Europa ha disfrutado con el triunfo de Obama. No fue posible una derrota de Bush, pero sí de sus políticas. La campaña es ya historia y la realidad se impone. No es tiempo de sueños sino de acciones. El espectáculo de la prensa europea alabando los primeros nombramientos de Obama, como prueba de su sentido de Estado, resultaba patético por todo lo que ocultaba. Esos nombramientos mostraban lo que no se quiso ver durante toda la campaña, pero no estaban en condiciones de poner en tela de juicio al ídolo que habían levantado. Sólo en los sectores más a la izquierda se venía denunciando que Obama se mantendría dentro de las mismas líneas de acción que sus predecesores, que lo que pueden ser cambios importantes para un estadounidense no son más que asuntos de estilo para un europeo. Poco a poco la prensa menos radical avanza sus temores y prepara a sus lectores, oyentes o espectadores para la inevitable desilusión. El problema no era Bush. El problema es Europa.