de oído, sin entender, sin saber, y con la evidencia de que
el objetivo es la reventa y la especulación. A estos no hay que venderles,
aconsejaban los galeristas y se escandalizaban los coleccionistas, porque son
los que degeneran el mundo del arte. Una pequeña tempestad. La lluvia de
dólares consolaba a los que, no habiendo sido avisados, habían vendido,
casi sin querer, en una feria a la que al parecer se va con fines culturales y
sociales, que no económicos. A ver si nos van a confundir con especuladores.
Las ferias son pequeñas alteraciones del clima artístico. De repente
los aires cálidos y los helados se cruzan y producen limitados cataclismos:
se vende lo inimaginable, los grandes nombres vuelven a los almacenes, aparecen
dibujos inexplicables de artistas desconocidos, lo que el año pasado nadie
miraba este año se liquida antes de la inauguración. Una feria es
una feria y ése es su atractivo. Al margen de las fiestas, de los grandes,
medianos o pequeños especuladores que quieran un papel protagonista al
lado de artistas, teóricos o galeristas, y al margen de todo un entorno
mediático que por lo general desconoce el territorio que pisa. El ciclón
ARCO se acerca, está previsto para principios de febrero y se avisa a todos
los aficionados, curiosos y profesionales que no se limiten a las paredes de la
feria y vayan a ver galerías, museos y todo lo que sus hambrientas miradas
puedan devorar. Y a los artistas, vendedores y compradores, que Dios reparta suerte.
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