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Cuadernos de Pensamiento Político 6 Cuadernos de Pensamiento Político

Un año después

por Ricardo Montoro Romero
Cuadernos de Pensamiento Político nº 6, abril-junio 2005

Número de páginas: 7
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Sabemos que el PSOE obtuvo 11.026.163 votos. Pues bien, el 9,4% de los que votaron al PSOE (1.036.444 de personas) dicen que lo hicieron por los atentados del 11-M, y el 15,7% (1.731.082 votantes) afirma que votaron al PSOE para que no ganase el PP. Está claro que son esos mismos que han votado al PSOE empujados por los atentados, y que no iban a ir a votar porque no son sus votantes naturales .
Todo eso referido a la población general (es decir, mayores de 18 años). Pero los más jóvenes jugaron un papel importante en estas elecciones. Lo más relevante de lo que hicieron o dejaron de hacer se encuentra contenido en la siguiente Tabla 5.

Los jóvenes (18-29 años) ante el 11-M y las Elecciones Generales
Muchos jóvenes votando (3.750.000), y también arrepintiéndose de haberlo hecho (800.000). La mayoría de esos votos juveniles, hacia el PSOE (1.900.000; sólo unos 700.000 al PP). A muchos (2.000.000) les influyó el 11-M en la decisión del voto: 600.000 se iban a abstener, pero no lo hicieron por el 11-M; 750.000 decidieron votar al partido que votaron después del 11-M; 450.000 votaron al PSOE para evitar que ganase el PP, y sólo 57.000 votaron al PSOE pensando que era el más capacitado para gobernar. En definitiva, un voto juvenil masivo, abstencionista en situaciones normales, movido por el 11-M, y dirigido hacia el PSOE. Unos y otros datos indican, por consiguiente, que el 11-M incidió en las elecciones de una manera muy precisa.
EL GOBIERNO DEL 14-M
Este nuevo Gobierno socialista salido de las urnas de manera sorpresiva, traía más sorpresas escondidas. Todos en España esperaban un Gobierno de corte socialdemócrata, como hemos conocido en el período 1982-1996. Con sus luces y sus sombras, pero de corte socialdemócrata. Sin embargo, aparece un estilo gubernativo nuevo e inesperado. No el del famoso talante y diálogo como lema, que iba de suyo y era previsible, sino un estilo radical y laicista , eso sí, de palabra blanda .
Una ideología radical y laicista en España de la mano del PSOE y a comienzos del siglo XXI , ¿de dónde sale? Para encontrar una explicación, hay que retroceder al 35 Congreso del PSOE, celebrado entre los días 21 y 23 de julio de 2000 bajo el lema El nuevo impulso . En ese
Congreso, después de la grave crisis que vive el PSOE en su liderazgo desde la pérdida de las elecciones en 1996, se impone, por un puñado de votos entre 998 delegados, una candidatura encabezada por un líder joven procedente de una larga y oscura estancia en un escaño del Congreso de los Diputados, acompañado de figuras de escasa relevancia y trayectoria pública. Después del relevo fallido de Almunia, que ofrecía mayor proximidad a la izquierda, cierto, pero también continuidad en la política socialdemócrata tradicional, se produce un salto en el vacío con el ascenso al poder socialista de un núcleo de dirigentes que realizan interpretaciones atípicas.
En la oposición, estas nuevas posiciones del PSOE despertaban curiosidad y tenían su atractivo, es cierto; pero el espacio de la oposición política no está sometido a los potentes focos que iluminan cada paso que da un Gobierno, ni tampoco asume las mismas responsabilidades. Los hitos de esta breve andadura son: la reacción ante el Prestige y, después, ante el conflicto de Irak; el recurso a la pancarta y la manifestación; el estilo discursivo del líder, adornado de frases preciosamente construidas y mejor dichas, pero con escaso contenido, de palabra blanda ; y, ante todo y sobre todas las cosas, una intención muy clara de arremeter contra el PP. Aparentemente, este nuevo PSOE estaba muy a la izquierda; pero sólo lo justo para simpatizar con IU. Se situaba, también, en sintonía con los nacionalismos independentistas de ERC, BNG, PNV, EA, e, incluso, de la CHA; pero sólo lo justo para aparentar comunidad de sentimientos con ellos. En la misma pancarta, sí, pero no en el mismo lugar. Con dos cruzamientos muy claros: un cruce ilógico de discursos entre todos esos partidos, incluyendo ahora al PSOE, que tenía un único elemento común: derribar al gobierno del PP a toda costa. Y, en el interior del PSOE, un cruce ideológico , a modo de cortocircuito interno, localizado en el PSC, sobre todo después de la fórmula del tripartito catalán. En las elecciones catalanas de 2003, CIU fue el partido que obtuvo más escaños (46). Pero el PSC, con sólo 42, buscó la alianza con ERC (23) e IC (9) para gobernar en un equilibrio casi imposible. No sabíamos que lo que entonces se juzgó como una aventura política de conquista del poder para desalojar a CiU y de escasa viabilidad futura, se convertiría casi en un modelo a imitar desde La Moncloa después del 14 M.
EXIGUA MAYORÍA PARLAMENTARIA
Con sus 164 escaños obtenidos el 14-M, el PSOE se quedó a 12 escaños de la mayoría absoluta (176 escaños). Distancia corta y larga, a la vez. Y, curiosamente, con tan sólo 12 escaños de diferencia hasta la mayoría que necesita un gobierno para gobernar cómodamente, optó por no establecer ningún acuerdo de legislatura, e improvisar día a día. Ya casi nadie recuerda que, en 1996, el PP alcanzó sólo 156 escaños (8 menos que los actuales del PSOE), y que, sin embargo, firmó acuerdos públicos con grupos minoritarios para garantizar la viabilidad de la legislatura (que, por cierto, agotó escrupulosamente). En 2004, el escenario iba a ser distinto.
La lógica de las cosas antes del 14-M, y la dinámica parlamentaria de los pequeños partidos regionalistas tiene mucho que ver con lo que ocurrió, con lo que ahora sucede, y con lo que la gente llega a percibir; merece, por tanto, una breve explicación. IU tiene 5 escaños; CiU, 10; ERC, 8; PNV, 7; CC, 3; BNG, 2; y NB, EA y CHA, 1 cada uno. Nuestro actual sistema electoral, diseñado para primar los nacionalismos periféricos, produce verdaderas paradojas. Así, por ejemplo, la CHA, con tan sólo el 0,36% de los votos válidos, con sólo 94.252 votos, tiene 1 diputado. ERC, con sólo el 2,52% de los votos (652.196), tiene hasta 8 diputados. Mientras tanto, IU-ICV, con el 4,96% de los votos (1.284.081), tiene sólo 5 escaños. Y, curiosamente, el Partido Andalucista (PA), que obtuvo 181.868 votos y el 0,7% de los votos válidos, se quedó sin escaño. Esto es: cuanto más pequeño es el territorio, más concentradas estén las bases electorales, y a menor número de circunscripciones se presente un partido de este tipo, más oportunidades tendrá de alcanzar mayor número de escaños.
Curiosa paradoja, sobre todo si algunos de esos partidos que con tanta facilidad obtienen escaños en el Parlamento Nacional, abanderan ideologías poco o nada nacionales (es decir, poco o nada españolas). Y, pasadas las elecciones, olvidados estos y otros datos elementales, en el día a día parlamentario, lo que el ciudadano de a pie se encuentra, oye y ve es la voz y la imagen de los grupos parlamentarios y de los partidos en el Parlamento. Las voces y las caras que hablan y son vistas por la televisión y los medios. De modo que cuando los representantes de IU, ERC, BNG, EA, PNV, CHA y NA-BAI, que es lo que suele ocurrir, salen juntos ante las cámaras de televisión y acusan al PP de quedarse solo, lo hacen representando a 2.802.147 votantes, y al 10,83% de los votos a candidaturas. Pero son muchos; son 7 personas frente a sólo una, aunque ésta represente a 9.635.491 votantes y al 37,71% de los votos. Es una desproporción que la televisión no capta.
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