Urge distinguir lo verdadero de lo falso
Ante estos planteamientos y actitudes conviene recordar algunos fundamentos del pensamiento liberal, como es distinguir lo verdadero de lo falso. Algo que no es sólo una cuestión moral sino también científica. Karl Popper lo ha explicado siempre con claridad: no se trata de demostrar lo verdadero sino de refutar la falsedad de una teoría. Así, por ejemplo, se consigue demostrar la falsedad de cualquier teoría democrática que no responde a su modelo genuino. Los totalitarismos se han inventado a lo largo de la historia todo tipo de teorías sobre la democracia, bien para desvirtuarla o para acabar con ella. La democracia directa , democracia social , democracia progresista , democracia burguesa, democracia radical, democracia alternativa, democracia global ... Pero la auténtica democracia sólo responde a unos principios que son incuestionables porque están en su naturaleza. Sin ellos, no existe.
La democracia se describe etimológicamente como la soberanía popular. Pero también como algo más: "pertenece al conjunto de los ciudadanos". La propiedad de la democracia no es del sistema y de quienes lo dirigen, sino de los individuos como personas. Votantes y contribuyentes. Por eso, por encima de sus leyes no hay nadie. La democracia no es liberal por definición ideológica, sino por su naturaleza. Es democracia porque hay libertad para ejercerla. Las personas deciden libremente, y cuanto menos libres sean menos democracia es.
¿Por qué desde hace años hay una parte de la población vasca que denuncia que esa comunidad no es una democracia a pesar de que se mantienen las formas? Porque no se sienten libres. Porque no son libres. Hay cientos de miles de vascos que se consideran exiliados, en el interior y en el exterior del País Vasco. Exiliados de todos los colores ideológicos y condición. También nacionalistas. El totalitarismo no distingue.
La posición respecto al terrorismo define a los demócratas
Por definición, también el terrorismo es un totalitarismo violento. El terrorismo es un fenómeno antiguo, pero para los contemporáneos es una realidad nueva. Y después de la caída del comunismo y del imperio soviético, el terrorismo se ha convertido en la principal amenaza global y local para el sistema democrático. Es otra forma de hacer la guerra, no sólo de los propios grupos violentos, sino de los Estados y las fuerzas políticas, económicas, e intelectuales, que utilizan el terrorismo como uno de los medios para obtener sus fines e imponer formas totalitarias de vida y de gobierno.
De ahí la importancia de considerar las relaciones y actitudes de las fuerzas políticas e institucionales en relación con el terrorismo y todo lo que le rodea en términos sociales, financieros, e ideológicos. De igual forma que durante la guerra fría la izquierda y la política de los Estados se definía en las democracias por su relación con las dictaduras comunistas (todavía ocurre en algunos casos, como el de Cuba), ahora se establece una relación similar con el terrorismo. Es la propia izquierda la que ha señalado esa diferencia en España dentro de sus propias filas, discrepando abiertamente sectores del socialismo vasco (los más directamente afectados por el terrorismo) de la línea oficial adoptada por el PSOE, favorable a lo que eufemísticamente se llama una solución dialogada .
El PSOE y la IS condenan el terrorismo, pero lo llegan a justificar haciendo responsable del mismo a las causas que a su juicio lo originan, y cuya responsabilidad siempre recae en las políticas neoliberales y en Estados Unidos. "Si es el terrorismo lo que inspira el despliegue militar de Estados Unidos vemos un futuro sombrío...No se puede usar el terror contra el terrorismo" (IS, 2003). ¿Cuantas veces hemos oído ese argumento en España, de equiparar a los terroristas de ETA con el gobierno de Aznar?
La estrategia de acoso y derribo contra el centro-derecha
A partir del año 2001 se puso en marcha la alternativa radical de la izquierda española, que condujo al pacto citado al inicio de este trabajo, y conocido el 12 de diciembre de 2003 tras los resultados en las elecciones autonómicas de Cataluña. El acuerdo que suscriben socialistas, comunistas e independentistas para formar una mayoría de gobierno, es la materialización de un plan diseñado no sólo para echar al PP del poder, sino para sustituir -y por tanto romper- el actual régimen constitucional. "Estas fuerzas -dice literalmente el acuerdo- se han de comprometer a impedir la presencia del PP en el gobierno del Estado, y renunciar a establecer pactos de gobierno y pactos parlamentarios en las cámaras estatales".
El acuerdo incluye el compromiso para poner en marcha medidas y acciones que revoquen tanto los pasos dados por el PP durante sus ocho años de gobierno, y que puedan suponer un riesgo para la hegemonía ideológica de izquierdas en materia educativa, social, institucional, etc., como para hacer irreversible un proceso de cambio del actual régimen político. Por fases, pero irreversible.
Antes y después de la firma de esos acuerdos la izquierda española ha desarrollado una estrategia de acoso y derribo del PP, en lo que se ha conocido como la campaña antiPP. Una estrategia que por otra parte fue calcada -sólo actualizada a las circunstancias- a la seguida en el acoso y derribo socialista que acabó con la desaparición de UCD tras su hundimiento en las elecciones de 1982.
Cualquiera que realice un análisis comparativo de los dos casos y épocas, lo puede comprobar. Lo que en el ataque contra UCD fue la campaña del aceite de colza, en el caso del PP fue la catástrofe del Prestige; lo que en el primer caso fue una querella contra el director general de RTVE, en el segundo los socialistas hicieron lo mismo contra el director de los informativos de la misma RTVE; si en 1982 fue la campaña contra la OTAN, esta vez ha sido contra la intervención en Irak (en los dos casos asociándolo al mensaje guerra NO y una actitud antiamericana , y en los dos casos de la mano de la izquierda más extremista).
Y si entonces fue la amenaza golpista la que sirvió para desestabilizar a UCD (el golpe militar del 23-F de 1981 se dio contra un gobierno de centro-derecha), en esta ocasión ha sido la amenaza del terrorismo islámico asociado a la presencia española en Irak, la que ha servido para jugar ese papel. Hasta Felipe González repitió en esta ocasión las mismas palabras que entonces ("luces rojas") para transmitir el mismo mensaje desafiante: si la izquierda no llegaba al poder, España viviría una situación de riesgo
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Esta estrategia es propia de la izquierda más revolucionaria, y del nazismo, y asimismo es utilizada por el terrorismo. Consiste en intimidar y desmoralizar al enemigo por todos los medios. En desestabilizar cualquier proceso, utilizando especialmente las modernas técnicas y medios de comunicación. Como consecuencia de ello, durante estos años el PP ha tenido que denunciar el asalto violento de más de doscientas sedes de su partido, hasta llegar a ver rodeada su sede central en Madrid por miles de personas atacando verbalmente a los populares la misma víspera de las elecciones. En plena conmoción por la masacre terrorista del 11/M en Madrid, con casi doscientos muertos sobre el asfalto.