Para la señora Zemlinsky, la existencia de una copia secretamente anotada de la partitura era sólo una adición a otro secreto, el secreto de "la otra mujer" en la vida de Berg, y por lo tanto en la de la señora Berg. La señora Zemlinsky había sido amiga de Helene, a la que me describió como "una persona más profunda" que Hanna Fuchs-Robettin. Incluso había estado a veces con Helene cuando el recientemente desaparecido marido de la viuda hiciera una de sus no infrecuentes "visitas", dejando notar su presencia invisible tirando un libro de la estantería o golpeando el piano. La Sra. Berg había fallecido unas pocas semanas antes de que yo llamara a la Sra. Zemlinsky por primera vez, pero esto no habría supuesto ninguna diferencia en la escasa inclinación de la Sra. Zemlinsky a hablar sobre los asuntos privados de su amiga a un americano de otra generación al que nunca antes había visto. En realidad, cuando, al final de nuestra primera visita, fascinado por sus vívidas reminiscencias del extraordinario círculo de amigos y allegados que ellos habían conocido cuando Berg aún estaba vivo, y que también eran los amigos y las amistades de Berg, le pregunté si no podría traer una grabadora conmigo en nuestra siguiente cita, a lo que me respondió que no podía permitir esto "por si pudiera decir algo que no le gustara a mi marido". El señor Zemlinsky había fallecido en 1942.
Tuve dos conversaciones más con la señora Zemlinsky, y fue en el transcurso de éstas donde me di cuenta de que Berg nunca le había dado el manuscrito de la partitura de la Suite Lírica a Alexander Zemlinsky, como le habían dicho a Redlich cuando estaba trabajando es su libro. Había otra mujer en su vida, y era a esta otra mujer a la que Berg le había dado el manuscrito. Y no sólo el manuscrito, sino también una copia profusamente anotada de la partitura publicada, como Hanna Fuchs-Robetin reveló a la señora Zemlinsky cuando su hermana política, Alma Mahler Werfel, se impuso sobre ella a la muerte de Berg, para hacerla renunciar al manuscrito en favor de la señora Berg.
¿Por qué la señora Zemlinsky estaba dispuesta a decirme algo que a su amiga con toda seguridad no le habría gustado? Me dio la respuesta ya cerca de la conclusión de nuestra segunda reunión y la repitió durante la tercera. La mañana del mismo día en el que recibió mi carta pidiéndole alguna luz sobre la afirmación en el libro de Redlich de que ella estaba en posesión del manuscrito de la Suite Lírica , el propio compositor se le apareció y estuvo en silencio al lado de su cama. Ella se sorprendió, porque él nunca le había visitado antes, y nunca habían estado cerca durante la vida del compositor. No fue sino más tarde ese mismo día, al recibir mi carta, cuando ella se dio cuenta de lo que él estaba tratando de decirle. En su crítica de The Operas of Alban Berg Douglas Jarman me atribuye "una percepción casi sobrenatural de lo que parecen ser las operaciones internas de la mente de Berg". La experiencia de la señora Zemlinsky sugiere que esta percepción puede ser incluso más misteriosa de lo que él sospecha.
© " The Secret Program of the Lyric Suite ", originalmente publicado en The International Alban Berg Society Newsletter , Núm. 5 (junio de 1977). Recogido posteriormente en la colección de ensayos de George Perle " The Right Notes": Selected Essays by George Perle . Pendragon Press, 1995.
Traducción: Ramón Silles y Maite Eguiazábal