Es más, quien quiera que conozca mínimamente a George W. Bush tendría enormes dudas en afirmar que un segundo mandato estaría regido en menor medida por sus principios, que sus primeros cuatro años. El mero análisis de lo que ha sido su primera administración pondría en duda esa creencia sin base. Además es un argumento absolutamente contradictorio de la izquierda, incluida la española. Por un lado se remacha sistemáticamente que la agenda de Bush no viene dada por el 11-S sino que arranca mucho antes y responde a una vasta conspiración de la extrema derecha americana, a medio caballo entre el sionismo (aunque la mayoría de judíos americanos simpaticen o voten a los demócratas) y los cristianos evangelistas. Si así fuera, ¿por qué habría de cambiar Bush en su segundo mandato? Y cuando los males que se denuncian en la política exterior del actual presidente norteamericano se achacan a una sobrerreacción a los atentados terroristas del 11-S, ¿por qué se piensa que, en plena guerra contra el terror, George W. Bush II va a ser distinto del George W. Bush I? No tiene el menor sentido, más allá de querer imaginarse un futuro mejor en las relaciones con la Casa Blanca y los Estados Unidos.
Hay dos cuestiones que, al contrario, llevan a pensar que la agenda de Bush II se mantendría relativamente igual, en su forma y en su fondo: la primera, que la guerra contra el terrorismo está lejos de acabarse -algo que entienden perfectamente bien las autoridades americanas- y que eso exige de su máximo responsable una atención especial a la protección de sus ciudadanos. Bush II no cejará en la derrota del terrorismo global no porque no quiera -que no quiere-, sino porque no puede como presidente de la nación americana; la segunda, que su idea de fortalecer la seguridad internacional a través de una agenda de expansión de la libertad y la democracia tampoco puede ser abandonada. Al contrario. Por ejemplo, ningún gurú electoral en su sano juicio le hubiera dejado al presidente americano lanzar la Iniciativa para el Gran oriente Medio en pleno año electoral. Demasiados riesgos y pocos beneficios en el corto plazo. Pero el presidente se ha empeñado en ello porque la considera la única salida a la crisis del Islam y, en consecuencia, a la crisis de nuestra seguridad provocada por el terrorismo islámico. Y que se sepa, no le han sabido ofrecer otra idea alternativa mejor. De ahí que se supone que Bush se mantendrá en la agenda.
En fin, si Zapatero o su equipo de verdad creen que se van a entender mejor con un George W. Bush II que con Bush padre, bien puede ser que se equivoquen de todas a todas. La forma y el fondo de la retirada española de Irak, tal y como la ha manejado el actual gobierno socialista, ha dejado una profunda huella en los responsables americanos y no se va a borrar en unos pocos meses. Se lo dijo Condoleezza Rice a Moratinos -y se lo repitió casi textualmente el senador demócrata Biden: "lo que ustedes han hecho traerá graves y largas consecuencias".
Errores, errores, errores
¿Qué pasará si Bush no pierde, si un Kerry vencedor no cambia sustancialmente la actual política exterior o si un segundo Bush es tan radical y revolucionario como el primero? Nada bueno para los cálculos del actual gobierno español, quien tendrá que enfrentarse a un escenario no deseado. Para los acérrimos izquierdistas, la mano negra de Washington intentará castigarnos por todas las formas posibles, desde el cierre de factorías de empresas americanas en nuestro suelo a la incitación a Mar ruecos para que nos invada Ceuta y Melilla impunemente. Pero eso, como siempre, es desconocer cómo funciona una sociedad abierta y liberal, algo que la izquierda es incapaz de hacer por definición.
El verdadero peligro ya lo estamos sufriendo y es pasar de ser un aliado fiable y responsable a dejar de estar presentes y ocupar posiciones marginales en la esfera internacional. El problema no va a ser el castigo, sino la indiferencia. Zapatero ya lo dijo y lo sigue repitiendo, su principal, si no único, objetivo era sacar a España de la foto de las Azores. Debería haber escuchado más a Alfonso Guerra y su famoso "quien se mueve no sale en la foto". Porque quien no sale en la foto es invisible. Invisible para lo bueno, porque para lo malo seguro que los demás saben cómo encontrarnos.
Bibliografía
Daalder, Ivo H.; Lindsay, James M. (2003): America Unbound. The Bush Revolution in Foreign Policy . Brookings, Washington.
Kessler, Glenn (2004): "Kerry Says Security Comes First ". Washington Post . May 30,
* Rafael L. Bardají es en la actualidad director de estudios internacionales en FAES y Florentino Portero secretario general del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).