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Cuadernos de Pensamiento Político 24 Cuadernos de Pensamiento Político

EL MARXISMO Y LAS DESVENTURAS DE LA BONDAD EXTREMA

por Mauricio Rojas
Cuadernos de Pensamiento Político nº 24, Octubre / Diciembre 2009

Número de páginas: 3
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"Lo más perturbador del éxito del totalitarismo es el altruismo genuino de sus partidarios"
Hannah Arend 
Muchas veces me han preguntado por qué dejé de ser marxista e igual cantidad de veces he dado respuestas bastante convencionales y evasivas, entendiendo que no todo se puede reducir a una cuantas frases y que la complejidad del asunto difícilmente se presta para ser tratada en el marco de una entrevista periodística o de una simple conversación. Ahora bien, la respuesta que he evitado dar es muy corta, pero requiere de una larga explicación: "me asusté de mí mismo".
EL MAL ABSOLUTO COMO CARICATURA DEL MARXISMO
Para las personas amantes de la libertad, así como para todos aquellos que algo saben de las desventuras del totalitarismo, no deja de ser chocante ver cómo se endiosa a una figura como la de Ernesto Guevara, tal como se pudo constatar a propósito de la conmemoración del cuarenta aniversario de su muerte. Ello muestra que hay una gran fuerza de atracción en su imagen de mártir moderno y encarnación del hombre más admirable que se pueda imaginar, aquel dispuesto a entregar generosamente la propia vida por una causa idealista.
Frente a esta idealización, que quiere elevar a Guevara a las alturas de un Mesías moderno, vemos un esfuerzo por parte de sectores liberales por crear una especie de anti-imagen del guerrillero argentino-cubano, donde se le reduce a aquella "efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar" de la que el mismo Guevara hablase en su famoso Mensaje a la Tricontinental de 1967. Se trata de crear la imagen de una especie de anticristo, del mal absoluto encarnado en un hombre, para contraponerla a la de este nuevo Cristo popular.
El problema que yo veo en este intento es que termina combatiendo una caricatura con otra caricatura, quedándose en una lucha de imágenes que puede convencer a los ya convencidos, pero cuyo efecto sobre quienes se sienten atraídos por una figura como la de Guevara es mínimo. Y lo mismo pasa con el marxismo en general.
La visión de Che Guevara como encarnación del mal absoluto coincide con la apreciación de muchos críticos del marxismo, que sugieren que la fuerza de atracción de esta doctrina reside en su capacidad de concitar una serie de sentimientos o rasgos negativos: envidia, destructividad, resentimiento, deseo de dominar a otros o de venganza, sadismo, etc. Por ello, serían personalidades caracterizadas por esos rasgos las que se sentirían atraídas por el marxismo, formando su núcleo activo. El marxismo sería así una ideología que concita los instintos más bajos o, simplemente, la maldad humana, para darle rienda suelta bajo la forma de un movimiento donde estas personalidades atávicas se refuerzan mutuamente.
No niego que haya una buena parte de todo esto en la fuerza de atracción tanto del marxismo como de otros movimientos políticos extremos, y que una parte de los elementos que se congregan en torno a esa ideología adolezcan de rasgos atávicos de personalidad. Aun así pienso que se trata de una forma de aproximarse a este tipo de fenómenos que es fundamentalmente errada, ya que si bien capta una parte de los mismos deja de ver lo que para mí es la verdadera fuerza motora que les da a las ideologías mesiánicas su tremenda capacidad de atraer a aquellos sin los cuáles estos movimientos no llegarían muy lejos, a saber, a los altruistas e idealistas o, para decirlo cortamente, a los buenos, a aquellos que se van a entregar a la causa de la revolución con la devoción de un santo, poniendo de una manera ejemplar todas sus fuerzas e inteligencia al servicio de "la causa", una causa que para ellos representa la bondad absoluta personificada. En fin, se trata de seres que están muy lejos de ser basuras humanas y que se hacen marxistas para hacer el bien pero que terminan -si tienen la oportunidad- haciendo un mal espantoso. Esta es para mí la paradoja que hay que explicar y hacerlo es más difícil que trabajar con la hipótesis simplona de la maldad tanto de las ideas marxistas como de quienes las propagan.
LAS DESVENTURAS DE LA BONDAD EXTREMA
El hecho de tratar de entender al marxismo desde esta perspectiva tiene una explicación tanto personal como intelectual. La personal es que he conocido demasiada gente buena, respetable, culta e inteligente que ha puesto su vida al servicio de las ideas marxistas como para ignorarlas o creer que son raras excepciones. La intelectual es que leyendo las obras claves del marxismo, particularmente de Marx, no veo en ellas un llamado a lo más bajo del ser humano sino, por el contrario, a lo más sublime.
Esta última constatación me llevó a una larga investigación, emprendida hace yamás de veinticinco años, sobre las fuentes del marxismo, entendiendo que su tremenda fuerza era inexplicable si su visión del mundo y sus propuestas no se hiciesen eco de vetas profundas de nuestra civilización cristiano-occidental. Esa investigación terminó siendo mi tesis doctoral, que bajo el título en latín de Renovatio Mundi defendí en 1986 en la llamada Casa del Rey de la hermosa ciudad universitaria de Lund, situada al sur de Suecia.
Mis conclusiones fueron que el marxismo es una especie de secularización modernizada del pensamiento mesiánico que atraviesa, creando grandes tensiones y conflictos, muchas veces sangrientos, toda la historia del cristianismo. Se trata de la idea del retorno inminente del Mesías y la pronta instauración de un paraíso en la tierra, un reino milenario de armonía y felicidad que definitivamente superaría la condición precaria de la vida tal como la hemos conocido hasta ahora, recreando al mismo ser humano, que sería así convertido en un hombre nuevo -el famoso homo bonus de las huestes medievales de Dolcino- destinado a poblar un mundo depurado del mal y plenamente renovado (de allí el título de mi tesis, Renovatio Mundi). Este reino celestial en la tierra duraría, según la profecía bíblica, mil años y de allí viene el nombre de milenarismo, con el que comúnmente se denomina a estas corrientes mesiánicas.
Propio del mesianismo milenarista es la creencia no sólo en la cercanía de un paraíso terrenal, sino en la intervención de un grupo iluminado que juega un papel protagónico en la conflagración final que, según el arquetipo del Apocalipsis bíblico, precedería a la recreación del mundo y del hombre. Se trata de esa revolución, para decirlo en términos profanos, que conducida por una vanguardia iluminada abre paso al fin de la historia con el cual se instaura una sociedad sin clases ni envidias donde todos pueden realizar lo que son y nadie sufre carencias materiales. Se trata, en suma, del comunismo de la utopía marxista que viene así a restaurar, después de un largo peregrinar por el "valle de lágrimas" de las sociedades de clase, aquella prístina armonía del paraíso original o "comunismo primitivo", según la terminología del marxismo.
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