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Libre Pensamiento 45 Libre Pensamiento

La falta de tiempo

por Ramiro Pinto Cañón
Libre Pensamiento nº 45, verano 2004

Número de páginas: 2
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Compartimentamos en unidades de tiempo la vida familiar, la relación con los amigos; incluso las relaciones sexuales cada vez se compartimentan (planifican) más. Siempre tenemos una razón a mano o queremos dar un sentido a algo que en verdad nos arrastra. La política ya no se mide en ideas o proyectos sociales, sino en resultados por unidades de tiempo, que son periodos electorales o entre unas elecciones y otras. De tal forma que la mercadotecnia anula la reflexión y el pensamiento político. Las críticas y manifestaciones contra la guerra, por ejemplo, llegaron a ser reduccionistas y simplonas, ligadas al logro de efectos mediáticos y nada más. De esta manera, estamos dominados, sin poder lograr una transformación de la realidad. Precisamente porque tenemos la sensación de que se trasforma permanentemente, cuando no es sino una sensación, que adquiere realidad en nuestra prisa interior, la ideología dominante y vacía de hoy.
En los últimos cincuenta años, el desarrollo de la tecnología ha cambiado la vida social en todos los ámbitos más que cualquier revolución de antaño o algún nuevo invento de otras épocas. La tecnología se extiende mediante su comercialización y cambia hábitos, costumbres, relaciones laborales, personales, de salud. Ahora bien, sucede una paradoja. Por ejemplo, respecto a la salud, hay mejores medios técnicos para atender enfermedades o urgencias, nuevas tecnologías para operar y curar enfermedades que hasta hace poco eran impensables, desde el trasplante de todo órgano a todo lo que significa la clonación o el uso de células madres. Pero esa misma tecnología genera radiaciones, ondas electromagnéticas, contaminación y demás que afecta negativamente a la salud, física y psíquica, de la población.
Tener más tiempo... para vivir menos
Se supuso que la tecnología iba a sustituir una gran parte del trabajo de los seres humanos -tal es su sentido y esencia- y que ello nos permitiría tener más tiempo disponible. Lo que ha sucedido es que la vivencia del tiempo se ha acelerado, la tecnología ha impuesto un ritmo, que unido a la mentalidad de eficacia, arrastra y controla nuestras vidas. En lugar de disfrutar los nuevos avances, los padecemos. Gracias a las nuevas tecnologías, en cualquier trabajo el ahorro de tiempo es de un 50% como mínimo. Pero no se reduce el tiempo laboral, sino que se incrementa. Por ejemplo, en la banca, se traduce en horas extras y fuera del horario laboral. Sobran horas, y lo que se hace es prejubilar a un porcentaje amplio de la plantilla, para los demás ocupar más tiempo laboral. El trabajo doméstico es mucho más cómodo con los electrodomésticos. Se suponía que cada vez sería más compatible el trabajo casero con el de fuera. El resultado es que las mujeres entre 35 y 55 años padecen tres veces más la enfermedad del estrés laboral que el resto de la población, tal como aporta un conocido estudio de Viçenc Navarro.
El problema del sometimiento moderno sucede desde una mentalidad determinada, de manera que acontece un conflicto mental, bastante extendido, como elemento visible. En este terreno sucede el estrés. Como analizó Michael Foucault, el conflicto mental sólo se soluciona cuando se establecen nuevas relaciones con el medio. Lo que quiere decir que actualmente tenemos que plantearnos nuevos ritmos y una nueva relación con el tiempo. Es un cambio muy profundo en el seno de nuestra economía, que ha invertido el sentido del trabajo. Por una parte el empleo ha dejado de ser un medio para resolver necesidades de subsistencia o de enriquecimiento y se ha transmutado en una finalidad, de manera que se crean necesidades e incentivos fiscales para promover la creación de puestos de trabajo, lo cual es absurdo y acaba perjudicando a la sociedad en su conjunto. Por otro lado, se han creado los créditos al consumo y masificado las hipotecas, para dinamizar la economía mediante el endeudamiento. Con ello sucede algo sumamente tergiversador de la realidad, como es que se transforma el hecho de trabajar para consumir en función a las posibilidades de cada cual en consumir para luego tener que trabajar , de cara a mantener ese ritmo de consumo. De manera que un trabajo en la familia es insuficiente, hay que buscar otras fuentes de ingreso y así se entra en una espiral en la que no queda tiempo ni para disfrutar de ese consumo. Es una rueda que nos atrapa. No sabemos cómo, porque no nos paramos a pensar sobre nuestra manera de vivir.
La rapidez con que sucede todo esto hace que no nos demos cuenta y que entremos en una inercia que hace que funcione por sí solo este engranaje, del cual es muy difícil salir. De alguna manera, el Poder, como diría Foucault, se construye, y lo estamos construyendo desde dentro, de manera que quedamos atrapados en él. Y no sólo es represivo, sino que produce consumo y prisa. De esta manera, a la vez que se privatizan los bienes públicos, dejamos de ser ciudadanos y ciudadanas para pasar a ser clientes, tanto de productos como de partidos políticos o de actos culturales. Porque la falta de tiempo afecta a nuestra comunicación con el mundo y a nuestra manera de ser.
El tiempo también se construye y su vivencia en la actualidad tiene mucho que ver con la técnica. En su obra El Ser y el Tiempo , Martín Heidegger analizaba este tema. Cuando reflexionaba al respecto, empezaba a emerger el tiempo como "problema social". Hoy vivimos su apogeo. Por tal motivo, sus palabras adquieren gran actualidad. Para este filósofo existencialista, "el ser es el tiempo, como sentido de ser en el tiempo". Y lo relaciona con la técnica, la cual, según él, no es nada técnico, sino que hace que todo suceda sin un debate, sin una reflexión. El resultado es la supeditación del individuo a la técnica, siendo ésta la que marcará el ritmo de vida. Pensemos que actualmente estamos en los albores de una nueva dimensión social. Podemos darnos cuenta del fenómeno de la prisa, pero el gran debate sobre los avances científicos se desarrolla sin cauce político, sin ser capaces de colocar sus resultados desde el pensamiento social y político. Temas como la clonación, la agricultura transgénica o las nuevas formas energéticas deben ser conocidas por todos y entre todos razonar su desarrollo.
Para Heidegger, el tiempo se presenta a la conciencia como intuición vacía, por eso se muestra en el tiempo. Llega un momento en el que la función del tiempo se apodera del ser. Es lo mismo que un caballo de carreras: llega un momento en el que pierde su sentido de animal, de correr como algo propio, y se convierte en mercancía, en objeto. De la misma manera, las personas modernas pierden la capacidad de ser sujetos, y pasamos a ser objetos de un mundo económico que nos domina y define. La cura de esta situación puede parecerse a lo que el filósofo al que nos hemos referido llama " temporar la temporalidad ", en un sentido fenomenológico, lo cual quiere decir que la lucha por tener libertades y ejercerlas debe acompañarse de otra más profunda y necesaria, que es la de ser libres . En este proceso adquiere gran relieve la capacidad de tomar conciencia de nuestro tiempo y controlar nuestro ritmo, antes de que nos siga dominando a nosotros, a partir de lo cual viene el convertirnos en objetos de un mercado global, ser engranajes de una maquinaría productiva que nos arroja al consumo de manera que nos transformamos en objetos de la economía, lo mismo que los fanáticos lo son de sus creencias religiosas o ideologías políticas. Como dirían los bosquimanos de África, " vosotros tenéis los relojes, nosotros el tiempo ".
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