a) El tema de los valores de la democracia ha constituido, entre nosotros, una asignatura largamente pendiente. Es cierto que hay valores en la Constitución de 1978, pero no lo es menos que la asimilación y práctica de valores ni se pueden limitar a lo que formula nuestra Ley de leyes, ni es a través de un texto legal, de la naturaleza que fuere, como se lleva a cabo la educación en valores.
b) Por una variedad de razones (actual separación entre Iglesia y Estado, desaparición del nacionalcatolicismo, etc.), el papel de la religión católica en la creación de valores y conductas ha disminuido muy notablemente. Ha cambiado la sociedad, ahora menos practicante, pero también ha cambiado nuestra Iglesia, aunque no sea en lo que no puede ser: es decir, sustitución del valor de la fe por la extensión de lo democrático.
c) Siendo la familia una instancia primaria y fundamental en este proceso de creación de valores, no creo equivocarme si afirmo que en la España actual esa importancia disminuye un tanto y hasta queda subordinada a la que, a mi entender, es hoy agencia del mayor interés: el grupo de juego. Se tenderá a vivir (hacer, vestir, hablar, etc.) como el resto de los compañeros de colegio, barrio o actividad. Repito: a veces incluso contra lo que los padres digan o quieran. Este carácter "imitativo" de nuestra actual juventud es lo que explica, como ejemplos, la práctica de hacerse tatuajes o la lamentable imagen del "uso del botellón".
d) Cuando el maestro Sartori habla de agencia predominante la denomina "vídeopoder". Con esta afirmación coincidimos plenamente. En nuestros días, los programas y anuncios de televisión constituyen el mayor número de disvalores que todos padecemos y que, por supuesto, en la adolescencia y juventud cala con fuerza. Encender la televisión suele suponer ver violencia, erotismo, tiros, anuncios para comprar, etc. ¿No es esto hoy muy superior a lo que se oye en homilías o explicaciones?
e) La sociedad española actual es una sociedad carente de algo fundamental en una democracia: la cultura cívica. En cuyo seno hay que insertar todo lo demás (autoridad, respeto al Estado, etc.). Como consecuencia, lo que padecemos es una sociedad mediocre. Y de lo mediocre no es posible esperar nada más que mediocridades (no aprecio por la lectura, desconocimiento de la música clásica, distancia del buen teatro, carencia de formas, etc.). Y claro está: no únicamente en la juventud.Monopolizar en ésta lo que es común a casi toda la sociedad nos parece un craso error.
f ) El partido político, en principio concebido como instancia que, de igual forma, estuvo pensada para también formar políticamente, es hoy en nuestro país precisamente todo lo contrario: lugar de codazos, engaños, amiguismo, lealtades para obtener poder. Tanto más cuanto, como igualmente hemos señalado en no pocas ocasiones, lo que hoy vivimos es una clara situación de partitocracia de la que no puede salir valor alguno.
g) Como consecuencia de la discutida globalización, el ámbito de los valores en nuestro país bien puede limitarse a esta fórmula, propia, por lo demás, del más inmisericorde capitalismo: "compre-use-vuelva a comprar". Feroz máquina que todo lo invade y frente a la cual nuestra actual democracia no ha hecho absolutamente nada. Entonces, la consecuencia es lógica. Si todo vale, si todo es intercambio de intereses, si todo se reduce al toma y daca, si todo el que critica está también dispuesto a hacer aquello que denuncia y si "todos son iguales", ¿qué puede esperarse de la juventud? Mientras no se produzca un proceso de regeneración total, en el que Estado y Sociedad pongan el máximo esfuerzo, ¿qué autoridad cabe imponer? Naturalmente, esto que propongo no se solventa con la existencia o no de tarima, ni con la triste aprobación de una Ley de Memoria Histórica, contraria a cuanto hizo posible una antaño alabada Transición y a un importante mensaje regio que a todos llamaba para la nueva empresa y que, en orden a cumplir con su función moderadora estimo que también ahora sería de suma validez.
PALABRAS CLAVE
Democracia•España•Constitución Española
RESUMEN
La vigencia de un régimen político se asienta en la legitimación que los ciudadanos dan a sus valores y esta última depende de la socialización política. En una sociedad plural y democrática como la española, la permanencia y estabilidad de sus valores las determinan las propias instituciones democráticas y el grado de aceptación y compromiso adquirido libre y responsablemente por los ciudadanos en su defensa. Manuel Ramírez desarrolla en este texto las repercusiones que la crisis de valores o su ausencia tiene hoy en la democracia española.
ABSTRACT
The validity of a political regime lies on the legitimacy that citizens place on values. In turn, these depend on political socialisation. In a plural and democratic society such as the Spanish one, the permanence and stability of its values are determined by its own democratic institutions and by the degree of acceptance and commitment freely and responsibly acquired by the citizens in their defence.Manuel Ramírez analyses in this article the impact of the crisis of values or their absence on Spanish democracy today.