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Cuadernos de Pensamiento Político 21 Cuadernos de Pensamiento Político

OBAMA VERSIÓN EUROPEA

por Rafael L. Bardají y Florentino Portero
Cuadernos de Pensamiento Político nº 21, Enero / Marzo 2009

Número de páginas: 5
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En síntesis, para Europa Obama representaba la anti-América, la esperanza de que Estados Unidos podía ser otra cosa de lo que era y continúa siendo. Esta imagen se fue creando poco a poco, alimentada por unos medios de comunicación tan anti-Bush como antinorteamericanos, y por una opinión que veía lo que quería ver. Para los que seguimos la mayor parte de la campaña desde Europa, pero leyendo y escuchando diariamente a los medios de aquella orilla, resultaba fascinante observar cómo se ignoraba sistemáticamente lo que no gustaba, lo que, unido al tradicional desconocimiento que por estos lares se tiene de la realidad social y cultural norteamericana, facilitaba la invención de un personaje de tintes míticos. Obama, el joven y brillante político negro, reconocía públicamente la culpabilidad norteamericana y prometía encauzar la nave nacional por la senda del diálogo y el multilateralismo. En paralelo, la hegemonía blanca daría ya definitivamente paso a una generación multicultural y multirracial. Pero ni Obama responde a ese perfil ni la sociedad norteamericana está en esa línea.
A base de escuchar sólo lo que interesa y de ignorar la realidad norteamericana, muchos europeos acabaron por hacerse una idea poco precisa y muy escorada del hoy presidente electo. Obama es un miembro de la elite norteamericana. Su padre logró un máster en Economía por Harvard. Su madre era doctora en Antropología por Hawai. Él se licenció primero en Ciencias Políticas por Columbia y luego en Derecho por Harvard, dos universidades del máximo nivel. Optó por hacer una carrera desde su condición de negro y utilizó los argumentos que le interesaban. Si se situó a la izquierda de H. Clinton fue porque ella representaba al sector más moderado y venía arropada por dinero y apoyos mediáticos. Su discurso radical duró lo que Clinton en la campaña.
Tras la nominación, Obama se olvidó de la retirada de Iraq y de tantas otras cosas. La guerra se está ganando en tierras de Mesopotamia y ahora se trata de capitalizar el triunfo, no de ponerlo en peligro. En la cuestión de Guantánamo, que tanta pasión ha desatado, el problema no es el dónde sino el cómo. Cerrar Guantánamo puede ser un símbolo, un gesto o un guiño, pero no resuelve qué hacer con los prisioneros ni cómo se les va a juzgar. La ambigüedad mantenida durante la campaña se está tornando ahora crudo realismo, con el aval de los mismos medios que tanto denostaron a Bush. El marco legal establecido para el tratamiento de los prisioneros islamistas se fijó en el Capitolio, en la idea de que no podía aplicarse una normativa militar a quien sólo era un terrorista. ¿Va a romper este principio la nueva Administración? Muchos de los prisioneros sobre los que no hay cargos, porque su situación deriva de información procedente de fuentes de inteligencia que no pueden ser desveladas o utilizadas, ¿serán puestos en libertad en Estados Unidos? ¿Serán aceptados en sus países de origen? ¿Los recibirán en terceros Estados? En cualquiera de los casos estamos haciendo referencia a personas que forman parte de redes yihadistas y que muy probablemente volverán a su actividad previa en cuanto recuperen la libertad. Los prisioneros que sí tienen cargos, ¿serán juzgados como estaba previsto en la normativa establecida bajo la Administración Bush o se preparará una nueva? Si nos atenemos a lo que se está publicando en los medios de comunicación más próximos al futuro presidente la solución, también en este tema, apunta a una mayor continuidad de lo que muchos de sus votantes y la mayoría de los europeos suponían.
La defensa del multilateralismo siempre ha estado en el discurso de los demócratas, pero lo que un demócrata y un europeo entienden por este término no es exactamente lo mismo. Ni Obama ni ningún político norteamericano está dispuesto a aceptar que el Consejo de Seguridad de la ONU, no hablemos ya de la Asamblea, se convierta en un gobierno mundial o que tenga capacidad de veto sobre la política norteamericana en el mundo. Pueden emplear más tiempo en negociar, pueden utilizar un discurso más "políticamente correcto", pero al final actuarán, porque sus intereses estratégicos no les permiten quedarse de brazos cruzados. Sobre su entrevista con Ahmadinejad el propio Obama rectificó haciendo referencia a la necesidad de unas "circunstancias" que nunca especificó, como también se desdijo de su promesa de un Jerusalén unido bajo soberanía israelí, que nadie le había pedido pero que pronunció en su intento de ganar hasta el último voto judío. De la renovación en profundidad del cotarro washingtoniano ya dimos cuenta al inicio de este texto, al comentar los nombramientos realizados.
OBAMA COMO REALIDAD AMERICANA
La llegada de Obama a la Casa Blanca supone un cambio importante en la política norteamericana. Una nueva generación representada por un negro accede a la Presidencia desde una plataforma política situada a la izquierda del espectro político y comprometida con cambios en profundidad. La coincidencia con una gran crisis económica le obligará a replantar muchos de los fundamentos del modelo económico y social norteamericano, con efectos muy importantes en el futuro de esta nación. Sin duda, el tratamiento del sector energético será prioritario, con evidentes consecuencias sobre el American Way of Life. Estados Unidos va a cambiar mucho los próximos años y lo hará desde el convencimiento de que un modelo de crecimiento y de vida ha quedado superado por la realidad, se ha convertido en anacrónico. Con el espíritu del pionero que continúa caracterizando a este país, los norteamericanos se disponen a levantar el campamento para establecerse en un nuevo enclave. En esta ocasión no se trata de movilidad geográfica sino de modelo. Ellos reconocieron la crisis mucho antes de que se produjera el crac financiero, aceptaron que sería de grandes dimensiones y, sobre todo, la afrontaron como una gran oportunidad. Quien "lea" la crisis correctamente, quien adopte las medidas convenientes, quien sepa adaptarse a un nuevo entorno mucho más global estará en condiciones de competir adecuadamente en el siglo XXI. Frente a lo que muchos europeos piensan o sienten, el senador por Illinois no ha luchado por llegar a la Casa Blanca para reconocer el fracaso del modelo americano y pedir perdón por años de hegemonía resolviendo problemas ajenos a cambio de rencor. Su objetivo es liderar un proceso de trasformación que garantice a su país el mantenimiento o la mejora de su situación relativa. La crisis es tiempo de oportunidad y Estados Unidos, con Obama o sin él, no piensa desperdiciarla. La elección del senador por Illinois supone aceptar que la nueva América será más social y menos individualista, más liberal (en el sentido norteamericano del término) y menos liberal (en el sentido clásico del término).
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