No está todo perdido, sin embargo, si nos preguntáramos por todo esto, que está perfectamente claro para todos nuestros godos de dentro o de fuera de nuestras fronteras. Porque la divertida ironía de Teodorico con respecto a Roma se hizo verdad, y no está escrito que no pueda volver a serlo; porque en realidad no era un juego, ya que los bárbaros no juegan con constructos mentales ni gramáticas, ni conversan, ni tienen el distinguido síndrome de la fascinación por el suicidio, que los norteamericanos ven en nosotros y en su bienestante y diletante "intelligentsia". En realidad, esa observación del rey godo es un exacto diagnóstico realista, la sarcástica expresión de un conocimiento político absolutamente serio de la Roma que ya no era Roma. Y, ahora, son millones los odiadores y codiciosos de Europa que saben que ésta, como poco, ya va siendo no-Europa. Y que está bastante adelantada en ello. Esperemos que no sin vuelta, como Eurídice.
Aunque esta vez la salud de Eurídice está en que Orfeo, todos nosotros, miremos hacia atrás, nos digan lo que nos digan los nuevos dioses.
José Jiménez Lozano, Escritor y Premio Cervantes.
* Este texto, revisado por el autor, recoge su conferencia "Occidente", pronunciada en el Campus
FAES dentro del curso "Reinventar Occidente" (Navacerrada, 3 de julio de 2007)