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Cuadernos de Pensamiento Político 5 Cuadernos de Pensamiento Político

El proyecto de la izquierda para España

por Antxón Sarasqueta
Cuadernos de Pensamiento Político nº 5, enero-marzo 2005

Número de páginas: 6
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Los mensajes socialistas de identificar al PP con el franquismo, y de poner en un plano de competencia el "progresismo" de la izquierda contra el "autoritarismo" de la derecha, sólo pueden utilizarse con éxito político y electoral cuando domina la hegemonía ideológica de la izquierda.
España no es sociológicamente de centro-izquierda
Ese dominio ideológico es el que hace asumir a todos, incluido a los estrategas del centro-derecha, la teoría (también falsa) de que España es mayoritariamente una sociedad de centro-izquierda. Teoría que es fácilmente rebatible. Ninguno de los partidos que ha ganado las elecciones desde 1977 lo ha hecho presentando un proyecto ortodoxo y abiertamente de izquierdas. Los que lo han hecho, como los comunistas del PCE (IU), han menguado progresivamente. En las elecciones del año 2000 el PSOE decidió presentarse aliado con los comunistas, y el rechazo de la mayoría a su oferta fue tan rotundo como el respaldo dado al PP, que consiguió una mayoría absoluta. Luego, en las elecciones del 2004, el PSOE tuvo que inventarse la marca de ZP para envolver su proyecto. Si el análisis se hace en términos de comportamientos socioeconómicos, y respecto a los valores culturales, morales, y religiosos, la resultante tampoco sale a favor de la izquierda.
Sin embargo, lo que además confirma que España no es mayoritariamente de izquierdas son dos hechos. Uno, que a pesar de tener esa hegemonía ideológica y ese plus de legitimidad, y de esas campañas desestabilizadoras de acoso y derribo de la izquierda, el centro-derecha ha llegado a gobernar durante ocho años, mantiene grandes parcelas de poder, y el PP es hoy la alternativa más fuerte conseguida nunca por una oposición de su signo. Hasta el punto que si no gana por mayoría absoluta la izquierda no le deja gobernar, y así y todo lo consigue (Madrid, Baleares, Valencia...).
El otro hecho tiene que ver con uno de los grupos periodísticos que apoya al PSOE y que más se ha manifestado en la campaña antiPP. Un grupo que cotiza en Bolsa y que es uno de los pocos en Europa que practica una de las formas de capitalismo más viejas y humillantes (además de caras) para la sociedad: el monopolio. Aunque bien es verdad que la izquierda y el viejo capitalismo español (estatista) han tenido siempre algo en común: su posición antiliberal.
La mayoría de la sociedad española no es de centro-izquierda, a no ser que se considere que la izquierda tiene el monopolio de unos valores sociales y éticos de los que carece la derecha. O que el dinero de las subvenciones del Estado es propiedad sólo de la izquierda.
¿Por qué van a tener menos credibilidad moral o ética, medios de comunicación como la COPE, la Razón, o el ABC, que El País? ¿Dónde está la superioridad ideológica de Canal Plus sobre Antena 3? ¿Los periodistas y escritores de izquierda que están en El Mundo o en otros medios dejan de ser de izquierdas porque no están en El País o no apoyan al PSOE, e incluso no les importa compartir espacio con los liberales del centro-derecha?
Si creer en la libertad, en la solidaridad, defender la ética, ser tolerantes, impulsar el progreso social, todo ello se considera de izquierdas, entonces el resultado final siempre será el mismo. La mayoría es de centro-izquierda, porque ¿quién dice al encuestador que no está a favor de todos esos valores -y de muchos más en la misma línea, si además los comparten?
Pero eso es admitir la propaganda sectaria del propio socialismo: "El socialismo es portador de los valores universales de solidaridad en mucha mayor medida que la derecha" (OUALALOU, 1997) "Hay que profundizar en los valores y principios que nos son propios, como la solidaridad, la igualdad de oportunidades en la educación, la justicia social", afirmó Felipe González en su intervención Globalización e identidad cultural en la Comisión de Progreso Global de la Internacional Socialista.
Pero si se admite que una persona del centro-derecha y con valores liberales hace tanto por los demás como cualquiera, siente y padece como los demás, y está tan comprometida con su entorno social y con el mundo como los demás, entonces el recuento hay que hacerlo de otra manera. Es tradicional que la izquierda quiera atribuirse todos los mejores valores. Es un mito falso. Ha tratado de hacerlo siempre apoyándose en grandes maquinarias propagandísticas. Aunque la realidad también siempre ha sido la contraria. Históricamente ha llegado a cautivar a millones de personas vendiéndoles la promesa de "un hombre nuevo", mientras en realidad desarrollaba las tiranías más sangrientas. Algunos de quienes mejor describen esta realidad son precisamente los que han compartido esa experiencia vital de la izquierda, y la cuentan en sus libros y artículos. Lo que resulta más difícil de comprender es por qué las personas que no son de izquierdas en España tienen que renunciar a considerar esos valores como propios. ¿O es que no defiende la paz igualmente una persona que no es de izquierdas? ¿Por qué algunos dirigentes y líderes del centro-derecha tienen que aparentar ser de izquierdas para defender esos valores, como hemos visto que ocurre con frecuencia? ¿Se atreven los socialistas españoles a decir que sus socios ingleses, polacos o checos en la Internacional Socialista son belicistas y no creen en la paz, porque han enviado tropas a Irak como hizo el gobierno de Aznar? ¿Se es más pacifista enviando tropas a Afganistán u ordenando los bombardeos de los Balcanes, que ayudando a liberar Irak y a que su población construya un régimen democrático?
Poner fin al plus de legitimidad de la izquierda
"¿Por qué agradecemos y reconocemos la figura de Ronald Reagan?", se preguntaba recientemente el veterano sindicalista polaco, Lech Walesa. "Porque le debemos la libertad", contestaba acto seguido con sinceridad y rotundidad el que llegó a ser presidente de su país, y además le concedieron el premio Nobel de la Paz (WALESA, 2004). Nadie de la izquierda le puede dar lecciones a Walesa y a un ejército de compañeros que protagonizaron el movimiento polaco Solidaridad frente al totalitarismo comunista del caído imperio soviético. Porque todos ellos lucharon por la libertad durante muchos años en su actividad diaria, jugándose su propia vida.
La lógica de la libertad y de la democracia sólo es una: luchar por ella, ejercerla. Un conservador como era Reagan la defendió a capa y espada, dentro y fuera de su país (entre otras cosas por eso fue elegido por dos veces presidente de los Estados Unidos, y en su muerte hasta sus enemigos más frontales -como fue el caso del líder soviético Mijail Gorvachov- le han rendido tributo personal). No importa que Walesa sea un sindicalista de base, la historia los ha unido, porque defendían un mismo sistema en el que es posible enfrentarse y discrepar en libertad.
No, la izquierda no tiene un plus de legitimidad ideológica ni democrática sobre el centro-derecha, aunque esta leyenda le ha dado buenos frutos. Ese plus de legitimidad ha permitido a los socialistas ir con Estados Unidos a la guerra de Irak cuando gobernaba en 1991, y estar en contra del gobierno popular que hizo lo mismo en el 2003. De igual forma le permitió estar contra la entrada de España en la OTAN cuando gobernó UCD, y a favor de la Alianza cuando destruyó al partido centrista y alcanzó el gobierno. En todas las posiciones buscó y obtuvo rentabilidad partidista, política y electoral.
Javier Solana, destacado protagonista de las campañas socialistas contra la OTAN y que luego llegó a ser Secretario General de la propia Alianza Atlántica, lo explica muy bien. Justifica así su oposición de entonces a la decisión del gobierno de UCD de entrar en la OTAN, y su posterior cambio: "No queríamos una operación de entrada en las estructuras de la OTAN por la puerta de atrás" (IGLESIAS, 2003, 217).
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