Cuadernos de Pensamiento Político

El proyecto de la izquierda para España

por Antxón Sarasqueta

Cuadernos de Pensamiento Político nº 5, enero-marzo 2005

El factor crítico de un orden político está en su centro de gravedad ideológico. ¿Sobre qué ideología evoluciona el sistema y se desarrolla la sociedad?

Desde hace más de 25 años la política española está dominada por una hegemonía de izquierdas. Intelectual y política. Esa hegemonía se concreta en un privilegio: el país en su conjunto asume que la izquierda puede hacer cosas que al centro-derecha no le están permitidas. Por ejemplo, los socialistas obtienen rentabilidad política y electoral utilizando el voto del miedo contra la derecha. Su campaña anti-PP y de confrontación guerracivilista les ha llevado al poder. ¿Se imagina alguien que el centro-derecha tratase de hacer lo mismo? Además, los socialistas se jactan de ello. Todavía hoy atribuyen la victoria de los populares en el año 2000 a que, entre otras cosas, “el PP aprovechó a fondo la volatilización del miedo a la derecha”, como afirmó la ponencia marco del 36 Congreso Federal del PSOE.

Esa hegemonía de la izquierda está presente igualmente en la sociedad civil y la vida privada. Gracias a lo cual los sindicatos tiene una presencia de cuota en los medios de comunicación, especialmente los públicos, que se les niega a los colegios profesionales, los empresarios autónomos, y muchas otras organizaciones que sí representan de una forma muy mayoritaria a la sociedad. A pesar de ser estos el auténtico motor de la sociedad. Ese dominio ideológico de la izquierda supone que al cambiar radicalmente la política del PSOE, como proyecto ideológico, su impacto ha afectado de lleno a todo el sistema constitucional. Hasta el punto de cuestionarlo e iniciar un proceso rupturista del mismo. Algo que como veremos responde a la lógica del modelo de democracia radical , que aunque no ha sido explicitado como proyecto político, los socialistas empezaron a aplicarlo en el año 2001. Entonces pasaron de aquel mensaje de oposición tranquila al de la oposición de las barricadas y las pancartas callejeras. Del brazo de los comunistas y junto a los grupos antisistema.

La lógica de la democracia radical

El PSOE tiene firmados un pacto antiterrorista con el Partido Popular y otro contra el Partido Popular. Ambos vigentes. El segundo con los comunistas e independentistas catalanes, que han negociado y cedido al terrorismo de ETA (para negociar con los terroristas, primero hay que ceder). De igual forma, cuando a España le tocó presidir la Unión Europea durante el gobierno Aznar, y se celebraron los principales actos en Barcelona y Sevilla, los socialistas estuvieron en los actos institucionales y al mismo tiempo manifestándose en la calle con los antiglobalización. De allí salió el mensaje Contra el eje ultraliberal que dio lugar a la campaña radical de la izquierda contra Aznar, Bush, Blair, y Berlusconi. Era el 14 de Marzo de 2002, y no había tropas españolas en Irak. [ 1 ]

Pero lo que puede parecer una contradicción, no lo es. Responde a lo que en la teoría pos-marxista se llama lógica de la hegemonía socialista . En la práctica significa jugar todas las posibilidades en los diferentes espacios políticos y sociales, para tener el dominio hegemónico sobre el todo. El hecho de que esta teoría política de la izquierda se quiera implantar en un país desarrollado como España, contiene un significado estratégico. Supone una referencia para la izquierda de los países desarrollados, y no sólo para los subdesarrollados.

Esta estrategia socialista ha tenido inicialmente un triple éxito. El primero, interno: ha conseguido coordinar el apoyo de todos los grupos de izquierdas, incluidos los nacionalistas e independentistas que desde hace años mantienen una red de relaciones con los sectores más extremos, desde los antisistema a los terroristas. Esto les ha dado el poder a los socialistas en Cataluña y en el Gobierno de la Nación. Como consecuencia, han conseguido el segundo objetivo: impedir que se consolidara el primer proyecto liberal que amenazaba con romper la hegemonía ideológica de la izquierda en España. Aunque el proyecto no solamente debe seguir vigente, sino que deberá reforzarse de manera sustancial para hacer frente a este desafío de la izquierda. El tercer objetivo que ha conseguido es de carácter más global: el socialismo español ha demostrado que tiene una alternativa de izquierdas diferente a la tercera vía de Blair, y que es posible implantar su nuevo modelo de democracia radical en Europa. Como alternativa a la democracia liberal.

La izquierda, obligada a ocultar sus verdaderos planes

Uno de los elementos de esta estrategia para conseguir sus objetivos, es que no se conozca. Que no se haga explícita. Que nadie sepa muy bien que está pasando, e incluso que todo parezca muy incongruente. Muchos de los actores principales no saben que están trabajando en este proyecto. “Las reglas y los jugadores no llegan a ser jamás plenamente explícitos”, concluyen dos de los teóricos de “este juego”, como ellos mismos lo definen y al que ponen nombre: “se llama hegemonía”. Son los autores del libro Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia (LACLAU Y MOUFFE,1987), publicado hace dos décadas, cuando declinaba el socialismo y caía el imperio soviético. Desde entonces, este y otros trabajos relacionados con las futuras alternativas ideológicas de la izquierda, han sido muy debatidos en los foros de la izquierda.

En el citado libro sus autores dicen que el liberalismo no debe ponerse en cuestión “porque está hoy más vigente que nunca”. Su objetivo no es entrar a debatir la democracia liberal sino a destruirla. “De lo que se trata -afirman- es de la producción de otro individuo, un individuo que ya no sea mas construido a partir de la matriz del individuo posesivo”. Y aunque este lenguaje suene a lo que es (puro marxismo del hombre sin alma y desprovisto de su ser autónomo), y que algunos lo consideren de otra época (que también lo es), sigue formando parte de los discursos teóricos que movilizan proyectos y estrategias de buena parte de la izquierda occidental, y desde luego en la izquierda española.

La Internacional Socialista, que durante la guerra fría jugó el papel de freno al comunismo, ha recogido y procesado los nuevos vientos e ideas radicales, desarrollando un modelo de socialismo global . Se trata de una alternativa a la democracia liberal. “Hay que desarrollar un concepto de gobierno global opuesto a la ideología neo-liberal”, dice la IS en uno de sus documentos. “El gobierno democrático debe ser reinventado”, explica (IS, 2003)

Uno de estos nuevos inventos socialistas consiste en dar por superado el Estado-nación, y sustituirlo por la unión de los pueblos . En el caso español, se trata de que los poderes autonómicos vayan sustituyendo el poder del Estado. Esta idea, que ya fue expuesta por Felipe González en 1998 con un documento titulado La Unión Europea como una Unión de Pueblos , ha sido recogida posteriormente como doctrina de la Internacional Socialista, y es la que se está aplicando en España por parte del PSOE. Otro de los inventos socialistas es rechazar la tercera vía desarrollada por Tony Blair como alternativa centrista a la socialdemocracia, y apostar por una izquierda más genuina y radical. “Los principios de la izquierda están en los intereses de los países en desarrollo, y los de la derecha en los países desarrollados” (IS, 2003) Eso también coincide con la estrategia y planteamientos seguidos por el PSOE en España.

Urge distinguir lo verdadero de lo falso Ante estos planteamientos y actitudes conviene recordar algunos fundamentos del pensamiento liberal, como es distinguir lo verdadero de lo falso. Algo que no es sólo una cuestión moral sino también científica. Karl Popper lo ha explicado siempre con claridad: no se trata de demostrar lo verdadero sino de refutar la falsedad de una teoría. Así, por ejemplo, se consigue demostrar la falsedad de cualquier teoría democrática que no responde a su modelo genuino. Los totalitarismos se han inventado a lo largo de la historia todo tipo de teorías sobre la democracia, bien para desvirtuarla o para acabar con ella. La democracia directa , democracia social , democracia progresista , democracia burguesa, democracia radical, democracia alternativa, democracia global … Pero la auténtica democracia sólo responde a unos principios que son incuestionables porque están en su naturaleza. Sin ellos, no existe.

La democracia se describe etimológicamente como la soberanía popular. Pero también como algo más: “pertenece al conjunto de los ciudadanos”. La propiedad de la democracia no es del sistema y de quienes lo dirigen, sino de los individuos como personas. Votantes y contribuyentes. Por eso, por encima de sus leyes no hay nadie. La democracia no es liberal por definición ideológica, sino por su naturaleza. Es democracia porque hay libertad para ejercerla. Las personas deciden libremente, y cuanto menos libres sean menos democracia es.

¿Por qué desde hace años hay una parte de la población vasca que denuncia que esa comunidad no es una democracia a pesar de que se mantienen las formas? Porque no se sienten libres. Porque no son libres. Hay cientos de miles de vascos que se consideran exiliados, en el interior y en el exterior del País Vasco. Exiliados de todos los colores ideológicos y condición. También nacionalistas. El totalitarismo no distingue.

La posición respecto al terrorismo define a los demócratas

Por definición, también el terrorismo es un totalitarismo violento. El terrorismo es un fenómeno antiguo, pero para los contemporáneos es una realidad nueva. Y después de la caída del comunismo y del imperio soviético, el terrorismo se ha convertido en la principal amenaza global y local para el sistema democrático. Es otra forma de hacer la guerra, no sólo de los propios grupos violentos, sino de los Estados y las fuerzas políticas, económicas, e intelectuales, que utilizan el terrorismo como uno de los medios para obtener sus fines e imponer formas totalitarias de vida y de gobierno.

De ahí la importancia de considerar las relaciones y actitudes de las fuerzas políticas e institucionales en relación con el terrorismo y todo lo que le rodea en términos sociales, financieros, e ideológicos. De igual forma que durante la guerra fría la izquierda y la política de los Estados se definía en las democracias por su relación con las dictaduras comunistas (todavía ocurre en algunos casos, como el de Cuba), ahora se establece una relación similar con el terrorismo. Es la propia izquierda la que ha señalado esa diferencia en España dentro de sus propias filas, discrepando abiertamente sectores del socialismo vasco (los más directamente afectados por el terrorismo) de la línea oficial adoptada por el PSOE, favorable a lo que eufemísticamente se llama una solución dialogada .

El PSOE y la IS condenan el terrorismo, pero lo llegan a justificar haciendo responsable del mismo a las causas que a su juicio lo originan, y cuya responsabilidad siempre recae en las políticas neoliberales y en Estados Unidos. “Si es el terrorismo lo que inspira el despliegue militar de Estados Unidos vemos un futuro sombrío…No se puede usar el terror contra el terrorismo” (IS, 2003). ¿Cuantas veces hemos oído ese argumento en España, de equiparar a los terroristas de ETA con el gobierno de Aznar?

La estrategia de acoso y derribo contra el centro-derecha

A partir del año 2001 se puso en marcha la alternativa radical de la izquierda española, que condujo al pacto citado al inicio de este trabajo, y conocido el 12 de diciembre de 2003 tras los resultados en las elecciones autonómicas de Cataluña. El acuerdo que suscriben socialistas, comunistas e independentistas para formar una mayoría de gobierno, es la materialización de un plan diseñado no sólo para echar al PP del poder, sino para sustituir -y por tanto romper- el actual régimen constitucional. “Estas fuerzas -dice literalmente el acuerdo- se han de comprometer a impedir la presencia del PP en el gobierno del Estado, y renunciar a establecer pactos de gobierno y pactos parlamentarios en las cámaras estatales”.

El acuerdo incluye el compromiso para poner en marcha medidas y acciones que revoquen tanto los pasos dados por el PP durante sus ocho años de gobierno, y que puedan suponer un riesgo para la hegemonía ideológica de izquierdas en materia educativa, social, institucional, etc., como para hacer irreversible un proceso de cambio del actual régimen político. Por fases, pero irreversible.

Antes y después de la firma de esos acuerdos la izquierda española ha desarrollado una estrategia de acoso y derribo del PP, en lo que se ha conocido como la campaña antiPP. Una estrategia que por otra parte fue calcada -sólo actualizada a las circunstancias- a la seguida en el acoso y derribo socialista que acabó con la desaparición de UCD tras su hundimiento en las elecciones de 1982.

Cualquiera que realice un análisis comparativo de los dos casos y épocas, lo puede comprobar. Lo que en el ataque contra UCD fue la campaña del aceite de colza, en el caso del PP fue la catástrofe del Prestige; lo que en el primer caso fue una querella contra el director general de RTVE, en el segundo los socialistas hicieron lo mismo contra el director de los informativos de la misma RTVE; si en 1982 fue la campaña contra la OTAN, esta vez ha sido contra la intervención en Irak (en los dos casos asociándolo al mensaje guerra NO y una actitud antiamericana , y en los dos casos de la mano de la izquierda más extremista).

Y si entonces fue la amenaza golpista la que sirvió para desestabilizar a UCD (el golpe militar del 23-F de 1981 se dio contra un gobierno de centro-derecha), en esta ocasión ha sido la amenaza del terrorismo islámico asociado a la presencia española en Irak, la que ha servido para jugar ese papel. Hasta Felipe González repitió en esta ocasión las mismas palabras que entonces (“luces rojas”) para transmitir el mismo mensaje desafiante: si la izquierda no llegaba al poder, España viviría una situación de riesgo [ 2 ]

Esta estrategia es propia de la izquierda más revolucionaria, y del nazismo, y asimismo es utilizada por el terrorismo. Consiste en intimidar y desmoralizar al enemigo por todos los medios. En desestabilizar cualquier proceso, utilizando especialmente las modernas técnicas y medios de comunicación. Como consecuencia de ello, durante estos años el PP ha tenido que denunciar el asalto violento de más de doscientas sedes de su partido, hasta llegar a ver rodeada su sede central en Madrid por miles de personas atacando verbalmente a los populares la misma víspera de las elecciones. En plena conmoción por la masacre terrorista del 11/M en Madrid, con casi doscientos muertos sobre el asfalto.

Hacer que parezca normal lo antidemocrático Son formas de agitación y de movilización de lo que en su jerga llaman “espacios”. Los cuales pueden ser sociales, artísticos, sindicales, estudiantiles, gremiales, y que a su vez pueden estar fragmentados, pero que en conjunto forman parte activa del mismo proceso para radicalizar la democracia e ir forzando otro orden político. Estamos ante un caso típico de subversión del orden democrático. Unas minorías que por sí solas no cuentan con la mayoría para gobernar y que representan programas e intereses heterogéneos, tratan de imponer mediante un pacto que suma la mayoría nominal, un nuevo sistema y modelo de Estado -un nuevo régimen- a la mayoría. Hay quienes entre los protagonistas de estas operaciones niegan que su propósito sea cambiar el actual régimen democrático, e incluso hay quienes afirman que todo ello se mejorará. Pero aun aceptando que así lo crean, la resultante no varía. El orden democrático tiene una lógica axiomática: cuando se subvierte el orden democrático, se pierde la democracia y el modelo social y político que representa. Poco a poco o de golpe, la democracia se desvanece.

Cada vez son más los actos antidemocráticos que van pareciendo normales , y por ello no producen consecuencias negativas para quien los ejerce. Por el contrario les produce unos réditos que después de protagonizar una campaña y unos acuerdos tan antidemocráticos, el PSOE se permite afirmar que la manera de hacer política del PP “debilitó y deterioró seriamente la democracia” (GONZÁLEZ,2004)

Los hechos cotidianos de este cuarto de siglo dejan constancia de ese plus de legitimidad democrática que la sociedad española (y también -y sobre todo- el centro derecha) ha otorgado a la izquierda y a los nacionalistas. ¿Qué lo ha hecho posible?

El plus de legitimidad de la izquierda

En los países más desarrollados democráticamente, por experiencia histórica y el ejercicio cotidiano de sus principios y valores, como son el Reino Unido y Estados Unidos, también la izquierda contó hasta hace tres décadas con un plus de legitimidad. Entonces eran los sindicatos de izquierdas los que entraban -literalmente- en el despacho del primer ministro inglés e imponían sus condiciones salariales para la política económica, por encima de lo que opinase el Parlamento (así cayó el primer ministro conservador Edward Heath en 1974).

Hasta que se inició un movimiento social e intelectual de raíz liberal (en Europa) y conservador (en Estados Unidos), que se rebeló contra el plus de legitimidad ideológica que venía representando la izquierda, y que se concretaba en privilegios y derechos de poder. Dos de los protagonistas históricos de esos cambios fueron Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos, y ambos han publicado libros y escritos relatando como cambiaron no solamente la política de los gobiernos, sino también el centro de gravedad ideológico en el pensamiento de sus respectivas sociedades. [ 3 ]

Pero en el caso español, al plus de legitimidad ideológica que ha tenido históricamente la izquierda, en parte conseguido a través de su discurso de lucha de clases y en parte gracias a la poderosa propaganda financiada a partes desiguales por la maquinaria soviética (Koch, 1977) y por la Internacional Socialista, se suma un plus de legitimidad democrática. Todavía hoy en España se suele dar más crédito democrático a la izquierda que a cualquier otra ideología, dentro o fuera del PP. Es tan extensa la documentación acumulada que acredita la existencia de este plus de legitimidad democrática de la izquierda, que los estudiosos tienen un auténtico filón a su alcance. Hace unos meses se publicó un artículo del historiador Juan Pablo Fusi en el que entre otras cosas afirma que “el pensamiento de la izquierda era ya entonces -años del franquismo tardío y de la transición a la democracia- el pensamiento hegemónico del país”. Lamenta el profesor que no haya reaparecido el liberalismo como pensamiento vertebrador de la sociedad contemporánea, señalando que la hegemonía del pensamiento de izquierdas en España ha sido y es posible “porque en España el pensamiento de la derecha era entonces y lo es aún, o inexistente o carente de legitimidad y prestigio” (FUSI, 2004).

Esa hegemonía del pensamiento de izquierdas, que a su vez domina el clima de opinión e informativo diario de los medios de comunicación, es lo que ha contribuido decisivamente a consolidar ese plus de legitimidad democrática a la izquierda. Que es su principal fuente de credibilidad.

El éxito de una gran falacia

Cuando hoy se habla del “complejo de la derecha” ante la falta de una mayor reacción y movilización frente a las descalificaciones y ataques contra el PP y sus dirigentes, y contra lo que representan, se está reconociendo una inferioridad que deberá ser superada. Ese plus de legitimidad democrática que se arroga la izquierda está tan presente en la acción política, que el propio presidente José María Aznar cuenta en su último libro (AZNAR, 2004) cómo a pesar de haber ganado las elecciones de 1996 “se pusieron en marcha todo tipo de operaciones para impedir que llegáramos al poder”. Y al referirse a ellas, añade… “En el fondo, este intento se amparaba en el argumento de la supuesta superioridad moral de la izquierda, que sería la única legitimada para gobernar”.

Más adelante, y en relación con la campaña desestabilizadora de la izquierda durante la guerra de Irak, analiza de nuevo este hecho. “La gran coartada de la izquierda en España ha sido que nosotros no teníamos legitimidad histórica para gobernar nuestro país. Que el centro-derecha español hubiera llegado al poder era un accidente o una desgracia. Con eso pretendían intimidarnos. Pero no era una maniobra táctica o puramente cínica, era también la expresión de un prejuicio muy arraigado, compartido por mucha gente”.

Uno de los argumentos de la izquierda parte de una gran falacia, la cual se encuadra dentro de lo que científicamente se considera pensamiento ilógico . Se presenta como lógico lo que no lo es. El resultado es el siguiente mensaje: “Los demócratas eran los antifranquistas, y como la derecha no era antifranquista, no es demócrata. Por el contrario la izquierda ha sido antifranquista, y por eso es demócrata”.

Ninguno de los hechos con que se construye el mensaje conducen necesariamente a la lógica de su conclusión. Estar contra el régimen de Franco no suponía ser demócrata. Los comunistas y la URSS eran antifranquistas y ha sido el imperio totalitario más sangriento del siglo XX. Son muchas las falsedades que se acumulan en esta falacia, pero basta limitarse a tres: 1.) No sólo la izquierda fue antifranquista, sino que hubo movimientos de la derecha que se opusieron al franquismo y pagaron por ello (monárquicos, democristianos, liberales); 2.) La izquierda y su ideología no tienen una raíz democrática, y la principal oposición a Franco en la izquierda la ejercieron los comunistas con el apoyo de la dictadura soviética; 3.) La transición democrática española estuvo dirigida por el centro-derecha. El PSOE no gobernó hasta 1982, seis años después de empezar las reformas, y cuatro después de aprobarse la Constitución en 1978. Se puede intentar manipular la Historia como se quiera, pero los hechos son objetivos.

Sin embargo, la falacia ha tenido éxito. Ha calado y forma parte del paisaje intelectual y de la creencia popular. A ello ha contribuido decisivamente una estructura de medios de comunicación dominada por la izquierda, y que paradójicamente se ha beneficiado a lo largo de los años de importantes apoyos y recursos del centro-derecha.

Los mensajes socialistas de identificar al PP con el franquismo, y de poner en un plano de competencia el “progresismo” de la izquierda contra el “autoritarismo” de la derecha, sólo pueden utilizarse con éxito político y electoral cuando domina la hegemonía ideológica de la izquierda.

España no es sociológicamente de centro-izquierda

Ese dominio ideológico es el que hace asumir a todos, incluido a los estrategas del centro-derecha, la teoría (también falsa) de que España es mayoritariamente una sociedad de centro-izquierda. Teoría que es fácilmente rebatible. Ninguno de los partidos que ha ganado las elecciones desde 1977 lo ha hecho presentando un proyecto ortodoxo y abiertamente de izquierdas. Los que lo han hecho, como los comunistas del PCE (IU), han menguado progresivamente. En las elecciones del año 2000 el PSOE decidió presentarse aliado con los comunistas, y el rechazo de la mayoría a su oferta fue tan rotundo como el respaldo dado al PP, que consiguió una mayoría absoluta. Luego, en las elecciones del 2004, el PSOE tuvo que inventarse la marca de ZP para envolver su proyecto. Si el análisis se hace en términos de comportamientos socioeconómicos, y respecto a los valores culturales, morales, y religiosos, la resultante tampoco sale a favor de la izquierda.

Sin embargo, lo que además confirma que España no es mayoritariamente de izquierdas son dos hechos. Uno, que a pesar de tener esa hegemonía ideológica y ese plus de legitimidad, y de esas campañas desestabilizadoras de acoso y derribo de la izquierda, el centro-derecha ha llegado a gobernar durante ocho años, mantiene grandes parcelas de poder, y el PP es hoy la alternativa más fuerte conseguida nunca por una oposición de su signo. Hasta el punto que si no gana por mayoría absoluta la izquierda no le deja gobernar, y así y todo lo consigue (Madrid, Baleares, Valencia…).

El otro hecho tiene que ver con uno de los grupos periodísticos que apoya al PSOE y que más se ha manifestado en la campaña antiPP. Un grupo que cotiza en Bolsa y que es uno de los pocos en Europa que practica una de las formas de capitalismo más viejas y humillantes (además de caras) para la sociedad: el monopolio. Aunque bien es verdad que la izquierda y el viejo capitalismo español (estatista) han tenido siempre algo en común: su posición antiliberal.

La mayoría de la sociedad española no es de centro-izquierda, a no ser que se considere que la izquierda tiene el monopolio de unos valores sociales y éticos de los que carece la derecha. O que el dinero de las subvenciones del Estado es propiedad sólo de la izquierda.

¿Por qué van a tener menos credibilidad moral o ética, medios de comunicación como la COPE, la Razón, o el ABC, que El País? ¿Dónde está la superioridad ideológica de Canal Plus sobre Antena 3? ¿Los periodistas y escritores de izquierda que están en El Mundo o en otros medios dejan de ser de izquierdas porque no están en El País o no apoyan al PSOE, e incluso no les importa compartir espacio con los liberales del centro-derecha?

Si creer en la libertad, en la solidaridad, defender la ética, ser tolerantes, impulsar el progreso social, todo ello se considera de izquierdas, entonces el resultado final siempre será el mismo. La mayoría es de centro-izquierda, porque ¿quién dice al encuestador que no está a favor de todos esos valores -y de muchos más en la misma línea, si además los comparten?

Pero eso es admitir la propaganda sectaria del propio socialismo: “El socialismo es portador de los valores universales de solidaridad en mucha mayor medida que la derecha” (OUALALOU, 1997) “Hay que profundizar en los valores y principios que nos son propios, como la solidaridad, la igualdad de oportunidades en la educación, la justicia social”, afirmó Felipe González en su intervención Globalización e identidad cultural en la Comisión de Progreso Global de la Internacional Socialista.

Pero si se admite que una persona del centro-derecha y con valores liberales hace tanto por los demás como cualquiera, siente y padece como los demás, y está tan comprometida con su entorno social y con el mundo como los demás, entonces el recuento hay que hacerlo de otra manera. Es tradicional que la izquierda quiera atribuirse todos los mejores valores. Es un mito falso. Ha tratado de hacerlo siempre apoyándose en grandes maquinarias propagandísticas. Aunque la realidad también siempre ha sido la contraria. Históricamente ha llegado a cautivar a millones de personas vendiéndoles la promesa de “un hombre nuevo”, mientras en realidad desarrollaba las tiranías más sangrientas. Algunos de quienes mejor describen esta realidad son precisamente los que han compartido esa experiencia vital de la izquierda, y la cuentan en sus libros y artículos. Lo que resulta más difícil de comprender es por qué las personas que no son de izquierdas en España tienen que renunciar a considerar esos valores como propios. ¿O es que no defiende la paz igualmente una persona que no es de izquierdas? ¿Por qué algunos dirigentes y líderes del centro-derecha tienen que aparentar ser de izquierdas para defender esos valores, como hemos visto que ocurre con frecuencia? ¿Se atreven los socialistas españoles a decir que sus socios ingleses, polacos o checos en la Internacional Socialista son belicistas y no creen en la paz, porque han enviado tropas a Irak como hizo el gobierno de Aznar? ¿Se es más pacifista enviando tropas a Afganistán u ordenando los bombardeos de los Balcanes, que ayudando a liberar Irak y a que su población construya un régimen democrático?

Poner fin al plus de legitimidad de la izquierda

“¿Por qué agradecemos y reconocemos la figura de Ronald Reagan?”, se preguntaba recientemente el veterano sindicalista polaco, Lech Walesa. “Porque le debemos la libertad”, contestaba acto seguido con sinceridad y rotundidad el que llegó a ser presidente de su país, y además le concedieron el premio Nobel de la Paz (WALESA, 2004). Nadie de la izquierda le puede dar lecciones a Walesa y a un ejército de compañeros que protagonizaron el movimiento polaco Solidaridad frente al totalitarismo comunista del caído imperio soviético. Porque todos ellos lucharon por la libertad durante muchos años en su actividad diaria, jugándose su propia vida.

La lógica de la libertad y de la democracia sólo es una: luchar por ella, ejercerla. Un conservador como era Reagan la defendió a capa y espada, dentro y fuera de su país (entre otras cosas por eso fue elegido por dos veces presidente de los Estados Unidos, y en su muerte hasta sus enemigos más frontales -como fue el caso del líder soviético Mijail Gorvachov- le han rendido tributo personal). No importa que Walesa sea un sindicalista de base, la historia los ha unido, porque defendían un mismo sistema en el que es posible enfrentarse y discrepar en libertad.

No, la izquierda no tiene un plus de legitimidad ideológica ni democrática sobre el centro-derecha, aunque esta leyenda le ha dado buenos frutos. Ese plus de legitimidad ha permitido a los socialistas ir con Estados Unidos a la guerra de Irak cuando gobernaba en 1991, y estar en contra del gobierno popular que hizo lo mismo en el 2003. De igual forma le permitió estar contra la entrada de España en la OTAN cuando gobernó UCD, y a favor de la Alianza cuando destruyó al partido centrista y alcanzó el gobierno. En todas las posiciones buscó y obtuvo rentabilidad partidista, política y electoral.

Javier Solana, destacado protagonista de las campañas socialistas contra la OTAN y que luego llegó a ser Secretario General de la propia Alianza Atlántica, lo explica muy bien. Justifica así su oposición de entonces a la decisión del gobierno de UCD de entrar en la OTAN, y su posterior cambio: “No queríamos una operación de entrada en las estructuras de la OTAN por la puerta de atrás” (IGLESIAS, 2003, 217).

Aquel gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, que había conseguido el apoyo de la mayoría parlamentaria para entrar en la OTAN, no tenía legitimidad para hacerlo, en opinión de los socialistas. La decisión adoptada democráticamente por una mayoría parlamentaria que no es la suya, supone en la mentalidad socialista “entrar por la puerta de atrás”.Admitir todo esto no sólo es humillante para los millones de personas que tienen un sentimiento noble y respetuoso de la pluralidad de ideas y de las reglas democráticas. Es además injusto, y desestabilizador para el propio sistema, porque se da paso a los agravios en todos los órdenes. Políticos, entre autonomías, sociales y económicos, raciales, de sexo. Se apuesta, una vez más en la historia de España, por el dogmatismo y la radicalización.

La vigencia de un proyecto liberal

El modelo de democracia radical que está queriendo imponer la izquierda en España, con el apoyo de los nacionalistas, garantiza además un choque frontal con las tendencias globales de las que depende el crecimiento y desarrollo de las próximas décadas. Porque es un modelo segregacionista en lugar de integrador. Su hegemonía está basada en la desintegración para tratar de conseguir un control sobre todo ideológico y con carácter indefinido (divide los sexos por cuotas, a la sociedad en clases, a la nación en una federación de estados asimétricos ). Es un viejo modelo de orientación totalitaria para enfrentarse a una realidad futurista que tiene otras leyes.

Una de las más importantes de estas leyes es la de la diversidad, que invalida cualquier teoría totalitaria y de control hegemónico. La diversidad se ha convertido en uno de los mensajes presentes en el centro de nuestro pensamiento y de nuestra actividad diaria, porque esa es la configuración de nuestro entorno.

Esa es la realidad global. Diversidad de las ideas, razas, actividades, en los sistemas de vida, en una realidad planetaria. Esa diversidad (infinita) hace que la realidad tenga vida propia, y que los procesos de cambio vayan de forma irreversible en una dirección y no en otra. “La tecnología es una fuerza liberalizadora de nuestra vida, y será la principal arma del siglo XXI”, escribe el físico Freeman Dyson (2004)

Si el proyecto liberal iniciado por el Partido Popular con el liderazgo de Aznar, ha demostrado su valor potencial de futuro, es entre otras cosas porque su dinámica está asociada a las tendencias que dominan los cambios en la globalización. Un modelo reformista y disciplinado permite hacer de la flexibilidad y el rigor los mejores instrumentos para convertir los cambios -tan veloces y profundos- en un proceso virtuoso. Los resultados positivos de ese modelo ya han sido demostrados, en comparación a otros deficitarios como el socialista alemán y el estatista francés.

Todo depende de una decisión

El desafío al que se enfrenta el Partido Popular y la sociedad que se rige por unas ideas y valores liberales y democráticos, es el de cambiar el curso de los acontecimientos emprendidos por la izquierda en España. Y no hay cambio posible, aunque el centro-derecha tenga el poder, si continúa admitiéndose la hegemonía ideológica de la izquierda. Lo que significa poner en marcha un proyecto renovado y movilizador, sin escatimar recursos ni medios, sean estos materiales, intelectuales, estratégicos y mediáticos. Sabiendo que en este cambio lo que está en juego es lo más básico en la vida de las personas. La libertad, su seguridad, el bienestar, y la capacidad de competir y progresar.

Es un desafío al que desde perspectivas diferentes se enfrentan la mayor parte de las sociedades y de las fuerzas políticas en otros países. Las fuerzas totalitarias han reaccionado, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, en contra de la globalización. Porque se sienten desplazados y vencidos ideológicamente. He escrito en mi último libro que la globalización representa un nuevo sistema de pensamiento (SARASQUETA, 2004). La sociedad del conocimiento depende del conocimiento y, no de los viejos dogmas ideológicos predicados por sus elites. ¿Por qué el éxito del proyecto socialista de una democracia radical depende de que no se haga explícito? Porque la mayoría de la sociedad lo rechazaría.

En democracia la mayoría es siempre moderada. Los proyectos radicales no consiguen victorias electorales. Por eso, quienes los quieren imponer, tienen que esconderlos a la opinión pública. Ocultándolos y/o confundiendo. Son minorías que se necesitan unas a otras, y que como consecuencia, en su propia dinámica se disputan la radicalidad. Ninguno de los partidos que participan en este proyecto radical cuentan con el apoyo social para gobernar por sÍ mismos. Ni en las autonomías del País Vasco y Cataluña, ni en el parlamento español. Ni los nacionalistas, ni los partidos de izquierda.

El factor crítico que determina una evolución u otra de las cosas no está en cambiar la Constitución ni el modelo democrático y de Estado al que ha dado lugar, sino en no hacerlo depender de las ideologías que lo repelen. Y sí, por el contrario, potenciar el constitucionalismo y el proyecto liberal de España. Es decir, cambiar el actual centro de gravedad ideológico, que sigue estando en la izquierda.

De lo contrario el centro-derecha estaría aceptando la imposición de la hegemonía ideológica de la izquierda. Como ha cambiado la doctrina estratégica e ideológica de la izquierda, de la Internacional Socialista y del PSOE, los españoles tienen que someterse a un nuevo régimen político y renunciar a todo lo que han conseguido. El efecto sería desmovilizador para la sociedad, precisamente cuando es urgente movilizar a todos los sectores del centro-derecha para hablar alto y claro de su propio proyecto. Con razón y en libertad. Porque lo que está verdaderamente en juego es la democracia en sí.

La fuerza del mensaje: hacer realidad lo que es real

La fuerza del mensaje es la fuerza de la realidad. Sea esta auténtica o engañosa, las personas percibimos una realidad. La fuerza de la realidad la confirman tanto los que la defienden en su nitidez y objetividad, como los que tratan de desvirtuarla o modificarla para presentar una realidad falsa e interesada. Las cosas y los sistemas -o las relaciones- comienzan a estar en peligro cuando empieza a desfigurarse su realidad, y por tanto lo que representa la misma. No hay diferentes tipos de democracia, hay una, la que combatió contra el nazismo y contra el comunismo. Con frecuencia se recuerda a Winston Churchill por sus citas, pero no tanto por su gran batalla dentro del propio Partido Conservador, tratando de demostrar lo que era evidente, real: que seguir el juego al régimen de Hitler suponía ser cómplices del nuevo totalitarismo nazi.

El pensamiento liberal y el totalitario se distinguen muy claramente por sus formas opuestas de utilizar la realidad como sujeto político, moral, y científico. El liberalismo parte de una realidad existente, objetiva y veraz. El hecho de que cada persona veamos la realidad de distinta manera no quiere decir que ésta sea distinta, sino que la interpretamos de manera diferente. Por eso las personas cuando comprobamos los efectos derivados de la realidad, solemos decir que la realidad se impone . Porque es un valor objetivo. Nadie impone la realidad. Sólo los fanáticos y los totalitarios creen que lo pueden hacer. Es la realidad la que se impone.

Sin embargo, quienes actúan con una mentalidad totalitaria hacen lo contrario. Para que todos observen la misma realidad, ésta tiene que ser impuesta. No es la realidad la que se impone. Después de firmar un pacto para impedir que gobierne el PP, lo que objetivamente convierte el hecho en una realidad que revela la actitud antidemocrática de los partidos que lo han firmado, estos dicen -sin rubor- que han sido los populares los que han deteriorado la democracia.

El pensamiento liberal trata de influir en la realidad, sabiendo que ésta es el resultado de influencias infinitas. Cuanto más positivas sean esas influencias, mejores serán sus efectos globales, para el conjunto. De ello se deriva la evolución del progreso. Liberalizando y reformando el sistema, la política popular ha creado cinco millones de puestos de trabajo y ha aplicado el déficit cero en las cuentas del Estado, y eso ha contribuido al bienestar y la seguridad general.

Mientras que la izquierda ha acuñado el término de transformar la realidad porque pretende imponer su realidad. De ahí se deriva su afán intervencionista en todo. En tener más poder que los padres en la educación, en imponer cuotas de reparto de sexos en la actividad pública y laboral, en hacer de las subvenciones una fuente de dependencia clientelar del poder. El resultado de su modelo durante casi 14 años de gobierno no pudo ser más desolador en pérdidas de empleo, crisis social, y en la corrupción del propio sistema.

En una realidad global, la mayor parte de lo que influye en nuestras vidas (en las de todos) es externo. Lo que no quiere decir que sea ajeno. El azar como variable que influye en nuestras vidas es uno de los factores que más pesa en la ciencia moderna. El efecto mariposa se ha popularizado a escala mundial y en todas las culturas porque ilustra muy bien la influencia del azar en cualquier aspecto de la vida cotidiana. Tanto en la percepción de su teoría genuina (un cambio sensible en las condiciones iniciales puede terminar en una gran tormenta) como en la más popular (todo afecta a todo). Por eso, las políticas e ideologías que pretenden imponer su propia realidad tienen que utilizar métodos coercitivos y la fuerza para tratar de conseguirlo. La mayor parte de los conflictos políticos se derivan de ello.

Divulgar la realidad es hoy el arma más poderosa del pensamiento liberal y de las fuerzas políticas y sociales que comparten los valores del centro-derecha. Hacer realidad lo que es real, es un principio científico cargado de fuerza política. Porque en la sociedad de la información y del conocimiento, ganar la batalla de las ideas pasa por divulgar las ideas y combatir las del adversario. Compararlas y hacer de ellas razón. Y sin ganar la batalla de las ideas no se gana el poder. Se puede llegar a ganar ocasionalmente el gobierno, pero no el poder. En 1996 el PSOE perdió el gobierno pero no el poder, que todavía se le sigue atribuyendo a la hegemonía ideológica de la izquierda en España.

Hacer ver la realidad no impide que otros disfracen la realidad, pero es más difícil que engañen. Para ganar la batalla de las ideas, primero hay que darla.

Los españoles tienen que saberlo e interiorizarlo, lo que está en juego no son cuestiones de segundo orden de carácter territorial o social, como quieren hacer ver de forma táctica y engañosamente, socialistas y nacionalistas. Los ciudadanos tienen que percibirlo como algo real, su propia realidad: la izquierda en el poder tiene un proyecto para sustituir progresivamente la democracia liberal y el Estado constitucional por el nuevo modelo hegemónico de socialismo radical. Y desde la ruptura constitucional, hasta la política exterior, todo forma parte de ese proyecto ideológico. Lo cual es posible, precisamente, porque la izquierda no ha dejado de tener un plus de legitimidad en España.

Bibliografía

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WALESA, L. (2004): en The Wall Street Journal , 11 de junio de 2004

NOTAS

  • [ 1 ] El diario El País del 15 de Marzo de 2002, destacó en el centro de su primera página la foto de la manifestación con el siguiente titular: 100.000 personas claman contra el “eje ultraliberal” de Aznar, Blair, y Berlusconi.
  • [ 2 ] Presentado como un alegato y bajo el título González: Por qué no debe ganar el PP , el ex presidente socialista Felipe González afirmó en el diario El País el 6 de Marzo de 2004, en vísperas electorales: “Si las elecciones avalan su política (del PP), nos llevará con esas luces rojas encendidas a una situación muy seria”
  • [ 3 ] En The Rigtht Nation , John Micklethwait y Adrian Wooldridge (2004), historian y analizan el crecimiento del movimiento conservador en la sociedad y la política norteamericana, y el cambio del centro de gravedad ideológico en esa dirección.

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