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Cuadernos de Pensamiento Político 25 Cuadernos de Pensamiento Político

Democracia y crisis de valores: el caso de España

por Manuel Ramírez Jiménez
Cuadernos de Pensamiento Político nº 25, Enero / Marzo 2010

Número de páginas: 5
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a) Asimilación del ingrediente de relatividad que toda política democrática conlleva. La consideración de que la verdad política absoluta no existe y de que por ello en la democracia caben y son positivas las verdades políticas relativas. Con unos valores últimos sobre los que la democracia descansa y con un acuerdo básico y respetado sobre los procedimientos para llegar a ellos. Si pudiéramos partir del absolutamente cierto criterio sobre lo mejor, carecería de sentido someterlo a votación. Como nadie posee la verdad política absoluta, todos deben entrar en el juego de intentar configurar una verdad legitimada por la suma de pareceres coincidentes.
b) Creación de ciudadanos libres, capaces de optar. Fomentando la capacidad crítica y de selección. Ciudadanos capaces de formar su propia personalidad en tanto que hombres libres. La educación en la libertad resulta por ello un presupuesto básico.
c) Valoración de la existencia de una sociedad pluralista. Un pluralismo, de no importa qué índole, resultado de la diversidad de pareceres que puede tener su origen en la misma naturaleza humana. Aceptación de la diversidad como valor no sólo asumible, sino también enriquecedor.
d) Comprensión de la democracia como valor y aun como utopía, en el sentido tantas veces apuntado entre nosotros por Aranguren. Democracia que va más allá de la política, que es forma de vida, que impregna el conjunto de la sociedad. Ideal democrático que seguramente nunca se realice en su plenitud, pero que puede ir creciendo en extensión y profundidad.
e) Presupuesto de un talante democrático, de una personalidad democrática como opuesta a la personalidad autoritaria tantas veces analizada. No se nace demócrata, se hace uno demócrata. Los valores democráticos no caen del cielo, sino que están vinculados a las agencias e instituciones en las que cada miembro de la sociedad va adquiriendo conciencia de cuáles son los comportamientos que un pensar democrático requiere. Personalidad democrática que se suele caracterizar por la comprensión y el diálogo, por la condena de las segregaciones, por el aprecio a la verdad y a la ciencia como fuente del progreso, por la apertura mental hacia formas de pensar y vivir extrañas al grupo propio, por respeto a las opiniones ajenas, por creencia en la solución pacífica de los problemas. Personalidad para la que las cosas no son siempre claramente blancas o claramente negras. Para la que el diálogo sustituye al monólogo. Para la que los discrepantes no son enemigos y todo el mundo tiene el derecho a equivocarse sin que nadie posea el de exterminar el error.
f ) Fomento de las virtudes públicas, que han de prevalecer sobre las privadas, según señalara hace algún tiempo Dahrendorf analizando el caso de Alemania. La responsabilidad por y ante lo público, el caminar juntos: valores de una sociedad que tiende a evitar el peso del carácter particular y privado de los individuos en las relaciones sociales y que busca un cuadro en el que dichas relaciones tengan carácter contractual. Dahrendorf nos recuerda cómo la "creencia en el hombre común, corriente", supone siempre "la confianza en lo que es común a todos los hombres, es decir, en los hombres como portadores de roles sociales, en las virtudes públicas comunes a los hombres, que pierden su eficacia allí donde se desprecia desde un principio a todo rol, a toda virtud pública como falsedad e hipocresía".
g) Acaso como corolario de todo lo anterior, asimilación del valor positivo del conflicto. No sólo inevitable, sino positivo. La sociedad democrática lleva consigo el conflicto (como la autoritaria su represión) y perdurará tanto más en la democracia cuanto más sepa vivir con él dentro, asumiéndolo y regulándolo. El conflicto esmotor de cambio, cumple papel primordial en el desarrollo del todo. Estaríamos ante la necesaria paradoja de un sistema que se funda en el consensus y sabe avanzar con y por el conflicto.
h) Estimulación de la participación y de su utilidad. Participación en lo público, en lo colectivo, que ha de ser visto como lo propio. Porque es asunto de todos que a todos afecta. Y porque es empresa que se hace con el parecer de cada uno, sin la previa definición carismática. Ser actor y no mero espectador. Participando a través de multitud de formas, incluida la del ejercicio crítico de seguir recordando lo mejor, de anunciar lo que ya se aleja de la democracia, siendo centinela de gobernantes y acicate de gobernados.
i) Conciencia de la responsabilidad y ejercicio de control. Ambos conceptos caminan estrechamente unidos en un contexto de democracia. Se responde ante quienes han delegado y sobre aquello en que consistía la delegación. Y quienes delegan, a su vez, deben asumir como valor el del control de sus representantes. Se introduce así el sano temor a equivocarse y la no menos sana posibilidad de obligar a la rectificación o de retirar el mandato. Lejos del dogmatismo y lejos de la arbitrariedad.
IV. CONCLUSIONES PARA EL MOMENTO
Dando por esbozado el conjunto de consideraciones a tener en cuenta a la hora de abordar la amplia problemática de la educación política en un régimen democrático, nos gustaría cerrar estas páginas con algunas conclusiones aplicables a nuestro país. Y precisamente por ello, porque están ceñidas al actual momento de la vida española, es por lo que usamos la complicada denominación que usamos. Estamos en una sociedad fuertemente cambiante que, durante todo el siglo XIX y el siglo XX, llegando a nuestros días, bien puede ser llamada como propia de un país de vaivenes, de bandazos. En varias ocasiones he usado la expresión de "historia de ocasiones perdidas", teoría de la ausencia de un consenso básico inicial desde el que partir y caminar tanto en lo político como en lo social (puede verse mi último libro España al desnudo, publicado recientemente por la editorial Encuentro). Por contra, historia que siempre ha querido partir de cero y con nula capacidad para asumir el inmediato pasado. En fechas cercanas a estas líneas estimo que se ha hecho más evidente esta afirmación.
Si así se admite, resultaría no poco osado hablar de "conclusiones definitivas". En cada uno de esos momentos o etapas, no sólo ha cambiado el giro dado a la socialización política, sino, de igual forma, la presencia e importancia de las agencias o instancias que han servido para llevarla a cabo y los valores que han predominado. Por traer a colación un único ejemplo, no se puede comparar la importancia que la religión ha desempeñado al efecto cuando no existía o, por el contrario, cuando existe la televisión. Por ello, lo que sigue queda limitado a lo que vemos y vivimos en el exacto momento en que estos párrafos se redactan.
Y así entendido el alcance, diríamos:
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