Dorothea Robetin tiene en su posesión 14 cartas de Alban Berg a su madre, cubriendo los años que todavía le quedaban entre la composición de la Suite Lírica y su muerte el 24 de diciembre de 1935. Hablan en todo momento de un amor apasionado pero no satisfecho. El hermano de Hanna, Franz Werfel, y su hermana política, Alma, hicieron las veces de emisarios de Berg ante Hanna, entregando sus cartas en mano en sus visitas ocasionales a Praga. El estreno de Wozzeck en Berlín unas semanas después de su segunda estancia con la familia Fuchs- Robettin había hecho de Berg un hombre famoso, y las apariencias que se habían mantenido en el círculo de los amigos, conocidos y colegas del compositor habían de guardarse ahora ante el mundo. En una carta sumamente conmovedora a Hanna fechada en octubre de 1931, el propio compositor se pronuncia sobre la imagen de su vida familiar y personal que se ha mantenido desde entonces:
[...] No pasa un día, ni siquiera medio día, ni una noche, en que no piense en ti, ni una semana en la que no esté de pronto inundado de añoranzas que sumergen todos mis pensamientos y sensaciones y deseos en un ardor que no es un ápice menor que el de mayo de 1925 - - únicamente matizado aún por una pena que desde entonces impera más y más en mí, y que, ya desde hace mucho, ha hecho de mí una persona dúplice, o mejor dicho un actor. Pues debes saber esto: todo lo que puedas oír sobre mí, e incluso leer sobre mí, si es que no es completamente falso -como por ejemplo esto, que hoy leí por casualidad en un programa de Zurich: "Una vida doméstica completamente feliz, de la que le ha rodeado su esposa, le permite crear sin perturbaciones" - - atañe únicamente a lo periférico. Pero tiene que ver sólo con una persona que constituye tan sólo un estrato completamente exterior de quien soy, una parte de mí que con el paso de los últimos años se ha separado (ay, cuán dolorosamente) de mi existencia real, formando un ser aparte, que es lo que parezco ser para mi entorno y para el mundo. En el marco de esta vida tiene lugar todo aquello que tiene lugar en una vida normal: contrariedad y alegría, malhumor y contento, interés e indiferencia, ocio y negocio, arte y naturaleza. Pero créeme, Hanna (y por fin puedo dirigirme a ti con propiedad: único amor eterno ), todo esto incumbe sólo a esta persona exterior , aquella con la que se me ha obligado a presentarme ante los demás seres humanos y que tú (gracias a Dios) nunca has conocido, y que (sólo para caracterizarme de algún modo) puede vivir por un rato la satisfacción de viajar en automóvil, pero nunca sería capaz de componer Lulu . No obstante, que yo esté haciendo esto puede ser para ti prueba de que la otra persona (y ahora puedo volver a hablar en primera persona), ¡de que yo aún existo! Cuando trabajo y tomo tu pluma, en ese momento yo estoy aquí, y estoy también contigo, como estoy conmigo cuando estoy contigo en mis pensamientos [...].
Las pretensiones públicas de una vida doméstica idílica poco tienen de inusual, pero la colaboración de Berg en la fabricación y perpetuación del mito de un matrimonio perfecto fue extraordinaria. Una biografía auténtica del hombre tendría que explicar esto. Obviamente, se mantuvo estrechamente unido a su mujer, aunque el carácter de tal unión hubiese cambiado. La "fidelidad", de hecho, era una de sus "cualidades principales". Difícilmente habría contemplado una separación física sin considerar el efecto que ésta habría tenido en Helene. ¿No deberíamos indagar en la mente y el carácter de ésta, así como en los de él, a la hora de tratar de comprender el comportamiento de Berg? Tras la muerte del compositor, Helene Berg persistió durante 41 años en el papel trágico de viuda reciente. Resulta sorprendente que nadie viese -en la Viena del propio Freud- nada sospechoso en su aferramiento obsesivo a este papel y sus privilegios especiales. ¿No puede ser que las palabras de afecto que siguieron llenando las Cartas a su esposa fuesen expresiones más de buena disposición que de amor? ¿No puede ser asimismo que se tratase de expresiones de miedo a las posibles consecuencias de los celos de Helene? Ya hemos visto adónde podían llevar éstos en la historia del manuscrito de la Suite Lírica : la invención por parte de ella de un relato ficticio de la historia del manuscrito con el fin de impedir el descubrimiento de que anteriormente su propietaria había sido Hanna Fuchs-Robettin; su explicación -después de que su versión ficticia fuese discutida por Redlich- según la cual el manuscrito había desaparecido cuando en realidad estaba en su propia posesión; su reafirmación última en la ficción original con un nuevo giro que explicase cómo el manuscrito había llegado a sus propias manos. El hermano menor de Helene, Franz
Joseph, era esquizofrénico, lo cual constituyó una fuente de preocupaciones para su hermana y para Berg a lo largo de su vida de casados. ¿No puede ser que Berg creyese que tenía razones para la inquietud en relación con la salud mental de Helene?
Aquí queda pendiente una pregunta: ¿hasta qué punto, en definitiva, son fiables las Cartas a su esposa como documento de las palabras del propio Berg? No parece fuera de lugar recordar las curiosas circunstancias que rodearon la publicación de la edición original alemana en 1965. El editor, el doctor Franz Willnauer, trabajó con copias mecanografiadas de las cartas, preparadas bajo la dirección de la señora Berg. No se le permitía comprobar su autenticidad contrastándolas con los autógrafos, ni tampoco determinar el alcance y significación de los pasajes y cartas que la señora Berg decidió no dar a publicar. Las diferencias entre la señora Berg y el doctor Willnauer hicieron que aquélla no sólo prohibiera la inclusión de la nota introductoria de éste sobre los procedimientos editoriales seguidos, sino también la de sus notas a las cartas y su comentario de 40 páginas. La edición alemana omite por completo el nombre del doctor Willnauer, carece de notas de edición, notas a pie, comentario o índice, y sólo fue permitida su distribución por los editores tras tacharse con tinta una serie de pasajes, por insistencia de la señora Berg. En un artículo aparecido en Forum (octubre de 1965), el Dr. Willnauer escribió:
No puede hacerse declaración alguna en cuanto a la fidelidad de las cartas publicadas, ni sobre el alcance y significación del material retenido por Helene Berg. A pesar de ello, puede suponerse que [la señora Berg] habría tenido el máximo interés en el carácter documental de esta edición y se hubiera preocupado por tanto por una autenticidad óptima en la preparación de las transcripciones.