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Exit Express, Revista de Información y debate sobre arte actual 17 Exit Express, Revista de Información y debate sobre arte actual

La balada de la escultura perdida

por Rosa Olivares
Exit Express, Revista de Información y debate sobre arte actual nº 17, Febrero 2006

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Mario Cravo Neto.
Retrato de Clyde Morgan, 1994.
Cort.del artista
De verdad que no quería. Habíamos decidido ser buenos, creativos, provocar energía positiva... y no queríamos hablar del Reina Sofía. No, porque parece que es algo personal, una especie de manía persecutoria que nos obsesiona y nos obliga a hablar siempre, y siempre negativamente, de todas sus actividades. El edificio, mal; el proyecto museográfico, un horror; la programacion de exposiciones, un desastre; los montajes, terribles; los nuevos catálogos sin traducciones, prescindibles... Y así podríamos seguir como en una letanía que nos adormecería y nos llevaría a otros lugares más agradables en un sopor que nos haría olvidar que, a fin de cuentas, el Reina Sofía es un engranaje más (grande, enorme, carísimo, desproporcionado), pero sólo un engranaje más, de una Administración, del Estado. Pero, de repente, salta a la prensa que se ha perdido una escultura de Richard Serra, que se compró en su día, se expuso un par de veces y se trasladó a unos almacenes, por supuesto privados, donde pagando unas cuotas de alquiler, guardaban ésta y otras muchas obras del Reina y de otras instituciones públicas. Se ha perdido una escultura de 36 toneladas de peso, que no se trata de unos dibujitos (no quiero ni pensar en lo que puede pasar con piezas más pequeñas), de la que la Institución no tiene ningun documento desde 1992; pero de la que no tiene ni siquiera una imagen adecuada, ni la más mínima documentación. No es un problema sólo de esta directora, ya que antes de ella ni Juan Manuel Bonet, ni José Guirao, ni Maria Corral, echaron de menos la obra, ni sus departamentos de colección, documentación: nadie. Es decir, todos culpables. Pero claro, ahora todo son exclamaciones y acusaciones contra el dueño de la sociedad del almacén desaparecido. Ellos, la familia Macarron, no dicen nada ante las acusaciones de delito contra el Patrimonio. Nadie dice nada, para qué insistir, sobre la ineptitud de una administración incapaz de cuidar de sus propiedades, de nuestras propiedades. Porque ese Serra también es mío, se ha pagado con nuestro dinero. Y tenemos derecho a pedir aclaraciones, pero no al señor Macarron que tuvo que cerrar su empresa ante el impago inaguantable de las facturas que generaba en su trabajo tanto con la Administración Central como con las Autonómicas, porque la transferencias de competencias no se habrán completado, pero el traspaso de incompetencias se efectúo desde el principio.
Todo el mundo se pregunta ¿dónde está el Serra?, pero nadie va a contestar a la pregunta de por qué la administración paga tan tarde o simplemente no paga, causando la quiebra de sus proveedores sin ni siquiera pestañear, por qué crea leyes fiscales que ella misma no cumple, por qué penaliza los retrasos de los contribuyentes pero no sus retrasos en pagar servicios ya prestados. Tampoco parece que nadie pida responsabilidades por la inercia vana de dirigir un museo como el que dirige unas salitas de exposiciones, o un club privado. Tal vez no se exige nada de esto porque ya sabemos que aquí no pasa nada. A ver si cuando aparezca el Serra aparece también un poco de la vergüenza y la responsabilidad que desapareció hace ya mucho tiempo y nadie echa de menos.
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