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Bush-Kerry: un sólo tablero en política internacional

por Rafael L. Bardají y Florentino Portero
Cuadernos de Pensamiento Político nº 3, junio 2004

Número de páginas: 4
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Aunque sea un síntoma de inmadurez, puede explicarse que un partido que no creía factible llegar al poder basase su política de oposición y su estrategia electoral en declaraciones y acciones que reflejaban un profundo antiamericanismo. Resulta mucho más difícil dar cuenta lógica de que ese mismo partido, ya instalado en el poder, continúe actuando con la misma irresponsable alegría en un tema, como son las relaciones bilaterales España-Estados Unidos, de tan capital importancia para nuestro país. José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno del PSOE siguen manteniendo la misma retórica antiamericana que antes de hacerse con La Moncloa. No han ajustado ni un ápice sus declaraciones sobre lo que consideran una guerra ilegal, injusta y que no ha merecido la pena, como Irak, sobre el Presidente George W. Bush, al que ven como un cowboy aventurero y peligroso, y sobre la derecha norteamericana en general, a la que ven como la fuente de todos los males del mundo.
La única explicación posible por la que el nuevo Gobierno socialista no ha hecho el menor gesto de atenuar su antiamericanismo tras su toma de posesión es porque Zapatero y su equipo creen que pueden permitirse el lujo de distanciarse de la Administración Bush al pensar que después de las elecciones presidenciales de noviembre van a cambiar las cosas, en Estados Unidos y hacia España. De hecho, tres son los supuestos teóricos con los que juegan los líderes socialistas: el primero, que Bush va a perder las elecciones y, por tanto, no será reelegido; el segundo, que un Kerry vencedor llevará a cabo una política exterior distinta a la de Bush; y, tercero, que aunque ganase Bush, su segundo mandato sería más acomodaticio que el primero, tal y como pasó con Reagan. Puede muy bien que Zapatero se equivoque en los tres.
1.- El riesgo de creer que Bush está condenado a perder las elecciones
Cuatro días antes de las elecciones del 14 de marzo que le dieron la victoria al partido socialista, Rodríguez Zapatero declaraba solemnemente al periódico británico The Guardian , "creo que Kerry va a ganar. De hecho, quiero que Kerry gane". Puede que Zapatero estuviese confundiendo sus deseos con la realidad, porque a fecha de hoy, y con todos los datos en la mano, sólo puede afirmarse con rotundidad dos cosas: que la sociedad norteamericana sigue tan polarizada como en el 2000; y que el resultado final de las elecciones presidenciales de noviembre está lejos de poder discernirse a través de los sondeos actuales. Podría argumentarse otro par de cuestiones, que los sondeos del mes de mayo no sólo están muy alejados de la cita electoral como para resultar fiables y que, además, reflejan muy mal el sentimiento real de los votantes, particularmente de aquellos estados donde la confrontación política es más decisiva porque cuentan con una mayoría de indecisos. Pero eso es otra historia.
Con los sondeos últimos encima de la mesa, la única conclusión posible es que Bush ha caído en su índice de aceptación, pero que esa bajada no se refleja en un aumento del apoyo al senador demócrata, John F. Kerry, quien también pierde, sorprendentemente, en elementos clave ante el electorado. Vayamos por partes.
Bush . El índice de aprobación medio no ha dejado de disminuir según los siete grandes sondeos hechos públicos en el pasado mes de mayo [ 1 ] , quedando por primera vez durante todo su mandato por debajo del 50 por ciento de apoyo a su acción. No obstante, hay que decir que el apoyo a Bush era excepcionalmente alto desde septiembre de 2001 y, aunque nos cueste creerlo, desde la guerra con Irak el año pasado. Antes del 11-S su aceptación se mantuvo relativamente estable en torno al 53 por ciento y, muy significativamente, en los meses de marzo y abril, la aceptación del presidente también ha sido relativamente estable, sin que se note -y esto es lo significativo-, un impacto de la situación en Irak, aunque tampoco lo haga la mejora de la situación económica y, sobre todo, de la creación de empleo. La tendencia de voto parecería estar cristalizada entre los encuestados.
Los expertos electorales del equipo de Bush piensan que pueden gestionar la situación en Irak para que no les resulte gravosa en términos electorales. Puede parecer llamativo, pero, por ejemplo, un tema tan sonoro en los medios europeos y españoles, como ha sido el de las torturas y maltratos a prisioneros iraquíes por soldados americanos, para los estadounidenses apenas tiene una incidencia en sus reflexiones electorales. Una mayoría de ellos piensa que las cadenas de televisión americanas le han dedicado un tiempo excesivo en sus programas y, en general, están dispuestos a admitir más complacientemente que los europeos un cierto grado de coacción para extraer información a los terroristas, sin caer, eso sí, en el abuso físico. Por otra parte, casi el 60 por ciento de los encuestados están convencidos de que las torturas son el producto de unos pocos soldados y algo más creen que se hará justicia a los culpables.
Con todo, la tendencia en las encuestas apunta a una valoración crítica de la gestión americana en Irak, pues aunque se sigue apoyando la intervención, también crecen quienes dicen que no merece la pena a la luz de los resultados obtenidos y la situación de inseguridad para los iraquíes y las tropas de la coalición. A pesar de ello, el equipo electoral de Bush está convencido de que una vez puesta en marcha la transferencia de soberanía a partir del 30 de junio y sustituida la cara de Paul Bremer por el nuevo rostro de un iraquí, la dinámica cambiará y la aprobación de la gestión de Bush se invertirá de nuevo. También están convencidos de que a medida que se acerque la fecha electoral el argumento que prevalecerá para la aprobación o el rechazo de los candidatos será el de la Seguridad Interior y la lucha contra el terrorismo. En un escenario donde la economía comienza a crear empleos (más de 300 mil nuevos puestos de trabajo al mes en los últimos dos meses), pueden que lleven razón. En contra de lo que muchos europeos creen, los norteamericanos no están preocupados con el número de bajas que sufren en Irak. Esto es, no es el factor determinante de su aprobación de la ocupación. Sí están preocupados -y esto es lo relevante- con tener una visión clara de victoria. Lo que la sociedad americana parece no poder aguantar es sufrir bajas para nada, inútiles. De ahí el esfuerzo de la administración Bush en lanzar las últimas semanas un mensaje más claro sobre la estrategia política y militar en Irak.
Kerry. A pesar de las aparentes desafecciones, aunque sean temporales, del bando de Bush, el senador demócrata candidato a la presidencia no ha sabido o podido beneficiarse directamente de ellas. A la pregunta de a quién preferiría usted como presidente, el equilibrio entre ambos contendientes no se ha visto perturbado a favor de ninguno en los tres últimos meses. Sólo para la encuesta Gallup para el Washington Post de mediados de mayo, por vez primera Kerry se sitúa un punto por encima de Bush en las preferencias de voto.
Y aunque el equipo de Kerry está encantado con ese dato, sin embargo son conscientes de dos hechos de profundo significado: el primero, que aspectos esenciales y determinantes de los candidatos a la hora de atraer a sus votantes no han dejado de empeorar para Kerry. Así, por ejemplo, de marzo a mayo, Kerry ha perdido 23 puntos en la cualidad de "honesto y en quien confiar" (de 29 a 6), 14 como líder fuerte (de 32 a 18); y 15 en "comprender los problemas de la gente" (de 24 a 9), frente a un Bush que prácticamente se mantiene en sus mismos niveles durante el mismo periodo de tiempo y en circunstancias muy adversas, como no sólo es Irak, sino la comisión de investigación del 11-S.
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NOTAS
  • [ 1 ] American Research Group (3 de mayo); Fox News (4-5 de mayo); AP/PISOS (3-5 de mayo); Gallup (2-4 de mayo); NBC/ Wall Street Journal (1-3 de mayo); Pew Research Center (14 de mayo); y Washington Post (17 de mayo).

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