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Le Monde Diplomatique 107 Le Monde Diplomatique

La guerra de los mil años

por Alain Gresh
Le Monde Diplomatique nº 107, septiembre 2004

Número de páginas: 3
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Por supuesto, la clave de lectura "Este-Oeste" era pertinente. Tanto Estados Unidos como la URSS defendían sus intereses de grandes potencias, pero la vida política de cada país no se reducía a un gran tablero de ajedrez en el cual se enfrentaban la Casa Blanca y el Kremlin, la primera apoyando sin remordimientos dictaduras latinoamericanas o la Indonesia de Suharto, el segundo interviniendo brutalmente en Hungría (1956) o en Checoslovaquia (1968). Este simplismo llevaba a subestimar las realidades nacionales, no tan fácilmente reductibles, y todos los demás desafíos planteados a la humanidad: deterioro medioambiental, pobreza crónica, proliferación de nuevas enfermedades - especialmente el sida - , etc. El mundo salió finalmente de la guerra fría, Estados Unidos ganó, pero los desafíos continúan. Y las causas de la inestabilidad también.
En busca de un enemigo
El fin de la Unión Soviética dejó huérfanos no sólo a los militares y a los servicios de inteligencia estadounidenses (y por extensión occidentales) - privados de un enemigo que justificaba su existencia y su presupuesto ilimitado - , sino también a todos los centros de investigación estratégicos que habían señalado seriamente la superioridad estratégica de Moscú, incluso pronosticado una invasión soviética de Europa Occidental. Pero, ¿con qué podía reemplazarse el "imperio del mal"?
A comienzos de los años noventa, la teoría del "fin de la historia" lanzada por el académico estadounidense Francis Fukuyama, que proclamaba la victoria definitiva del liberalismo occidental condenado a extenderse por todo el planeta, sólo tuvo un éxito limitado. Una fracción de la derecha conservadora, la misma que se había opuesto a distender las relaciones con la URSS y a todo acuerdo con Mijail Gorbachov, buscaba en cambio "un nuevo enemigo estratégico". Anunció que Estados Unidos, aunque sin rival, era ahora amenazado por fuerzas oscuras, aún más peligrosas que el comunismo: el terrorismo, los Estados canallas, las armas de destrucción masiva. Paralelamente, cada vez más pensadores y periodistas diagnosticaban el ascenso en potencia de un nuevo adversario, el islam, que disponía a la vez de una "fuerte ideología" y de una base potencial de más de 1.000 millones de seres humanos.
En 1993, el estadounidense Samuel Huntington popularizó el "choque de civilizaciones [ 4 ] " (ver recuadro ) . "Mi hipótesis - escribía el profesor estadounidense - es que en el nuevo mundo, los conflictos no tendrán esencialmente como origen la ideología o la economía. Las grandes causas de divisiones de la humanidad y las principales fuentes de conflictos serán culturales. Los Estados-Naciones continuarán desempeñando el papel principal en los asuntos internacionales, pero los principales conflictos políticos mundiales enfrentarán a naciones y grupos que pertenecen a civilizaciones diferentes. El choque de civilizaciones dominará la política mundial".
Pero estábamos todavía en el campo de la especulación, ninguna de estas doctrinas tuvo consenso entre las elites. Hubo que esperar al 11 de septiembre para que se instalara la idea de que Occidente estaba nuevamente comprometido en una guerra mundial, que sucedía a la guerra fría y a la II Guerra Mundial. Traumatizada por los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, la opinión pública estadounidense se sumó a la "guerra contra el terrorismo", una guerra en la cual "quien no está con nosotros está en contra de nosotros". Sin embargo, ¿quién es este nuevo enemigo que reemplaza al comunismo y al nazismo? ¿El terrorismo? Pero el terrorismo no es una ideología sino apenas un método de acción, y resulta difícil percibir qué vínculo une a los independentistas corsos, los del IRA y Al Qaeda. ¿Al Qaeda? Pero el combate contra esta organización peligrosa corresponde a los servicios policiales, no a la movilización guerrera (ver el artículo de Olivier Roy, págs. 24 y 25). ¿Los Estados canallas? Si es abusivo incluir en el mismo Eje del Mal a Corea de Norte e Irán, también es difícil ubicar las amenazas que esos Estados ejercen regionalmente en el mismo nivel que hasta hace poco representaba la Unión Soviética.
Sin embargo, lo que se perfila cada día con más nitidez, a través de los objetivos designados y de las campañas ideológicas, es un choque entre dos civilizaciones, islam y Occidente. Con excepción de Corea del Norte y Cuba, los países en el punto de mira de Estados Unidos - Irak, Irán, Siria, Sudán - son todos musulmanes; la ayuda incondicional de Washington al gobierno de Ariel Sharon confirma esta posición tomada. La "civilización" está en guerra contra la "barbarie", proclama el presidente Bush. "El mundo se ha dividido en dos bandos, responde Osama Ben Laden, uno tras la bandera de la cruz, tal como dijo el jefe de los infieles Bush, y otro tras la bandera del islam".
Ellos y nosotros
Si esta teoría es verdadera, ningún acuerdo es entonces posible ya que "ellos" nos odian, no a causa de lo que hacemos, sino porque rechazan nuestros ideales de libertad y democracia; es inútil pues decidir una prioridad a la solución de tal o cual injusticia que afecta al mundo musulmán. Por otra parte, esta concepción induce a una estrategia de guerra. Implica inscribir cada enfrentamiento en un conflicto de civilizaciones, un conflicto eterno, sin solución: la lucha de los palestinos, un atentado terrorista en Java, la resistencia en Irak, un incidente antisemita en un liceo parisino, un motín en los suburbios, son percibidos como elementos de una ofensiva general del islamismo. Estamos inmersos, en todos los frentes, incluido el frente interno, en una guerra mundial.
El general William G. "Jerry" Boykin, un ex integrante de las fuerzas Delta (unidad de intervención antiterrorista del ejército estadounidense) fue designado, en junio de 2003, subsecretario adjunto de inteligencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Es un cristiano evangélico, que declaraba en Oregón que los radicales islámicos odiaban a Estados Unidos "porque somos una nación cristiana, porque nuestros cimientos y nuestras raíces son judeocristianos. Y el enemigo es un tipo que se llama Satán [ 5 ] ". En otra ocasión, proclamaba: "Nosotros, el ejército de Dios, en la casa de Dios, en el reino de Dios, hemos sido educados para esta misión"; y, a propósito de la guerra en Somalia contra los jefes de guerra musulmanes: "Sabía que mi Dios era más grande que el suyo, sabía que mi Dios era un verdadero Dios y el suyo un ídolo [ 6 ] ". Tras estas declaraciones, el general pidió disculpas, conservó su puesto y pudo mostrar su talento "exportando" a Irak el sistema carcelario instalado en Guantánamo, con los resultados conocidos en materia de torturas [ 7 ] . Si bien el secretario de Defensa Donald Rumsfeld primero lo defendió, Condoleezza Rice, la asesora de Seguridad Nacional, debió aclarar: "Esta no es una guerra entre religiones". Sin embargo, cuesta creerla al leer los testimonios de los torturados en Irak, que eran obligados a abjurar de su religión o a comer cerdo [ 8 ] .
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NOTAS
  • [ 4 ] Samuel Huntington, "The Clash of Civilizations", Foreign Affairs, vol. 72, N° 3, 1993.
  • [ 5 ] Los Angeles Times , 16-10-03.
  • [ 6 ] Ibid .
  • [ 7 ] Sidney Blumenthal, "The religious warrior of Abu Ghraib", The Guardian , Londres, 20-05-04.
  • [ 8 ] "New images amplify abuse at Iraq prison", Reuters, 21-05-04.

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