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Cuadernos de Pensamiento Político 6 Cuadernos de Pensamiento Político

Un año después

por Ricardo Montoro Romero
Cuadernos de Pensamiento Político nº 6, abril-junio 2005

Número de páginas: 7
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En sus habituales líneas de actuación, este Gobierno despliega su verdadero contenido ideológico radical: ver la derecha como un enemigo de la sociedad, y defender unos supuestos derechos cívicos que no afectan a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Quizá vimos el gesto más claro y rotundo de la radicalidad de la política del nuevo Gobierno el primer domingo después de la toma de posesión del nuevo Presidente, con el anuncio repentino y efectista de la retirada inmediata de las tropas españolas de Irak, y casi en contra de lo que había dicho o insinuado el mismo Presidente en el debate de investidura (la palabra blanda , que nada decía y lo decía todo). Porque, según las encuestas, los españoles se oponían a que España interviniese en la guerra de Irak (y, de hecho, no intervino); y también se oponían a la misma guerra (¿podría ser de otra forma?). Pero, una vez terminada la guerra en su aspecto formal, en el nuevo escenario de presencia militar de muchos países de Europa y del mundo en aquel país para colaborar en su reconstrucción y avance hacia la democracia, ¿era seguro que los españoles deseaban la vuelta de las tropas, si hubiesen conocido el coste que implicaría para España al debilitarse su política internacional? Eso es menos claro. Pero, aun así, lo importante era la acción radical. Vimos ahí un primer y claro trazo del ejercicio radical del poder. El golpe de efecto. La búsqueda del aplauso popular. El recurso a unos supuestos grandes principios. Luego vinieron la alianza de civilizaciones y la paz perpetua , pero sólo era más de lo mismo.
EL LAICISMO EN LA VIDA ESPAÑOLA
Un gobierno en minoría, improvisando en el Parlamento, radical, y laicista . Después de 25 años de democracia, de golpe, el término laicismo ha salido a la palestra, a la primera fila del discurso público. ¿Dónde estaba hasta ahora? ¿Por qué nadie hablaba de él en los anteriores gobiernos del PSOE? Por laicismo hay que entender aquella «doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa». Y por aconfesional debe entenderse «Que no pertenece o está adscrito a ninguna confesión religiosa» [ 3 ] .
Realmente, el moderno laicismo procede de los ilustrados del siglo XVIII , y fue una poderosa arma en sus manos para conseguir la separación entre Iglesia y Estado. Hasta ese momento, los poderes religiosos y políticos habían estado mezclados, se confundían incesantemente. Producida la separación, pudo desarrollarse el universo de derechos y deberes cívicos que impregnan las democracias liberales y parlamentarias de nuestros días. Pero no podemos olvidar que el laicismo de los ilustrados (desde luego el más radical) tenía un doble sentido: separar el Estado de la religión, el poder civil del poder religioso ( laicismo estatal ), y también separar la religión de la sociedad y los individuos ( laicismo social ). Es decir, el laicismo fue un término utilizado como arma ofensiva contra la religión, contra cualquier religión.
Herederos de la Ilustración del XVIII son tanto el liberalismo como el socialismo clásico y marxista. El liberalismo se detuvo en la separación de Estado y confesión religiosa (en el laicismo estatal ), y sentó las verdaderas bases de aquella modernidad que nos trae hasta nuestros días. El socialismo, sin embargo, fue más lejos; buscó también el laicismo social , hasta llegar al lema marxiano de «la religión es el opio del pueblo». Es decir, la religión es un importante elemento de la superestructura ideológica que, al fin y a la postre, sirve para que la clase dominante afiance su explotación sobre la clase dominada. Y, por si fuera poco, además, la religión narcotiza tanto a los dominantes como a los dominados; de ahí su carácter de opio adormecedor que le atribuía Marx. Es una herencia del uso radical y agresivo que buena parte de la Ilustración hizo del laicismo, sobre todo en Francia y su sangrienta Revolución del siglo XVIII [ 4 ] . No es de extrañar que sea Francia el único país europeo en el que se usa habitualmente este término; y no es de extrañar en un país que tiene como himno una marcha de milicianos de aquella época revolucionaria y sangrienta, que celebra su día nacional el 14 de julio, recordando la toma popular de la Bastilla, y que tiene los restos de Napoleón en un fastuoso mausoleo. Parafraseando el dicho popular, se hace bueno aquí lo de «dime qué conmemoras y te diré qué eres».
Pero dejando aparte el caso francés, heredero, como todos los países, de su propia historia, es cierto que el socialismo clásico, el de la lucha de clases, la dictadura del proletariado, la explotación del hombre por el hombre y tantas otras cosas, ha utilizado como arma el laicismo en las dos versiones: separar al individuo de cualquier confesión religiosa, y no sólo separar el Estado de la religión. Y es fácil pensar que, si se logra ese propósito, si realmente todos los individuos se separan de la religión, el resultado final es la extinción de cualquier confesión religiosa. Eso es, precisamente, lo que el laicismo ilustrado radical buscaba para cambiar la sociedad; y lo que también quería el socialismo.
Pero, por muy buenas que sean las ideas, no siempre dominan la evolución de las naciones. El caso francés es peculiar, y no hace más que reflejar su historia. Realmente, el laicismo de la extinción de la religión triunfó allí donde lo hicieron los regímenes comunistas; en la Unión Soviética, en los países del Este de Europa (Polonia fue otra excepción, también debido a su historia), en China o Cuba. Pero tampoco sirvió para mucho, si se observa el triste destino que han tenido casi todos estos regímenes.
Y es que el fenómeno religioso es muy complejo. En todas las sociedades conocidas hay idearios religiosos de algún signo. Y cuando no existe una organización religiosa potente y capaz de atraer de manera ordenada a masas de población, de inmediato surgen grupúsculos desordenados en los que se refugia la gente. Allí donde no hay organización religiosa aparecen las sectas. El ideal de una vida social equilibrada, habitada por hombres socialistas que viven para el prójimo y para la comunidad, y que se satisfacen en esa vida comunitaria, no ha pasado de las páginas de libros escritos por iluminados de mayor o menor talento intelectual. El sentimiento religioso forma parte del ser humano desde que lo conocemos como tal.
A comienzos del siglo XXI , es obvio que los Estados democráticos, como grandes organizaciones políticas y de convivencia, aplican el laicismo estatal ; son independientes «de cualquier organización o confesión religiosa». Y, también obviamente, son igualmente aconfesionales.
Uno de los obstáculos para la modernización de los países islámicos se encuentra, precisamente, en que no han logrado la separación entre Estado y religión; en que los jefes políticos son también jefes religiosos (y no, precisamente, al estilo de la reina de Gran Bretaña, que ostenta ambas jefaturas de un modo simbólico y no ejecutivo). Como no podía ser de otra forma, en la España moderna también se registra el laicismo estatal . No tenemos más que leer lo que dice nuestra Carta Magna, donde se plantea muy bien la cuestión. Su Artículo 16 contiene los siguientes tres parágrafos:
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
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NOTAS
  • [ 3 ] Nos pueden servir estas dos buenas definiciones que se pueden encontrar en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
  • [ 4 ] Para desmitificar lo que fue aquello, nada mejor que leer al gran Dickens y su Historia de dos ciudades.

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