En el ámbito social y ambiental, el tema del cambio climático ha llegado a estas elecciones como si se tratara de una suerte de religión de la progresía. Impulsado el tema por Al Gore en su campaña de 2000 y por los esfuerzos de John F. Kerry en 2004, la cuestión del cambio climático supuestamente provocado por los seres humanos está teniendo más importancia de lo que debiera. McCain es posiblemente el político del Partido Republicano que más "políticamente correcto" está siendo sobre este tema, no probado científicamente. McCain sostiene que el cambio climático es real y devastador y juzga que Estados Unidos debería sumarse a otras naciones del mundo para reducir las emisiones de gases contaminantes. En el laberinto científico que está aún por probarse -más allá de la propaganda de verdades inconvenientes a lo Gore-, afortunadamente McCain se niega a firmar cualquier protocolo si no incluye la firma de los países más contaminantes como India y China. En el lado Demócrata, por supuesto, los dos candidatos siguen el libreto de la progresía al respecto. La Clinton está de acuerdo con limitar las emisiones contaminantes de Estados Unidos como parte de un acuerdo ligado a lo hecho en Kioto. Usando fondos sacados de la subida de impuestos a los contribuyentes, la Clinton quiere más dinero para investigar en energías renovables a fin de alcanzar una verdadera independencia energética. Obama exige para 2050 la reducción de un 80% en las emisiones de gases contaminantes de Estados Unidos y propone liderar los esfuerzos a nivel global para combatir el cambio climático. Como la Clinton, Obama echa mano del dinero del contribuyente mediante la subida de impuestos a fin de invertir unos 150.000 millones de dólares en energías no contaminantes para la próxima década. Directamente relacionado con el tema medioambiental aparece el de la sanidad. McCain no cree en una salud pública controlada totalmente por el gobierno, pero sí acepta la necesidad de apoyar ciertos servicios médicos para los veteranos militares. En su ya conocida voluntad de alcanzar acuerdos bipartidistas, McCain aspira a alcanzar una reforma a largo plazo del sistema de salud. En el otro lado aparecen la Clinton y Obama con la voluntad de otorgar al gobierno el control de la salud de la ciudadanía. La Clinton defiende la cobertura para todos a través de un seguro médico obligatorio (y subrayamos la palabra) subsidiado para los grupos pobres de la población. Su propuesta retoca y modera algo su fracasado proyecto de reforma sanitaria de los noventa que buscaba brindar atención médica a todos los ciudadanos a costa de amplias subidas de impuestos al resto de los ciudadanos. Obama no anda muy lejos y está a favor de una cobertura universal garantizando desde el inicio el seguro infantil y exigiendo a las aseguradoras la imposibilidad de negar cobertura a un individuo argumentando condiciones de salud previas. Desde Europa, las posiciones de Obama o la Clinton pueden verse como lógicas a la hora de proteger al ciudadano.
En la cultura norteamericana de raíz conservadora, es el individuo quien debe tomar la iniciativa para encargarse de su propia salud, sin esperar que lo haga el gobierno a costa del dinero de otros contribuyentes.
En el ámbito laboral, uno de los temas más delicados de esta campaña es el de la inmigración. El Congreso de los Estados Unidos sufrió el pasado verano un varapalo por parte de la ciudadanía en su intento de ofrecer una amnistía a los inmigrantes ilegales. McCain fue entonces, junto al Demócrata Ted Kennedy, quien firmó ese proyecto de ley que jamás pasó la cámara del Senado. McCain ha reconocido haber aprendido la lección y darse cuenta de que el pueblo norteamericano quiere primero establecer mayores controles de seguridad en la frontera. Consciente de su error de que a los trabajadores indocumentados que ya están en Estados Unidos se les debe facilitar la obtención de la ciudadanía, McCain afronta respecto a este tema un reto importante. La Clinton, deseosa de obtener el voto hispano -tan importante para estas eleccionesaprueba una reforma migratoria completa, incluyendo una amnistía -que ya fracasó con Ronald Reagan en 1986- y ofreciendo controles más estrictos en las fronteras, así como multas para las compañías que emplean a trabajadores sin documentos. En el libreto de la Clinton, como en el de Obama, se insiste en buscar medidas para legalizar a los más de doce millones de inmigrantes ilegales que se dice están ya en Estados Unidos. En esta misma línea, Obama desea un mayor control en la frontera del sur con México y multas más fuertes para los negocios que dan trabajo a indocumentados. Como la Clinton -y como en su día McCain- juzga que dar a los inmigrantes ilegales la posibilidad de obtener la ciudadanía no es una amnistía si pagan una multa. La cuestión resulta delicada y en este particular hay que afirmar que ninguno de los dos partidos políticos, ni tampoco ninguno de los presidentes pasados desde los años ochenta han sido capaces de dar respuesta legislativa real a un tema de necesaria solución.
Como en cada elección, otro tema recurrente es el del derecho a la vida y el debate en torno al aborto. En esto, las diferencias entre Republicanos y Demócratas son claras. McCain afirma que se debe derogar la decisión de la Corte Suprema de 1973 que legalizó el aborto. Su voluntad es nominar y confirmar nuevos jueces que sean estrictamente constitucionalistas y que, por tanto, no estarían a favor de esa decisión que viola el derecho a la vida de un inocente. McCain busca también promover un aumento de las adopciones en Estados Unidos. En el lado contrario está Hillary Clinton, quien se olvida del derecho a la vida y lo sustituye por el derecho de la mujer a elegir, que dibuja como un derecho constitucional fundamental detrimento del derecho del inocente a nacer. Consciente de que debe atraer también a grupos moderados, la Clinton pone énfasis en la educación para evitar embarazos no deseados. Sabedor de lo delicado del asunto, Obama no ha hablado demasiado sobre este tema pero expresó ya su posición a favor del aborto al plantear algo retóricamente que las mujeres deberían tener derecho a decidir junto con sus médicos, familias y religiosos. El tema del aborto es uno de los que más ha dividido a la opinión pública y a los dos partidos políticos norteamericanos. La cuestión de la nominación de jueces al Tribunal Supremo, en manos del futuro inquilino de la Casa Blanca, resultará clave para los próximos años y definirá en buena medida aspectos como el del aborto.