Los tres candidatos que ahora mismo están en liza para hacerse con la presidencia resultan también extraordinarios en cuanto a su idiosincrasia personal. John Sidney McCain es un famoso senador de Arizona que compitió contra George W. Bush para la nominación republicana en 2000 y que, aunque disimuladas, ha tenido relaciones complejas desde entonces con el presidente y con la base conservadora de su partido. En noviembre de 2006 dio sus primeros pasos para declarar sus aspiraciones presidenciales en 2008 y lanzó oficialmente su candidatura en abril de 2007. McCain es una de las figuras de más alto perfil en Washington y es conocido por ser una especie de "independiente" o "disidente" (apodado así como maverick") a la hora de tomar decisiones. Ahí están sus posiciones a la hora de tratar temas como la base de Guantánamo, o leyes auspiciadas y firmadas por él junto a los Demócratas, como la polémica reforma de financiación de campañas electorales. McCain no contaba para muchos hace tan sólo unos meses, pero su apoyo a la escalada militar en Irak y su experiencia militar lo acabó llevando a la primera línea, al triunfo en estados importantes y a la ya hoy casi segura nominación por parte de los Republicanos. A pesar de que McCain dice ser un conservador, sus constantes diferencias con la Administración Bush lo han hecho más popular entre los Demócratas que entre la misma base conservadora de la derecha norteamericana.
En cualquier caso, su gran baza fue y sigue siendo su defensa inalterable de ganar en Irak y revisar las primeras estrategias, posición arriesgada hace unos meses pero que hoy le está favoreciendo a la vista de los documentados avances en Irak y la labor del general David Petraeus sobre el terreno. McCain sufrió algunos varapalos en cuanto a apoyos al inicio de su campaña y se vio obligado a recomponer su operación de recaudación de fondos tras obtener muy malos resultados hasta el verano de 2007. El grito de "Mac is Back" (McCain vuelve), lanzado por su campaña tras los primeros triunfos en New Hampshire y Carolina del Sur significó el regreso de McCain a primera fila y la capacidad para dar la vuelta a una campaña que parecía muerta en el verano de 2007. El atractivo electoral de McCain se apoya en sus claros antecedentes de ser un auténtico héroe de guerra. En 1967 participó como piloto de la Armada en la Guerra de Vietnam. Su avión fue derribado y él fue apresado. Hijo de un conocido militar, cuando se le quiso liberar, McCain rehusó a ser liberado antes que otros prisioneros de guerra, lo que le valió cinco años de cárcel en Vietnam, dos de los cuales estuvo confinado en solitario. Su odisea personal la ha relatado el propio McCain en unas memorias personales de interesante lectura que hablan mucho de la validez de McCain como próximo líder de un país que libra una importante guerra contra el terrorismo.
Hillary Rodham Clinton ejerce en la actualidad como senadora por Nueva York, pero pasará a la historia como la ex primera dama que compite por vez primera a la presidencia. Tras pasar el año noventa junto a Bill Clinton en la Casa Blanca, Hillary tiene una historia detrás bastante controvertida en cuanto a la aceptación popular. Se le percibe por unos como la solución y vuelta a los cómodos años noventa. Por otros se la ve como una figura polarizadora que ahondará más todavía la actual división política en Washington. Cuando anunció su candidatura vía internet, afirmó su voluntad de presentarse para ganar apoyada en su experiencia de muchos años: como abogada, como esposa de un ex presidente, y como senadora de uno de los estados más importantes del mapa político norteamericano -Nueva York-. La Clinton es consciente de que la aspereza con que se presentó ante el público en el pasado -basta recordar su obsesión en la primera mitad de los noventa por aprobar una radical reforma del sistema de salud debe tornarse en mayor suavidad -según muestra su tono más tibio y aun la flexibilización de posturas en cuanto a varios temas, incluido el de la sanidad-. Al igual que McCain, la Clinton juega con la ventaja del reconocimiento popular de su nombre, lo que hace de ella una candidata importante que hasta hace apenas unos meses se juzgaba como "inevitable". Sus datos de recaudación superaron entonces a los de McCain y en el primer trimestre de 2007 alcanzó cantidades desorbitadas de dinero para la campaña. Más allá de la propia autobiografía de Hillary Clinton, editada en español, la bibliografía en torno a Hillary es la más amplia de los tres candidatos, con libros bastante dispares pero que muestran siempre razones por las que al menos uno de cada tres estadounidenses jamás votaría por ella. Barack Hussein Obama es el tercer candidato en liza, también Demócrata como Hillary Clinton. Senador de raza negra por Illinois, su nombre saltó a la fama durante la Convención Nacional Demócrata de 2004 en la que se nominó a John F. Kerry. Empezó oficialmente su campaña en febrero de 2007 empleando el argumento de pedir el fin de la guerra en Irak, y asegurando que las tropas estadounidenses debían regresar en marzo de 2008. Obama fue uno de los pocos senadores que votaron en contra de la Guerra de Irak, tema que el senador lanza siempre que puede contra su contrincante en el partido -Clinton- y su oponente Republicano -McCain- . Una gran parte de medios de comunicación han venido viviendo una luna de miel con este candidato y lo han considerado como el fenómeno político que acapara la atención de Estados Unidos. Una conocida presentadora negra como Oprah Winfrey -seguida en su programa por millones de personas- lo convenció para que anunciara su candidatura en su popular programa televisivo. Casi salido de la nada, Obama ha roto los esquemas de la campaña de Clinton recaudando en total más que la senadora neoyorquina. A la vez, se trata de un político que -de salir elegido- habrá estado apenas cinco años en el Senado. Su campaña ha generado una gran masa de seguidores sobre la idea del cambio y por ser también el primer candidato negro con opciones reales de alcanzar la Casa Blanca. En tanto que sus seguidores lo definen como una persona inteligente y prudente, otra parte del público -sobre todo los Republicanos- juzgan que su candidatura es más un producto artificial falto de experiencia real y con inmensas lagunas tanto en política interior como exterior. De madre blanca nacida en Kansas y de padre negro nacido en Kenia, Obama está jugando esa doble carta de blanco-negro, negro-blanco que está muy de moda entre las filas de la progresía norteamericana. El acierto de Obama ha consistido en lanzar una campaña con brillantes discursos al hilo de su idea de la "audacia de la esperanza" con la que da título a su libro, editado también en español. Como nota aparte, obsérvese lo sintomático que resulta que los libros de los dos aspirantes Demócratas se hayan traducido al español -incluido el de un político novato y casi desconocido como Obama-, y no así el del candidato Republicano, con varias décadas de experiencia en el senado. Las razones para ello en el mundo editorial y de las comunicaciones en español requerirían de otro artículo aparte donde no sería difícil mostrar el desigual trato que se le da a los candidatos de uno u otro partido.