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Cuadernos de Pensamiento Político 21 Cuadernos de Pensamiento Político

OBAMA VERSIÓN EUROPEA

por Rafael L. Bardají y Florentino Portero
Cuadernos de Pensamiento Político nº 21, Enero / Marzo 2009

Número de páginas: 5
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Europa es cada vez más antinorteamericana porque Estados Unidos representa valores que aquélla rechaza profundamente. No puede aceptar que el Capitolio reconozca su voluntad de mantener su posición hegemónica en el mundo, que tenga tan claro que la democracia liberal es el mejor sistema de gobierno conocido, que se vanaglorie de su individualismo, de sus certezas... Pero no quiere reconocerlo porque siente hasta qué punto supone renegar de sí misma y porque es mucho lo que admira de ese gran país al que debe su propia libertad, una humillación que se lleva mal o peor dependiendo de cada nación. Para disimular esta realidad trata sistemáticamente de distinguir entre políticas y país, entre gobernantes y nación. Es evidente que los norteamericanos, como cualquier otro pueblo de la Tierra, no están de acuerdo sobre qué político o qué políticas son las mejores, que ellos son los primeros en criticar a sus propios gobernantes. Pero bajo esta crítica selectiva se esconde otra que no lo es tanto. Si recordamos cómo Europa ridiculizaba a Reagan difícilmente podemos considerar que aquello era una crítica a un político. Fue reelegido con el apoyo de cuarenta y nueve de los cincuenta estados -Minnesota optó por apoyar a Mondale, una figura local- y nadie discute hoy que fue una figura política de dimensiones históricas. El propio Obama se ha referido a él en términos extraordinariamente elogiosos, sabedor de cómo sus compatriotas le recuerdan. A Reagan se le ridiculizaba porque parecía un instrumento apropiado para mofarse de la sociedad norteamericana por persona interpuesta. Clinton era demasiado europeo en sus formas como para utilizar la misma maniobra, por lo que se alabó su estilo pero se criticaron sus políticas, en particular su defensa del libre comercio, su propuesta de reforma de la OTAN y el uso continuo de la fuerza en política internacional. De este último caso hay que exceptuar lo ocurrido en los Balcanes, donde la incapacidad europea para afrontar una crisis local la llevó a humillarse una vez más ante Washington para que Estados Unidos resolviera un problema ajeno, precisamente cuando más se demandaba el fin del vínculo trasatlántico y la creación de un pilar europeo dedicado a la política exterior, de seguridad y de defensa. Una vez más la cesión norteamericana causó más resentimiento que gratitud entre una clase política y una sociedad empeñada en vivir en un mundo virtual.
Con Bush, la antítesis de Clinton en tantos aspectos, el discurso público volvió a las raíces de la política norteamericana. No había disimulo, ni en lo que se decía ni en lo que se hacía. Bush recuperó el papel de payaso, libre desde la retirada de Reagan. Sobre él se desató una violenta y grosera campaña mediática para exorcizar un liderazgo norteamericano a todas luces inaceptable. Pero de nuevo, Bush fue la excusa para criticar a Estados Unidos. El apoyo a la Guerra contra Iraq en el Capitolio, en los medios de comunicación y en la sociedad fue muy mayoritario en el momento en que se tomó la decisión. La imagen de un gobernante tachado de fundamentalista, porque cree en Dios y va cada domingo al servicio en su iglesia, no hace más que poner en evidencia hasta qué punto los norteamericanos creen en Dios y van a la Iglesia. Cuando los evangelistas votaron a favor de Clinton no fue un problema. Cuando lo hicieron por Bush estábamos ante un problema de graves consecuencias internacionales.
OBAMA COMO PROYECCIÓN
Barack Obama es un fenómeno mediático que rompe con los casos precedentes. Mucho antes de hacerse con la nominación del Partido Demócrata para presentarse a las elecciones presidenciales había logrado captar la atención de millones de personas en todo el mundo y capitalizar sus ideales. Europa no fue una excepción. Su imagen entre nosotros fue ganando en facetas y matices, que conviene reseñar y no olvidar como información para un mejor conocimiento de la conciencia política europea y de su inevitable efecto sobre las relaciones entre Europa y Estados Unidos y sobre el papel internacional del Viejo Continente:
• Obama emergió, sobre todo, como el anti-Bush. Frente a otros candidatos demócratas que a lo largo de sus carreras habían tenido encuentros con el presidente, el joven senador por Illinois representaba, y reiteraba, que él era inocente de toda connivencia con el tejano, que era posible otra América.
• Como hombre de color que ha realizado su carrera política en las barriadas negras de Chicago y ganado un acta de senador movilizando el voto progresista, Obama simbolizaba la emergencia de una nueva generación de dirigentes progresistas que representaba nuevos valores más acordes con la mentalidad europea.
• Obama no se limitó a pedir la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq, además insistió en que la invasión había sido un grave error y en que los congresistas demócratas que habían votado en favor de la invasión debían pedir perdón a los ciudadanos por haberles llevado a un desastre.
• Como buena parte del resto de los contendientes se comprometió a desmontar la prisión de Guantánamo, pero como muchos de ellos tuvo cuidado de no apuntar la alternativa. Llegado el momento se estudiarían las alternativas legales posibles. Era suficiente. El candidato demócrata deslegitimaba la opción seguida por Bush que simbolizaba como pocas otras la disposición norteamericana de combatir duramente al islamismo yihadista. Desmontar Guantánamo suponía para muchos el público reconocimiento de que la América de Bush había violado los límites del Estado de derecho y que Europa tenía razón cuando lo denunció. Ése no era el camino para resolver los problemas de seguridad que al-Qaeda y organizaciones similares planteaban.
• Su crítica fue más allá de Bush y el Partido Republicano. Movilizó al electorado con el mensaje de que se podía llegar a la Casa Blanca y además regenerar el cotarro washingtoniano. No sólo venía a reemplazar a Bush, también se iba a llevar por delante a todo demócrata contaminado. Ningún otro entre los que habían iniciado la campaña de las primarias estaba más alejado del perfil bushita , ni ilusionaba más sobre hipotéticos cambios en profundidad.
• El senador por Illinois, como el resto de los demócratas, demandó un papel más creativo y positivo de Estados Unidos en el conjunto de los organismos internacionales y, muy en especial, en Naciones Unidas. No sólo criticaba a Bush por su invasión de Iraq sino también por entender la política exterior en términos unilateralistas.
• Obama manifestó su disposición a dialogar con el presidente de Irán y con cualquier otro mandatario con tal de escuchar las posiciones de los demás, tener una oportunidad para explicar las propias y, de esta forma, acercar posiciones, rebajar la tensión, evitar la escalada militar y encauzar por la vía diplomática la resolución de los conflictos. Era la misma música y la misma letra de los políticos y medios de comunicación europeos, la misma negación de los principios de la política de Bush.
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