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Cuadernos de Pensamiento Político 18 Cuadernos de Pensamiento Político

Elecciones en EE. UU. 2008

por Alberto Acereda
Cuadernos de Pensamiento Político nº 18, Abril / Junio 2008

Número de páginas: 6
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Desde una perspectiva histórica, Estados Unidos fue el primer país que estableció este tipo de primarias constituyendo así el modelo más avanzado, participativo y representativo que a día de hoy se conoce en el mundo. Nadie obliga al ciudadano a votar en esos comicios primarios, pero nadie impide tampoco al sujeto político, o sea al ciudadano, involucrarse hasta donde quiera en dicho proceso y apoyar la selección del candidato del partido con quien se sienta más identificado. Los niveles de actuación ciudadana cambian entre los estados si bien en todos los casos se hace necesaria una fórmula que se encamine a evitar el elitismo propio de las democracias y el proceso de selección de los partidos de sus candidatos. Resulta difícilmente creíble -como suele leerse- que al ciudadano medio se le den pocas opciones y esto lo corrobora el gran número de aspirantes en estas primarias de 2008. Por supuesto, hace falta dinero, pero éste llega del compromiso que el ciudadano tenga con su propia campaña y la voluntad de éste de establecer una sana red de contactos dentro de cada partido y de involucrarse en la política. En este sentido, un libro como el de Lawrence Grey muestra el camino para empezar a ganar una elección local y avanzar en el proceso. La gama de nombres y opciones permite que el votante tenga algo que decir, si así lo desea, en la designación del candidato presidencial de su partido favorito. Para ello, en la mayoría de los casos, basta registrarse gratuitamente en un partido para poder empezar a tener voz y voto. Bien mirado, la participación de cada ciudadano es importante desde el mismo proceso de las primarias pues a la hora de votar ya en la elección general, los candidatos acaban reduciéndose ya a los elegidos a la presidencia por los delegados y "superdelegados" de cada partido. Estas prácticas electorales contrastan con la democracia a medias que se ha ido perpetuando en Europa e Hispanoamérica, donde son muy pocos los ciudadanos que, sin ser militantes activos -y aun siéndolo-, intervienen de verdad en un proceso similar.
Como no hay sistema político perfecto (ni siquiera la democracia norteamericana), a veces este formato de las primarias resulta tan complejo como el sistema electoral: elección indirecta de delegados que se pronuncian por un aspirante u otro y, de ser elegidos, lo apoyarán durante las convenciones estatales de su respectivo partido. A eso se añade la cuestión hoy tan candente (sobre todo en el Partido Demócrata) del dilema entre "delegados" y "superdelegados" (los viejos militantes o figuras de primera fila en la política nacional pueden ser designados "superdelegados", sin obligación con ningún aspirante). Históricamente, los delegados eran elegidos en "caucuses", o sea en asambleas en las que participaba sólo una pequeña cantidad de dirigentes locales y legisladores. Sin embargo, la voluntad de atraer más votos conforme se ampliaba el sufragio supuso la creación de las primarias abiertas donde se logró identificar más al partido con el ciudadano. El primer ejercicio de primaria como tal se dio en 1910 en el estado de Oregón y la práctica se fue ampliando a otros estados durante el siglo XX. Un hecho importante, además, fue el de los votantes "independientes", que suponían siempre un atractivo para cada partido político a la hora de buscarlos y lograr más votos de su parte. Esta expansión en el número de estados celebrando sus primarias es notable si pensamos que hace sólo cuarenta años, por ejemplo, el Partido Demócrata celebró diecisiete primarias, en tanto que en 1992 realizó hasta treinta y siete. En el caso del Partido Republicano ocurrió algo parecido pues ya para ese mismo año de 1992, tres cuartas partes de sus delegados fueron elegidos a través de primarias. Sólo así entendemos la importancia y el interés que el público general ha venido cobrando respecto a las primarias durante los últimos años. Un día clave como el ya conocido "supermartes" fue implantado en 1984, cuando varios estados acordaron celebrar el mismo día sus primarias. En estas primarias de 2008, ese "supermartes" fue esperado con ansiedad pues hasta veinticuatro estados eligieron entre los candidatos, lo que supuso un vuelco electoral en el caso de los Republicanos, con la salida de un aspirante importante como Mitt Romney y el asentamiento de John McCain de cara a ser finalmente nominado como candidato en la Convención Nacional Republicana del verano de 2008. Es en esas convenciones, por tanto, cuando los delegados elegidos durante las primarias escogen formalmente a los candidatos en las convenciones nacionales de ambos partidos, que este 2008 se realizarán a fines de agosto (Partido Demócrata) y comienzos de septiembre (Partido Republicano). El candidato ganador de cada partido escoge entonces a su compañero de fórmula, que en muchos casos es uno de sus rivales derrotados. Desde ahí al día de la elección general en noviembre se librará la segunda etapa de la campaña, con varios debates entre los candidatos oficiales nominados por cada partido. El 4 de noviembre se sabrá cuál de ellos recibirá una mayoría de votos (al menos 270) por parte del Colegio Electoral -que tiene en cuenta los votos electorales que otorga cada uno de los estados- y se convertirá en el nuevo Presidente de los Estados Unidos, el número cuarenta y cuatro de la historia. Aunque no suele ocurrir, la ley electoral dispone que si ningún candidato obtuviera una mayoría de votos del Colegio Electoral, el Presidente sería entonces elegido por la Cámara de Representantes, que votaría por Estados, y a cada Estado le correspondería un voto.
LO EXTRAORDINARIO DE LOS CANDIDATOS Y DE LAS ELECCIONES DE 2008
En la política estadounidense es común que el aspirante a ocupar la Casa Blanca sea el propio presidente o su vicepresidente. Sin embargo, en estas elecciones por primera vez desde 1928 la carrera presidencial se encuentra más abierta que nunca ya que ni el actual presidente ni el actual vicepresidente del país se presenta a una elección. Constitucionalmente, el presidente -en este caso, George W. Bush- no puede aspirar a un tercer período, y su vicepresidente -Dick Cheney- optó por no presentarse a la presidencia y declaró su intención de abandonar la política activa. Las elecciones que se celebrarán el 4 de noviembre de 2008 resultan, en este sentido, fuera de lo ordinario y hasta novedosas pues dejan el campo libre a varias candidaturas e intereses. Prueba de ello es que en el lado Demócrata, todavía no sabemos con certeza quién será el candidato nominado. Cuando hace menos de un año todos daban como segura nominada a Hillary Clinton, apareció la figura de Barack Obama que logró hacerse con un gran apoyo popular y sumar increíbles cantidades de dinero incluso a través de pequeñas donaciones por internet. Se trata de diversos modos de movilizar el voto en estrategias diseccionadas en libros como el de Donald P. Green y Alan S. Berger. Los expertos predicen que será la primera elección que supere los 1.000 millones de dólares norteamericanos. Cuando escribimos estas líneas, tres son todavía los candidatos en liza: un Republicano que obtendrá casi con toda seguridad la nominación: John McCain; y dos Demócratas que todavía están en plena batalla electoral: Hillary Clinton y Barack Obama. Cada uno a su modo, han llevado adelante campañas que se han saldado con el triunfo en su partido -caso de McCain- o con la llegada casi al final de otros dos -caso de Clinton y Obama-. No entraremos aquí, porque saldría del objetivo de estas páginas, a detallar esas estrategias pero justo es decir que en las elecciones presidenciales hay ya una amplia documentación empírica para analizar los diversos modos de lanzar las estrategias para cada campaña, según muestra la amplia bibliografía dedicada al tema en la historia electoral norteamericana y particulramente libros como el de James A. Thurber y Candice J. Nelson.
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