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Cuadernos de Pensamiento Político 17 Cuadernos de Pensamiento Político

Contra la educación en valores (Volver a la enseñanza)

por Javier Orrico
Cuadernos de Pensamiento Político nº 17, Enero / Marzo 2008

Número de páginas: 5
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Hay que partir, como advertíamos al principio, de lo extendido que está el tópico de la "educación en valores", y contar con la dificultad de establecer un nuevo discurso que explique a las familias que si sus hijos estudian y se esmeran, estarán mucho más cerca de crecer decentes y bondadosos, cumplidores y solidarios, que si se crían en el subsidio intelectual y el capricho. Sin embargo, esa dificultad real es también la que convierte en novedoso, en alternativo, lo que no consiste sino en la humilde aceptación de los más que contrastados modelos tradicionales de enseñanza. Comenzando por denunciar a ese nuevo rey desnudo de la modernidad que es la reinvención adanista de la pedagogía, la obsesión innovadora que convierte los métodos en fines a mayor gloria de los teóricos frente a los profesores, y recuperando así el sólido basamento de unos saberes elaborados durante milenios para construir sobre ellos el verdadero progreso. Desde esos principios se ha levantado la contundente propuesta de Sarkozy, no sólo en lo relativo a la enseñanza, sino también, con todas sus muy francesas constricciones, como modelo alternativo de gobierno para una sociedad democrática muy distinta de la que sigue persiguiendo el socialismo, con sus añagazas y disfraces, a pesar de su derrota histórica. Un modelo de enseñanza es un modelo de sociedad. Y, por eso, para la democracia que siempre quisimos, la que está en la Constitución del 78, lo que hemos de recuperar es la instrucción y la extensión de la cultura para todos, los conocimientos como eje, la preparación en la excelencia, la "in-formación" como el elemento esencial para la "formación" sin manipulaciones, sin buscar otro modelo de persona que la que es dueña de su destino desde el respeto a los demás.
Muchas veces se ha citado, con buen tino, a la vieja Formación del Espíritu Nacional franquista, a la que llamábamos Política y no le hacíamos el menor caso, como antecedente de la EpC. Les contaré, sin embargo, al respecto de lo que aquí sostenemos (que sólo la información nos defiende del sectarismo disfrazado de valores), el curioso caso antidoctrinario de mi FEN de COU en la Universidad Laboral de Éibar (Guipúzcoa). Las conocidas como "laborales" fueron, seguramente, las mejores instituciones de enseñanza del siglo XX en España. Sólo he oído hablar bien de ellas, aunque mi experiencia se limita a aquel curso en el que el COU se implantaba de modo general, suprimiendo definitivamente el PREU, para todos los alumnos del viejo Bachillerato del Plan de 1957. Aparte de la enorme exigencia que suponía competir con estudiantes de expedientes excepcionales de toda España, a la búsqueda de una beca para continuar estudios que requería la obtención de una media mínima de notable, la metodología a la que nos sometieron aumentaba exponencialmente la dificultad. Nada más llegar, nos pasearon por las distintas aulas temáticas -donde íbamos a cursar las optativas-, las cuales contenían una biblioteca cada una con todos los manuales de consulta de nivel universitario (Valbuena, Torrente Ballester o Díez-Echarri en Literatura, por ejemplo), nos entregaron el programa de la asignatura y nos informaron de que allí encontraríamos todo lo necesario para elaborar nosotros mismos los temas para desarrollarla. Teníamos dieciséis años, llovía sin parar (estuvo seis meses lloviendo, o yo lo recuerdo así) y pensamos que, en verdad, no sabíamos dónde nos habíamos metido.
Todos los que salimos de allí hacia distintas facultades y universidades españolas encontramos luego, y así lo confirmé con muchos viejos compañeros, que el trabajo en Éibar nos había desbrozado las dificultades de los cursos selectivos que entonces se estilaban en primero de carrera y, en general, nos había preparado excepcionalmente para nuestro devenir universitario. Cuantos conozco acabaron limpiamente las carreras sin perder un año, muchas de ellas ingenierías como ‘telecos' o ‘caminos'. Nos entregamos como nunca -necesitábamos las becas-, y aprendimos para toda la vida con algunos de los mejores profesores que íbamos a conocer nunca. Como Magdalena Vallejo, que luego sería presidenta de los catedráticos de instituto -el ilustre cuerpo disuelto por la LOGSE, seguramente por eso, por ilustre-, que me enseñó un modo de mirar la literatura y el cine que siempre me ha acompañado.
Pero el caso de la Formación del Espíritu Nacional resulta realmente aleccionador. El profesor era un hombre joven con algún cargo oficial, se decía, pero que, en lugar de inculcarnos las bondades de la democracia orgánica, se dedicó a darnos un curso de formación constitucional, empapándonos de Maurice Duverger y mostrándonos los distintos modelos de Estado vigentes en el mundo. Los fundamentales. Desde la Confederación Helvética, los federalismos americano y alemán, y el presidencialismo francés, hasta la Constitución soviética. Esas son las que recuerdo con plena nitidez, aunque entre brumas me viene también el modelo italiano (no sé si para presentar un antimodelo, a causa de su inestabilidad) y algo de esas peculiaridades inglesas que son su monarquía y no escribir las cosas. El caso es que a mí aquello me gustó mucho, dadas las inquietudes que ya nos removían, y lo estudié con placer. Y eso que, según dirían los didactas neodernos, carecía de utilidad inmediata (aunque son ellos los que carecen de toda utilidad). Lo que entonces no sabíamos es que la iba a tener muy pronto. Y, sobre todo, que me iba a servir para siempre. La cultura es lo que tiene. Gracias a aquel profesor que evitó adoctrinarme y que puso ante mí un bastante decente conocimiento del constitucionalismo y los distintos modelos de Estado del mundo, los señores Maragall y Zapatero no me engañaron nunca, como sí lo han hecho con España al colocarnos un modelo confederal, el que consagra el Estatuto de Cataluña de 2006, camuflado de federalismo. Que no sólo no son en absoluto lo mismo, sino que más bien están concebidos para lo contrario: uno para mantener diferencias, el otro para acabar con ellas. La trampa del federalismo asimétrico, una estafa en toda regla, un oxímoron trilero, mira si son, le salió muy bien a Maragall, aunque luego se haya quejado de la utilización y acuchillamiento políticos a que lo sometió el hombre al que él creyó usar primero. Y es así que si el común de los españoles hubieran tenido en sus estudios una asignatura sobre modelos políticos y constitucionalismo, sobre lo que es una soberanía delegada y recuperable, una soberanía cedida al conjunto, o una estructura del Estado surgida de la soberanía previa basada en la Nación única, entonces estos administradores de "El Retablo de las Maravillas" no habrían podido estafar a los españoles como lo han hecho.
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