Disciplina, exámenes, notas, repeticiones y corrección de conductas desde el primer día de cada niño. Habituarlo a que va a ser juzgado, premiado o castigado por su trabajo, su esfuerzo, su voluntad, su respeto a los demás y a sí mismo, y que así aprenderá a ser mejor, a desarrollarse en plenitud. Ayudarle a superarse y exigirle esa superación. Nadie da lo que no se le pide. Nadie aprendió nunca sin intentarlo. Todos serán así más capaces, más felices.
Y no habrá abandonos porque se habrán creado caminos diversificados, vías para todos no sólo en función del talento, sino de la vocación y el esfuerzo a su servicio. Una enseñanza que merezca llamarse así no olvida a ninguno de sus discípulos, pero no les obliga a lo mismo ni los mantiene en una falsa igualdad que a todos degrada. Les ofrece todas las oportunidades posibles, los orienta en la elección, los compromete con ella, les abre futuros diversos, porque diversos son. No desdeña las enseñanzas profesionales, prácticas, la artesanía, la mecánica, los oficios en general, tan novedosos en muchos casos, tan en la vanguardia de la investigación y el progreso tecnológicos, tan imprescindibles en cualquier sociedad. Mucho más, desde luego, que tantas profesiones posmodernas de teóricos e interventores sociales tan propias del socialismo "de todos los partidos". Una enseñanza en y para la libertad no exige transitar a todos por un camino único. Nunca fue tan falso, en una sociedad igualitaria e interclasista como la nuestra, que la disposición de los jóvenes obedezca a una determinación social. La verdadera y única determinación social es la ignorancia que el actual sistema propicia. Y esa es la mayor injusticia y el mayor desprecio hacia los humildes, que no tienen más mecanismos de acceso a la cultura que la enseñanza pública.
Volvamos a enseñar y educaremos. Y educar será otra vez fortalecer, preparar para la vida, inculcar la generosidad intelectual y moral. Pero no, nunca, adoctrinar, modelar, sesgar, expandir la ideología de Gobiernos tentados siempre de poner la sociedad a su servicio.
1 Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, segunda ministra de Educación del Gobierno de Rodríguez Zapatero ha anunciado la posibilidad de pasar de curso en el Bachillerato hasta con cuatro asignaturas pendientes, dada su "enorme dificultad". Es cierto que alumnos a los que nunca se exigió nada se encuentran, al llegar a un Bachillerato comprimido de sólo dos años, con que carecen de la costumbre de estudiar y de la más elemental capacidad de superar cualquier obstáculo intelectual. Ya se maneja en círculos ‘progresistas' la idea de alargar la enseñanza obligatoria y comprensiva (de camino único) hasta los dieciocho años, evitar a los jóvenes un enfrentamiento demasiado prematuro con la exigencia y la responsabilidad, fomentar la igualdad social hasta la mayoría de edad, y cumplir así con los acuerdos de Lisboa al otorgar títulos para todos.