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La cultura pasa por aquí

Cuadernos de Pensamiento Político 17 Cuadernos de Pensamiento Político

Contra la educación en valores (Volver a la enseñanza)

por Javier Orrico
Cuadernos de Pensamiento Político nº 17, Enero / Marzo 2008

Número de páginas: 5
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El efecto de esa sustitución de la cultura por la engañosa "educación en valores" ha sido, pues, un sistema educativo que ya no transmite ni cultura ni valores. Acaso el más exacto reflejo de la España irreconocible que el socialismo nos prometió. Nuestro sistema no prepara para enfrentarse a nada, mucho menos a la vida. Entonces, ¿cómo va a lograrse con una simple asignatura educar para la democracia a unos jóvenes a los que, sencillamente, no se educa? ¿Alguien puede creer en la eficacia de una perorata sobre principios que no se viven, que no regulan la vida cotidiana en las instituciones a las que asisten, que no perciben con el ejemplo, que se decía antes? ¿Cómo van a respetar la Constitución o las leyes quienes han crecido en el incumplimiento impune del Reglamento de su centro? ¿De qué valdrá proponer valores cívicos a quien ha ejercido el capricho, la zafiedad y la insolencia sin corrección alguna, a quien ha aprendido que da igual que estudie como que no, a quien ha visto predominar a los tramposos y los violentos, y esconderse a los estudiosos para no ser acosados? Cada día y cada hora, desde hace quince años, en nuestros centros educativos se gastan miles de palabras inútiles para quienes saben que no han de tener consecuencias. Incluso admitiendo una recta intención, que ya es, ¿cómo puede el socialismo educativo insistir de manera tan torpe y dogmática en sus errores, seguir degradando los conocimientos, quitando horas a las verdaderas asignaturas, manteniendo principios pedagógicos probadamente dañinos? ¿Estamos ante un despliegue de recalcitrante estupidez, sin más? Pero si no es así, y ya no sabe uno lo que es peor, ¿cuáles son los objetivos reales de esta materia falsamente cívica, trufada de ideología "alternativa" y, en el fondo, antidemocrática, último ensayo de la "educación en valores", que predicará formalmente la responsabilidad mientras les consiente pasar de curso con cuatro asignaturas suspensas 1? La propia ministra nos da la respuesta: "Les vamos a enseñar lo que es la democracia y cómo hay que vivir en democracia ", dijo la señora Cabrera en la presentación de la materia, por si alguien aún tenía alguna duda. Van a imponer cómo hay que vivir, cómo hay que pensar, cómo hay que sentir, en una gelatina de pensamientos, sentimientos y emociones determinados por el Estado y destinada no sólo a que respetemos las leyes aprobadas en el Parlamento, sino a que las asumamos sin resquicios, a que asintamos hasta en los más íntimos rincones de nuestra conciencia a los dictados del bondadoso Gobierno que vela por nosotros. O sea, el totalitarismo. Blanco, suave, dulce, pero orwelliano. Exactamente lo contrario de aquello en lo que consiste la democracia: en que, siempre que respetemos el marco de derechos y obligaciones establecido por las leyes, y desde la libertad fundamental de poder manifestar pacíficamente nuestro desacuerdo, nadie nos diga cómo tenemos que vivir, pensar, sentir.
Hay muchas gentes de buena fe que no han leído el programa de estudios (ahora los llaman currículos, dado que la palabra estudiar ha sido prácticamente desterrada), y han terminado por creer la propaganda gubernamental sobre la asepsia ideológica de la asignatura y su conveniencia para paliar el desvarío educativo que ya todos perciben. Veamos al respecto, como simples catas, algunas de las ideas que recorren de modo más o menos explícito los contenidos de la asignatura (ahora, gracias a Dios, con perdón, será casi la única que podrá llamarse así, la única a la que habrá que asistir y aprobar, la única que van a vigilar comisarialmente):
• Occidente es culpable de la pobreza y el mal en el mundo: la globalización es el arma del imperialismo. Hay que acabar con eso. Lo afirma el propio Victorino Mayoral, diputado del PSOE y preboste de la Fundación CIVES, que es la responsable del programa de estudios y de la formación de los miembros de la nueva "Compañía de Gregorio" (Peces Barba), destinada a impartir la verdad ciudadana: "La materia debe contrarrestar los valores del neoliberalismo conservador". No se puede decir que sea ambiguo. Doctrina, eso sí, para los pobres que no tienen otra salida que la enseñanza pública, porque ellos, los elegidos (a dedo) de los departamentos afectos, además de estarse forrando con los cursos de ‘ciudadanía' para profesores, van a seguir mandando a sus hijos a formarse en las escuelas de negocios del neoliberalismo conservador, el odioso capitalismo en el que tan bien viven y contra el que calman sus almas atormentadas y escindidas entre la revolución y las tostas de foie .
• El cristianismo y las iglesias y religiones en general, sobre todo la Católica, son de la misma especie que el islamismo: guerra, fanatismo, intolerancia.
• Sin embargo, el islamismo y las argollas tribales, indigenistas y nacionalistas deben ser vistos con simpatía y respetados (multiculturalismo), aunque vayan contra la razón ilustrada y democrática y contra el marco constitucional, porque, al fin, es ideología de los oprimidos, mientras que la Iglesia Católica representa a los opresores.
• El comunismo-socialismo, a pesar de sus crímenes, el panarabismo antijudío, el chavismo ‘bolivariano' o cualquier cosa que se oponga al capitalismo y a Occidente siguen siendo la única esperanza del otro mundo posible, el recurrente sueño del hombre nuevo donde se alcanzará la esperada perfección, aunque hasta ahora en todos sus intentos sólo se alcanzó el horror. Hay que seguir en ello.
• La sexualidad no tiene nada que ver con la naturaleza: es una pura decisión personal en la que todas las opciones no sólo han de ser respetadas -asunto que ya nadie discute y que, por cierto, debería ser recíproco- sino algo muy diferente: valoradas del mismo modo, puestas en pie de igualdad y ofrecidas a la juventud como caminos igualmente deseables.
En fin, que de lo que se trata es de liberar al hombre de la afección a la opresiva civilización occidental de raíz cristiana, para convertirlo en seguidor del Estado ambizurdo, que vive del capitalismo, pero renegando de él y cavando, a ser posible, la ruina de lo que administra. Si en verdad hubieran querido informar a los jóvenes de sus derechos y deberes como ciudadanos, se habrían limitado a enseñarles la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquello que nos liga a todos porque recoge el resultado de siglos de evolución de una cultura nacida de lo mejor de Grecia: la revolución individualista, personalista, que hizo del hombre, regido por la razón ilustrada, el dueño de su destino. Pero no parece que sean esos los fines (enseñar que el buen ciudadano es el que respeta el marco legal y los derechos de los demás, o sea, la democracia), sino que lo que se busca es que no nos rebelemos -como decíamos más arriba- intelectual ni éticamente contra las concepciones que el Estado pone en práctica a través de las leyes, siempre, por supuesto, que respondan a la ideología correcta, dialogal y tripartita. No basta, por poner un ejemplo, con que se respete la adopción de niños por los matrimonios homosexuales, establecida en el actual ordenamiento jurídico, sino que hay que compartir la medida si quieres ser considerado un buen ciudadano. Y, lo que es más grave, si quieres que te aprueben la asignatura. Por el contrario, si se tratara de leyes acordadas por una mayoría conservadora, entonces la correcta vivencia ciudadana habría de llevar a oponerse a ellas. En alguna medida, se trata de "reeducar" a los desviados. No quisimos la democracia para esto. Para convertir la enseñanza pública en un arma política.
3. LA CULTURA COMO GUÍA
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