Los efectos del surgimiento de fronteras a los que se acaba de aludir
se acabarán modelando en función de los comportamientos que
adopten los agentes empresariales al adecuar sus estrategias competitivas
a la nueva situación institucional que surja de la secesión.
Por ello, tiene interés conocer cómo perciben los empresarios
vascos el planteamiento que ha ido formulando el Gobierno Vasco desde septiembre
de 2002 en torno a su proyecto político. Un reciente estudio persigue
esa finalidad (Buesa, Heijs, Baumert y Martínez Pellitero,2004).
Se basa en una encuesta realizada sobre el millar de empresas no financieras
medianas y grandes que existen en el País Vasco, con una muestra
limitada aunque suficientemente representativa. Sus resultados permiten
destacar que:
· En primer lugar, esas empresas se encuentran estrechamente vinculadas
al mercado nacional español, hasta el punto de que una buena parte
de ellas cuentan con instalaciones productivas y de distribución
dentro de él, además de las localizadas en el País
Vasco.
· En segundo término, durante los últimos años,
en las decisiones de inversión y localización de estas empresas,
más allá de los factores de demanda, cambio tecnológico
y coste del capital, ha ejercido una influencia apreciable tanto el terrorismo
como la situación política de la región, elementos
éstos que, en alrededor de un tercio de los casos, les han inducido
a trasladarse a otras regiones.
· En tercer lugar, los directivos empresariales destacan que el
plan Ibarretxe les afecta negativamente, de manera que consideran
no sólo que su consecución puede perjudicar a sus negocios
[ 8 ] , sino que lo está haciendo ya, incluso antes de su tramitación
parlamentaria.
· Y, por último, como consecuencia de lo anterior, en cuatro
de cada diez empresas se ha empezado ya un proceso formal o informal de
evaluación de la estrategia futura, contemplándose varias
posibilidades, entre las que la más citada es el abandono del País
Vasco mediante el traslado de la actividad productiva o de la sede social
a otras regiones de España. Esta opción, que se plantea la
cuarta parte de las empresas medianas y grandes, puede dar lugar a un efecto
directo de reducción de la actividad económica de la región
equivalente al 10 por 100 del PIB.
Un segmento empresarial, sin duda relevante, que puede ser estudiado
de manera agregada y sectorial, es el de los inversores extranjeros. Su
interés se deriva no sólo de la importancia que tienen las
empresas multinacionales para impulsar el desarrollo regional -tanto por
su implicación en la producción, como por su papel en la transferencia
de tecnología-, sino también del hecho de que su comportamiento
suele ser muy sensible a los problemas políticos. El caso del País
Vasco, partiendo de la información de que se dispone acerca de los
flujos de inversión directa, ha sido analizado por FernándezOtheo
y Mariscal (2004). Estos autores señalan que, aunque la trayectoria
de la inversión directa extranjera (IDE) en el País Vasco
ha sido paralela a la que registra el conjunto de España, su nivel
absoluto ha sido muy bajo -el 3,5 por 100 del total nacional entre 1988
y 2002- y no se corresponde con la dimensión relativa la economía
vasca. De este modo, la región ha obtenido un 40 por 100 menos de
inversión de la que cabría esperar en función de su
tamaño, siendo particularmente llamativos los flujos correspondientes
a los dos últimos años, cuando las liquidaciones de inversiones
han sido mayores que las entradas de capital, dando lugar a cifras netas
negativas.
Por otra parte, cuando se modelan para su análisis econométrico
los factores que determinan la IDE, se comprueba que el comportamiento del
País Vasco es muy anómalo. Así, contrariamente a lo
que cabría esperar y a lo que ocurre en el plano agregado nacional,
que en esto no se separa de la experiencia internacional, esa inversión
se ve influida negativamente por el crecimiento económico, el esfuerzo
de asignación de recursos a la creación de tecnología
y los costes laborales, a la vez que se muestran con un signo positivo los
factores expresivos de la inestabilidad macroeconómica como la inflación
y el tipo de cambio efectivo real. Tal anomalía está seguramente
determinada por el efecto distorsionador al que ha conducido la persistencia
del terrorismo en la región durante varias décadas. Sin embargo,
debido a la limitación temporal de los datos de que se dispone y
al hecho de que no se cuenta con una buena variable cuantitativa que exprese,
de manera sintética, la actividad terrorista, este extremo no se
ha podido establecer con precisión analítica
[ 9 ] .
Antes he señalado que los costes de la secesión se extienden,
más allá de los efectos derivados de la aparición de
fronteras, hacia las consecuencias de la asunción de competencias
estatales. Éstas implican la realización de programas de gasto
cuya financiación puede resultar problemática si los ingresos
fiscales no se elevan suficientemente. Un estudio de A. Utrilla (2004) aporta
las cifras fundamentales de este asunto. Su trabajo señala tres aspectos
fundamentales:
· En primer lugar, que, de acuerdo con la
cuenta de renta de
los hogares que elabora el INE, el saldo del sector público es
positivo para el País Vasco. A la inversa de lo que ocurre en otras
Comunidades Autónomas de alto nivel de PIB por habitante, como Madrid,
Cataluña, Navarra o Baleares, los vascos no contribuyen en nada,
de manera solidaria, al traslado de recursos hacia otras regiones españolas
menos desarrolladas, recibiendo en 2000, por el contrario, 232 euros por
persona
[ 10 ] . Lógicamente, esta transferencia desaparecería en
el caso de que el País Vasco se independizara de España
· En segundo término, se estudian las consecuencias financieras
del sistema de concierto económico, destacándose que éste
no conduce a un esfuerzo fiscal menor en el País Vasco que en el
total nacional, sino más bien a una diferencia entre la valoración
de las cargas asumidas por la Comunidad Autónoma en el ejercicio
de sus competencias y la cuantía de los tributos concertados para
financiarlas, de manera que éstos son muy superiores a aquellas,
lo que deja un margen apreciable en beneficio de las Administraciones regionales.
· Y, en tercer lugar, el profesor Utrilla se adentra en la estimación
de los gastos que corresponderían a un País Vasco independiente
por el ejercicio de las competencias del Estado que actualmente no tiene
asumidas. La aplicación de una metodología basada en criterios
generalmente aceptados que tienen en cuenta la divisibilidad del gasto,
la determinación de sus beneficiarios y la existencia o no de economías
de escala, conduce a una cifra de 10.659 millones de euros para 2002 -de
los que 5.664 corresponden al sistema de Seguridad Social, entendido éste
en los términos de la Contabilidad Nacional, y 4.995 al gasto de
las Administraciones, principalmente en asuntos exteriores, defensa, política
económica y protección social-; cifra que sólo se compensa
parcialmente con los 6.474 millones de euros que el Estado dejaría
de obtener -de los que 4.252 corresponden a las cotizaciones sociales, 1.187
a los impuestos netos recaudados por la Agencia Tributaria y 1.035 al cupo-.
Por tanto, la secesión implicaría, de manera inmediata, para
el Gobierno Vasco un déficit público de 4.185 millones de
euros, lo que equivale al 9,3 por 100 del PIB. No obstante, esta cuantía
podría ser menor si, en vez de la citada metodología, se estimara
el gasto de las competencias estatales con el sistema que se aplica en los
cálculos del Concierto Económico, pues entonces el gasto total
ascendería a 8.487 millones de euros y el déficit a 2.013
millones; es decir, a sólo el 4,5 por 100 del PIB.