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Cuadernos de Pensamiento Político 5 Cuadernos de Pensamiento Político

El proyecto de la izquierda para España

por Antxón Sarasqueta
Cuadernos de Pensamiento Político nº 5, enero-marzo 2005

Número de páginas: 6
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Hacer que parezca normal lo antidemocrático

Son formas de agitación y de movilización de lo que en su jerga llaman "espacios". Los cuales pueden ser sociales, artísticos, sindicales, estudiantiles, gremiales, y que a su vez pueden estar fragmentados, pero que en conjunto forman parte activa del mismo proceso para radicalizar la democracia e ir forzando otro orden político. Estamos ante un caso típico de subversión del orden democrático. Unas minorías que por sí solas no cuentan con la mayoría para gobernar y que representan programas e intereses heterogéneos, tratan de imponer mediante un pacto que suma la mayoría nominal, un nuevo sistema y modelo de Estado -un nuevo régimen- a la mayoría. Hay quienes entre los protagonistas de estas operaciones niegan que su propósito sea cambiar el actual régimen democrático, e incluso hay quienes afirman que todo ello se mejorará. Pero aun aceptando que así lo crean, la resultante no varía. El orden democrático tiene una lógica axiomática: cuando se subvierte el orden democrático, se pierde la democracia y el modelo social y político que representa. Poco a poco o de golpe, la democracia se desvanece.
Cada vez son más los actos antidemocráticos que van pareciendo normales , y por ello no producen consecuencias negativas para quien los ejerce. Por el contrario les produce unos réditos que después de protagonizar una campaña y unos acuerdos tan antidemocráticos, el PSOE se permite afirmar que la manera de hacer política del PP "debilitó y deterioró seriamente la democracia" (GONZÁLEZ,2004)
Los hechos cotidianos de este cuarto de siglo dejan constancia de ese plus de legitimidad democrática que la sociedad española (y también -y sobre todo- el centro derecha) ha otorgado a la izquierda y a los nacionalistas. ¿Qué lo ha hecho posible?
El plus de legitimidad de la izquierda
En los países más desarrollados democráticamente, por experiencia histórica y el ejercicio cotidiano de sus principios y valores, como son el Reino Unido y Estados Unidos, también la izquierda contó hasta hace tres décadas con un plus de legitimidad. Entonces eran los sindicatos de izquierdas los que entraban -literalmente- en el despacho del primer ministro inglés e imponían sus condiciones salariales para la política económica, por encima de lo que opinase el Parlamento (así cayó el primer ministro conservador Edward Heath en 1974).
Hasta que se inició un movimiento social e intelectual de raíz liberal (en Europa) y conservador (en Estados Unidos), que se rebeló contra el plus de legitimidad ideológica que venía representando la izquierda, y que se concretaba en privilegios y derechos de poder. Dos de los protagonistas históricos de esos cambios fueron Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos, y ambos han publicado libros y escritos relatando como cambiaron no solamente la política de los gobiernos, sino también el centro de gravedad ideológico en el pensamiento de sus respectivas sociedades. [ 3 ]
Pero en el caso español, al plus de legitimidad ideológica que ha tenido históricamente la izquierda, en parte conseguido a través de su discurso de lucha de clases y en parte gracias a la poderosa propaganda financiada a partes desiguales por la maquinaria soviética (Koch, 1977) y por la Internacional Socialista, se suma un plus de legitimidad democrática. Todavía hoy en España se suele dar más crédito democrático a la izquierda que a cualquier otra ideología, dentro o fuera del PP. Es tan extensa la documentación acumulada que acredita la existencia de este plus de legitimidad democrática de la izquierda, que los estudiosos tienen un auténtico filón a su alcance. Hace unos meses se publicó un artículo del historiador Juan Pablo Fusi en el que entre otras cosas afirma que "el pensamiento de la izquierda era ya entonces -años del franquismo tardío y de la transición a la democracia- el pensamiento hegemónico del país". Lamenta el profesor que no haya reaparecido el liberalismo como pensamiento vertebrador de la sociedad contemporánea, señalando que la hegemonía del pensamiento de izquierdas en España ha sido y es posible "porque en España el pensamiento de la derecha era entonces y lo es aún, o inexistente o carente de legitimidad y prestigio" (FUSI, 2004).
Esa hegemonía del pensamiento de izquierdas, que a su vez domina el clima de opinión e informativo diario de los medios de comunicación, es lo que ha contribuido decisivamente a consolidar ese plus de legitimidad democrática a la izquierda. Que es su principal fuente de credibilidad.
El éxito de una gran falacia
Cuando hoy se habla del "complejo de la derecha" ante la falta de una mayor reacción y movilización frente a las descalificaciones y ataques contra el PP y sus dirigentes, y contra lo que representan, se está reconociendo una inferioridad que deberá ser superada. Ese plus de legitimidad democrática que se arroga la izquierda está tan presente en la acción política, que el propio presidente José María Aznar cuenta en su último libro (AZNAR, 2004) cómo a pesar de haber ganado las elecciones de 1996 "se pusieron en marcha todo tipo de operaciones para impedir que llegáramos al poder". Y al referirse a ellas, añade... "En el fondo, este intento se amparaba en el argumento de la supuesta superioridad moral de la izquierda, que sería la única legitimada para gobernar".
Más adelante, y en relación con la campaña desestabilizadora de la izquierda durante la guerra de Irak, analiza de nuevo este hecho. "La gran coartada de la izquierda en España ha sido que nosotros no teníamos legitimidad histórica para gobernar nuestro país. Que el centro-derecha español hubiera llegado al poder era un accidente o una desgracia. Con eso pretendían intimidarnos. Pero no era una maniobra táctica o puramente cínica, era también la expresión de un prejuicio muy arraigado, compartido por mucha gente".
Uno de los argumentos de la izquierda parte de una gran falacia, la cual se encuadra dentro de lo que científicamente se considera pensamiento ilógico . Se presenta como lógico lo que no lo es. El resultado es el siguiente mensaje: "Los demócratas eran los antifranquistas, y como la derecha no era antifranquista, no es demócrata. Por el contrario la izquierda ha sido antifranquista, y por eso es demócrata".
Ninguno de los hechos con que se construye el mensaje conducen necesariamente a la lógica de su conclusión. Estar contra el régimen de Franco no suponía ser demócrata. Los comunistas y la URSS eran antifranquistas y ha sido el imperio totalitario más sangriento del siglo XX. Son muchas las falsedades que se acumulan en esta falacia, pero basta limitarse a tres: 1.) No sólo la izquierda fue antifranquista, sino que hubo movimientos de la derecha que se opusieron al franquismo y pagaron por ello (monárquicos, democristianos, liberales); 2.) La izquierda y su ideología no tienen una raíz democrática, y la principal oposición a Franco en la izquierda la ejercieron los comunistas con el apoyo de la dictadura soviética; 3.) La transición democrática española estuvo dirigida por el centro-derecha. El PSOE no gobernó hasta 1982, seis años después de empezar las reformas, y cuatro después de aprobarse la Constitución en 1978. Se puede intentar manipular la Historia como se quiera, pero los hechos son objetivos.
Sin embargo, la falacia ha tenido éxito. Ha calado y forma parte del paisaje intelectual y de la creencia popular. A ello ha contribuido decisivamente una estructura de medios de comunicación dominada por la izquierda, y que paradójicamente se ha beneficiado a lo largo de los años de importantes apoyos y recursos del centro-derecha.
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NOTAS
  • [ 3 ] En The Rigtht Nation , John Micklethwait y Adrian Wooldridge (2004), historian y analizan el crecimiento del movimiento conservador en la sociedad y la política norteamericana, y el cambio del centro de gravedad ideológico en esa dirección.

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